Tecnología y Ciencia Inteligencia artificial

Anthropic reveló que Claude ya realiza más de una cuarta parte del desarrollo de sus propios modelos

El modelo pasó de nula actividad en febrero a ejecutar el 26% del trabajo de ingeniería de la compañía. Crece la controversia sobre la autonomía de estos algoritmos y los riesgos del progreso técnico sin supervisión.

Viernes, 18 de Setiembre de 2026

En un giro que refleja la aceleración exponencial del sector tecnológico, la compañía Anthropic confirmó que su modelo insignia, Claude, ya ejecuta por su cuenta el 26% de las tareas de investigación y desarrollo necesarias para crear las próximas generaciones de inteligencia artificial de la firma. El salto resulta especialmente llamativo al contrastarse con los registros de febrero pasado, cuando la intervención directa del sistema en labores de programación y diseño técnico era nula.

La difusión de estas métricas coincidió con una semana de fuertes fricciones éticas en la industria tras la renuncia de Jacob Coxon, un exinvestigador vinculado a OpenAI y a la propia Anthropic que encendió las alarmas sobre la automejora recursiva. Este concepto alude al umbral teórico en el cual un algoritmo adquiere la destreza suficiente para programar, optimizar y desplegar nuevas versiones de sí mismo sin requerir el arbitrio de científicos de datos, multiplicando las incertidumbres sobre el control de estos sistemas complejos.

Si bien la desarrolladora precisó que Claude aún no cuenta con autonomía total y opera bajo directivas y supervisión humana permanente, su huella en los procesos internos ya es casi omnipresente: el software interviene de algún modo en el 90% de los flujos de trabajo vinculados al nacimiento de futuros modelos. Para sostener este ecosistema, la empresa moviliza una fuerza de unos 30.000 agentes artificiales abocados a ingeniería y desarrollo, destinando en paralelo cerca del 6% de su poder de cómputo a labores exclusivas de testeo y seguridad algorítmica.

Frente a este escenario, Anthropic instó a sus competidores en la carrera del desarrollo avanzado a transparentar estadísticas comparables sobre el desplazamiento de funciones técnicas hacia herramientas automatizadas. La discusión de fondo ya no gira en torno a la utilidad cotidiana de estas plataformas, sino al grado de monitoreo humano que podrá sostenerse a medida que los propios algoritmos asuman la arquitectura de su evolución.