El director de la red social reconoció las fallas en los sistemas de reclamo por derechos de autor, aunque consideró inviable vetar el material sintético de la plataforma.
La proliferación indiscriminada de contenidos generados por inteligencia artificial (IA) sumó un nuevo foco de conflicto en Instagram, donde artistas plásticos, comediantes y creadores independientes comenzaron a denunciar la clonación sistemática de sus obras originales sin su consentimiento. Pese al malestar de la comunidad artística, la red social perteneciente a Meta descartó una prohibición total de estas herramientas y admitió la dificultad técnica para contener las réplicas automatizadas.
El debate escaló luego de que el actor George Brett Olson expusiera públicamente que uno de sus números de comedia fue plagiado escena por escena por una cuenta anónima que utilizó a una modelo virtual creada con IA (identificada como una "AI Hot Girl"), copiando su guion, ambientación y vestuario. A este reclamo se plegó el artista visual Andrew Scott, quien reveló que una reversión sintética no autorizada de una de sus piezas superó las 50 millones de reproducciones y un millón de adhesiones en cuestión de días, absorbiendo todo el alcance que correspondía a la obra auténtica: "No puedo depender de la plataforma por mucho más tiempo antes de que quede completamente saturada de contenido generado por IA", advirtió a través de Threads.
Frente a la visibilidad de los casos, el director ejecutivo de Instagram, Adam Mosseri, intervino en la discusión y argumentó que un bloqueo integral carece de viabilidad operativa: "No es práctico prohibir el contenido generado con IA; cada vez va a ser más difícil de identificar y no todo es mal contenido, aunque sí hay mucho "slop" (material basura de baja calidad)". No obstante, el directivo intentó moderar su postura inicial reconociendo la gravedad de la situación: "Para que quede claro, estoy muy preocupado por esta tendencia. Estamos trabajando activamente para decidir qué hacer; es un problema complicado".
Uno de los mayores escollos radica en los mecanismos de protección vigentes. Mosseri admitió que los canales tradicionales de reclamos por derechos de autor "no son suficientes", dado que disciplinas como la comedia en vivo o la danza raramente cuentan con registros legales formalizados previos a su difusión viral, lo que suele ser aprovechado por cuentas infractoras para adueñarse de las piezas. Según el ejecutivo, la plataforma trabaja en herramientas para priorizar el alcance del autor genuino y blindar el sistema frente a denuncias falsas cruzadas, en un entorno digital donde el volumen de publicaciones sintéticas amenaza con superar al contenido humano.