A las cinco y media, cuando todavía no llegaban los cuatro, empezó a mover las mesas. No mucho. Apenas unos centímetros. Lo justo para que la mesa del fondo -la de siempre- quedara más pegada a la pared y con visión directa a la puerta.
El jueves amaneció con esa gentileza rara que tiene febrero cuando decide no vengarse. El calor bajó apenas lo suficiente como para que la ciudad respirara sin rencor. Un recreo breve, como si el verano pidiera disculpas por los días anteriores.
Aldo lo notó antes que nadie.
No por el clima.
Por las caras.
A las cinco y media, cuando todavía no llegaban los cuatro, empezó a mover las mesas. No mucho. Apenas unos centímetros. Lo justo para que la mesa del fondo -la de siempre- quedara más pegada a la pared y con visión directa a la puerta.
Hernán, que secaba vasos con una lentitud casi estratégica, lo miró de costado.
-¿Mudanza o paranoia? -preguntó.
-Geometría -dijo Aldo-. Hoy hay gente rara dando vueltas.
No dio más explicaciones. No hacía falta. En una cafetería de barrio, Aldo distinguía al cliente habitual del curioso, al vecino del emisario, al distraído del que estaba tomando nota.
A las siete en punto entró el magistrado, Gastón. Traje liviano, corbata apenas floja, el gesto adusto que no abandonaba ni en días frescos.
Miró el salón, la disposición y miró a Aldo.
-Reordenaste -dijo, sin saludar.
-Ventilación cruzada -respondió Aldo, secando una cucharita que ya estaba seca.
El magistrado no insistió, está acostumbrado a no hacerlo. Es secretario de un juez que no va nunca y él hace todo el trabajo. Se sentó de espaldas a la pared. Desde ahí veía todo. O eso creía.
El grandote llegó después, ocupando espacio físico y simbólico. Camisa arremangada y teléfono en vibración permanente, como corresponde a todo buen lobista. Aunque él asegure que solo es "Asesor Legislativo".
-Qué lindo día, carajo -dijo-. Así sí dan ganas de conspirar.
-Acá no se conspira -aclaró Hernán, dejando un cortado en jarrito y un café con leche con una medialuna sin que nadie los hubiera pedido todavía.
-Claro que no -dijo el grandote-. Acá se conversa.
El flaco entró tercero. Venía más serio que de costumbre. Se acomodó sin hablar. Miró también la puerta. Y la vereda. Siempre rápido de movimientos. Como hizo cada vez que cambió de partido, con una sola constante: los dedos en v corta.
-¿Lo viste? -preguntó en voz baja.
-¿A quién? -respondió el magistrado.
-Al de la moto gris. Hace rato que está ahí. No toma café. No fuma. No habla por teléfono. Mira.
El grandote soltó una risa corta.
-Mirá que te estás poniendo paranoico. Eso era patrimonio exclusivo de él.
Nadie pronunció el nombre. Como si invocarlo alterara la presión atmosférica. Todos saben su nombre, pero nadie lo dice en voz alta. Es el innombrable y anda en la rosca fuerte.
Precisamente, el innombrable llegó último.
Saludó, se sentó y apoyó el celular boca abajo. Miró a Aldo. Miró la puerta. Miró la moto gris a través del vidrio.
-Cambiaste las mesas -dijo.
-Hoy corre aire -respondió Aldo desde la caja.
El innombrable apoyó los codos sobre la mesa.
En el televisor, sin volumen, el zócalo seguía repitiendo la frase "Reforma laboral" como si fuera una metáfora nacional.
El flaco hizo un gesto leve con la cabeza, señalando la pantalla.
-Siguen debatiendo la "flexibilización" -dijo.
El magistrado tomó un sorbo lento.
-Reforma-señaló.
El grandote miró el celular. Lo giró. Lo volvió a apoyar.
El innombrable sonrió apenas.
Aldo apagó la máquina de vapor. El ruido cesó de golpe. El silencio quedó más nítido que antes.
Hernán sirvió el otro cortado en jarrito y el café chico bien cargado que faltaban.
Y por primera vez en mucho tiempo, los cuatro miraron exactamente hacia el mismo lugar: el televisor.
El grandote chasqueó la lengua y repasó señalando a cada uno de sus amigos.
-Reforma para vos. Flexibilización para vos y Modernización para vos y ellos.
-Es lo mismo -respondió el magistrado-. Cambia el envoltorio, no el contenido.
El innombrable escuchaba cada palabra como si estuviera tomando nota mental.
Hernán pasó cerca con una bandeja vacía.
-Hoy siguen todos hablando de eso -comentó sin detenerse-. Hasta el proveedor de medialunas tiene opinión.
-Y bueno -dijo el flaco-. Si tocan el laburo, tocan el nervio.
El magistrado apoyó los antebrazos sobre la mesa.
-No es tan lineal. Hay cosas que están viejas. Juicios laborales eternos, cargas imposibles para pymes, indemnizaciones que espantan inversión. Algo hay que hacer.
El flaco lo miró con ese gesto que usaba cuando iba a desmontar un argumento pieza por pieza.
-Una cosa es actualizar. Otra cosa es quitar derechos y garantías.
-Depende a qué llames garantía -replicó Gastón-. Hay derechos que se volvieron privilegios.
Y de los que no trabajan.
Silencio breve
El grandote intervino, conciliador en apariencia.
-Lo que el Gobierno vende como modernización no es reforma. Lo que la oposición denuncia como flexibilización no es pérdida de derechos. La verdad está en la calle.
El innombrable, por fin, habló.
-La verdad está en quién gana tiempo.
Todos lo miraron.
-¿Tiempo para qué? -preguntó Gastón.
-Para que el mercado se convenza de que esto va en serio.
En la televisión mostraban imágenes de la noche anterior: legisladores aplaudiendo, otros levantando carteles. El video graph insistía: media sanción.
-Esto recién empieza -dijo el flaco-. En Diputados se va a poner más áspero.
-Siempre se pone más áspero cuando se acerca a los territorios -murmuró el magistrado.
Afuera, la moto gris seguía en el mismo lugar.
Pero ahora el tipo estaba apoyado contra el asiento, hablando por teléfono.
El grandote lo notó.
-No es periodista -dijo.
-¿Y cómo sabés? -preguntó el flaco.
-Porque no mira el celular. Mira para acá.
El innombrable no giró la cabeza.
-No vino por la reforma -dijo en voz baja-. La reforma es la cortina.
El aire amable de febrero seguía entrando por la ventana, pero la mesa del fondo empezaba a cargarse de electricidad.
-¿Cortina de qué? -preguntó el magistrado.
El innombrable levantó la vista.
-Cuando un Gobierno acelera una ley estructural en verano, es porque necesita que en el invierno se hable de otra cosa.
El flaco negó con la cabeza.
-Estás viendo fantasmas.
-No -respondió él-. Estoy viendo calendario.
Aldo, desde la barra, cruzó miradas con Hernán. Ese intercambio mudo que solo entienden los que escuchan más de lo que preguntan.
En la televisión mostraban placas con términos como "flexibilización", "blanqueo laboral", "fondo de cese", "acuerdos individuales".
Palabras y frases técnicas.
Pero en la mesa sabían que lo técnico es lo que más ruido hace cuando toca la vida cotidiana.
El magistrado apoyó la taza vacía.
-Si esto prospera, cambia la lógica de los conflictos. Cambia la negociación. Cambia el poder.
-Ese es el punto -dijo el grandote.
El flaco respiró hondo.
-El punto es si el país aguanta como está.
La frase quedó flotando.
Afuera, el de la moto gris cortó la llamada, guardó el teléfono y esta vez sí caminó hacia la puerta. La campanita sonó suave y se quedó parado junto a la puerta, como quien entra, pero no termina de entrar. Pidió un cortado. Se sentó en una mesa lateral, lo suficientemente cerca como para oír, lo suficientemente lejos como para simular distancia.
El grandote bajó la voz.
-Hablando de calendario. el 22.
El flaco asintió.
-Municipales.
-El oficialismo provincial está fuerte en todos los concejos -dijo el magistrado- Incluso, en el único del Gran Mendoza que no es de su palo.
Silencio.
No hacía falta decir el nombre. En política, los nombres pesan más cuando no se pronuncian.
-Según las encuestas que le acercaron esta semana -continuó el flaco- están empatando.El magistrado levantó una ceja.
-¿Empatando?
-Empatando.
El grandote negó con la cabeza.
-Están muy preocupados en esa comuna. Ellos creían que arrasaban.
-Ese era el plan -dijo el flaco-. Mostrar músculo. Ratificar que ese territorio es inexpugnable. El último bastión.
El innombrable apoyó los dedos sobre la mesa.
-Ningún territorio es eterno.
-Si empatan -dijo el magistrado- el relato se resquebraja.
-Y al perder bancas -agregó el grandote- empieza la discusión interna.
El flaco se pasó la mano por la frente.
-No es una elección más. Es la vidriera del 2027.
-Ese intendente es el candidato más potable que tiene la oposición para gobernador -dijo el magistrado con tono clínico-. El único que mide fuera de su departamento.
-Por eso preocupa -respondió el flaco-. Porque si el oficialismo provincial logra empatarle en su casa. el mensaje es devastador.
-El oficialismo provincial no necesita ganarle -dijo en voz baja-. Le alcanza con demostrar que puede hacerle ruido.
El grandote sonrió.
-En política, el ruido es peor que la derrota. La derrota se explica. El ruido se multiplica.
El flaco bajó el tono.
-Lo que más les inquieta no es el empate. Es que las encuestas muestran crecimiento del oficialismo o liberalismo en barrios donde antes no entraba.
-Penetración territorial -dijo el magistrado.
-Cambio de clima -corrigió el grandote.
El innombrable negó levemente.
-Percepción de poder.
-¿Y si gana el intendente? -preguntó el magistrado.
-Entonces respirará -respondió el grandote-. Pero no será la paliza que esperaba. Y eso, internamente, también se paga.
-Lo peor que le puede pasar a un pre candidato del 2027 -dijo el innombrable- es parecer vulnerable en 2026.
El de la moto gris terminó el café, pagó y no pidió ticket ni vuelto. Antes de salir, miró directamente hacia la mesa del fondo. No disimuló.
La campanita volvió a sonar.
-Si resultado sale parejo -dijo el grandote- el 2027 empieza mañana.
-Ya empezó -corrigió el magistrado.
El flaco suspiró.
-Cornejo ya empezó.
No hacía falta decir a quién se refieren. En esa mesa, los cargos son más claros que los nombres.
-Está bajando recursos -continuó el flaco-. Y exposición medida de su alfil.
El grandote sonrió.
-Alfil.
El innombrable asintió apenas.
-No es el más carismático -dijo el magistrado.
-Por eso mismo -respondió el grandote-. Es moldeable. Uno de sus ministros. Hombre de despacho prolijo. Voz moderada. Acusado de tibio por los halcones del propio espacio.
-Desde adentro dicen que no transmite épica -agregó el flaco.
El innombrable cruzó los dedos.
-El mandamás quiere previsibilidad. Un candidato que no lo opaque. Que le deba todo.
-¿Y también está Luisito Top Gun?
-Dicen que el año que viene va a mostrar el apoyo del presidente que tiene-comentó el grandote - por eso su hermana está armando a contrarreloj.
El magistrado entrecerró los ojos.
-Eso depende de qué le convenga al presidente.
El innombrable tomó la palabra con tono más firme.
-La cosa es así muchachos: hay dos teorías. La primera: que el presidente quiere un gobernador propio. Alguien alineado, leal, sin matices.
-Lógico -dijo el flaco.
-La segunda -continuó el innombrable- es que todos eso no le interesa en absoluto.
El silencio fue más denso.
Si me preguntan, va por el propio y ahora calla.
El magistrado apoyó la espalda en la pared.
-Un presidente pragmático?
-Fue aliado circunstancial?
-Exacto -dijo el innombrable-. Y en política, lo circunstancial tiene fecha de vencimiento.
-Entonces -preguntó el magistrado- ¿el presidente va a jugar al final?
El grandote se encogió de hombros.
-Movería el dedo si le conviene. No por afecto. No por pasado.
El innombrable sonrió apenas.
-El 2027 se está escribiendo en cuotas. El alfil no mide El alcalde calcula. Luisito Top Gun espera. Y el presidente. mira el tablero como quien sabe que tiene que esperar.
-Hablando de candidatos . -dijo, levantando la mano, Gastón-¿vieron la nota del diario sobre la propiedad en el Valle de Uco?
El flaco levantó la cabeza de inmediato.
-La del exgobernador.
No era pregunta.
-Demasiado rara para ser casual -reflexionó el magistrado, con los brazos abiertos.
El innombrable no inmutó.
Quieren hacer daño?
-O un mensaje -corrigió el flaco.
Aldo, desde la barra, dejó de secar una taza. No miró hacia la mesa. Pero escuchaba.
-Puede ser periodismo -dijo el magistrado-
El innombrable intervino.
-Nadie publica algo sin calcular el efecto.
El magistrado lo miró fijo.
-¿Decís que fue mandado?
-Digo que puede tener varias capas -respondió él-. Una es periodística. La otra es política. Y la tercera. es preventiva.
-Entonces la hipótesis es clara -dijo Gastón-. Se publica para ponerlo en caja.?
El Grandote levantó un dedo.
-O para recordarle quién tiene el poder.
-O para advertirle que, si va a jugar tiene que pedir permiso.
El innombrable negó lentamente.
-A veces hay que ordenar.
-Alinear -dijo el magistrado.
-O negociar -agregó el flaco.
-O callarse -remató el grandote.
El flaco volvió a la carga.
-Hay otra posibilidad.
-¿Cuál? -preguntó el magistrado.
-Que sea genuinamente periodismo.
-La inocencia periodística es el último romanticismo de esta provincia.
Pero no te dejan explicar.
El innombrable solo lo miró.
Silencio.
Después de discutir encuestas, propiedades y candidatos moldeables, la mesa se alivianó un rato.
Hablaron de farándula y fútbol. De la Lepra y el Lobo en Primera y del debut del Tomba en la B.
Se permitieron veinte minutos de trivialidad.
Después, inevitablemente, volvieron a la política.
Fue Hernán el que lo tiró al pasar y como quien no quiere la cosa.
-¿Y el video?
La mesa se quedó quieta.
El flaco fue directo.
-El del gobernador. Un bar, una mesa alta, una mujer joven, un beso. Y el rumor amplificado: París. Viaje oficial. Escándalo.
El grandote se inclinó hacia adelante.
-La discusión ya no es el beso.
El magistrado asintió.
-Es la autenticidad.
El innombrable habló bajo.
-Y el timing.
El flaco repasó lo que había publicado el gobernador en sus redes: cartas largas, tono institucional, denuncia en la Justicia, acusación de manipulación con inteligencia artificial.
-Niega que haya sido en París -dijo-. Niega que el video sea fiel.
Silencio breve.
-Eso es quirúrgico -murmuró el magistrado-. Desmiente el contexto. No el hecho.
El grandote levantó otro dedo.
-Estrategia clásica: negar lo comprobable es suicida. Negar el encuadre es inteligente.
El innombrable miró la pantalla de su celular.
-Lo más interesante no es el contenido. Es el precedente.
Aldo bajó el volumen que nadie había subido.
-En campañas anteriores ya hubo videos truchos -dijo el flaco-. Pero eran burdos. Se notaba el montaje.
-Esto ya no es tan burdo -respondió el magistrado-. Esto estuvo bien armado.
La palabra quedó flotando.
-La inteligencia artificial ya no es juguete -dijo el grandote-. Es herramienta.
El innombrable apoyó los codos sobre la mesa.
-Y en 2027 va a ser arma.
Silencio más denso.
-Lo que vimos ahora puede ser un ensayo -continuó-. Un testeo. Medir reacción pública, velocidad de viralización, capacidad de daño.
El flaco se pasó la mano por el mentón.
-El problema es que, aunque pruebes que está manipulado. la imagen ya circuló.
-Y la duda queda -agregó el magistrado.
-Antes discutías si algo era cierto -dijo el grandote-. Ahora discutís si el video es real, si el lugar es real, si la persona es real, si el momento es real.
-Y mientras discutís -cerró el innombrable- el impacto ya ocurrió.
La televisión mostraba capturas de redes, influencers, especialistas hablando de "deepfakes" y "verificación digital".
-En Estados Unidos y Europa ya pasó -dijo el magistrado-. Manipulación de voz, de imagen, discursos falsos.
-Pero acá siempre llega más crudo -respondió el flaco-. Menos sofisticado. Más directo.
El grandote negó.
-No subestimes la curva de aprendizaje. Si esto ya está así ahora. imaginá dentro de dos años.
El innombrable miró la puerta, como si esperara que entrara alguien más.
-La próxima campaña no va a ser solo territorial. Va a ser digital. Y emocional.
-Y judicial -agregó el magistrado-. Porque cada video va a terminar en una denuncia.
El flaco se quedó pensando.
-Lo más delicado es que el gobernador eligió no negar todo.
-Porque tal vez no puede -dijo el grandote.
-O porque no le conviene -replicó el innombrable-.
-Antes uno cuidaba lo que hacía -murmuró Aldo, desde la barra-. Ahora tiene que cuidar lo que parece que hace.
-Si la IA escala como parece. en 2027 no vamos a discutir propuestas. -sintetizó Gastón.
-Vamos a discutir versiones -dijo el flaco.
-Y sospechas -agregó el grandote.
El innombrable se levantó por primera vez en toda la noche.
-Vamos a discutir credibilidad. Y el que logre que le crean. va a gobernar.
Afuera, la noche estaba limpia. Sin escándalo.
Pero en la mesa del fondo todos entendieron algo nuevo:
Ya no alcanza con controlar el territorio y controlar la narrativa. Ahora también. la imagen.
El jueves terminó sin abrazos.
Porque, por primera vez, ninguno estaba completamente seguro de que lo que veía. era exactamente lo que estaba pasando.