Ante el escenario de devaluación del dólar, los CEOs tienen dos palancas para demostrar los resultados explosivos que exige el mercado.
Durante años, la narrativa dominante nos vendió una fecha segura: 2030. Ese sería el año en que la inteligencia artificial (IA) alcanzaría la madurez suficiente para impactar el mercado laboral. Nos dijeron que había tiempo para la adaptación y la reeducación. Esa predicción falló.
El 2025 demostró que el calendario se adelantó media década. Ya no estamos hablando de "asistentes" tipo chatbot que ayudan a redactar correos, sino de agentes de IA capaces de razonar, planificar y ejecutar tareas completas con una autonomía antes impensable. El recambio es una realidad operativa actual, visible en los balances corporativos, impulsada por la tecnología y una urgencia monetaria subyacente que obliga a las empresas a correr cada vez más rápido solo para mantenerse en el mismo lugar.
Del pasante al veterano: el salto de los "14 años"
El factor determinante que aceleró este proceso fue un cambio radical en la calidad de los modelos porque, hasta hace poco, la IA era comparable a un pasante universitario. Era rápida, pero propensa a errores y necesitada de supervisión constante.
Los datos de finales de 2025 destruyen esa comparación. Las pruebas de referencia actuales, diseñadas para medir tareas por las que las empresas pagan salarios reales, como ingeniería o análisis financiero, muestran que los modelos de razonamiento ya no compiten con los novatos. Hoy, estos agentes igualan o superan a expertos humanos con un promedio de 14 años de experiencia en el 70% de las tareas evaluadas.
Para un departamento de Recursos Humanos, la ecuación cambió porque no se trata de contratar software para asistir a un junior. Ahora significa la adquisición de capacidad de trabajo equivalente a un nivel Senior, pero con disponibilidad inmediata y sin las limitaciones biológicas humanas. En tareas de ingeniería de software, los modelos líderes ahora completan en 30 minutos, con una fiabilidad del 80%, trabajos que antes requerían intervención humana prolongada.
La aritmética de la sustitución: Walmart y la escala industrial
La adopción corporativa masiva se mueve por matemáticas simples de costos y escala. La brecha de precios entre el trabajo humano y el sintético se volvió imposible de ignorar.
Para trabajos de conocimiento básicos, los agentes de IA son más de 20 veces más baratos que la mano de obra humana. En tareas complejas y especializadas, siguen siendo 3 veces más económicos. Y Walmart reveló datos que ilustran la magnitud del cambio: la IA generativa realizó un volumen de trabajo que, de haber sido ejecutado por humanos, habría requerido 100 veces esa cantidad de personal.
Agencias como Moody"s reportaron reducciones del 20% en recursos de soporte simultáneamente con una mejora en los tiempos de respuesta.
La trampa monetaria: por qué "ganar más" ya no alcanza
Sin embargo, detrás de esta carrera desenfrenada por la eficiencia y el recorte de gastos, existe un motivador macroeconómico más oscuro que la simple avaricia corporativa. Las empresas en el mercado bursátil están obligadas a mostrar crecimiento constante no solo para prosperar, sino para no desaparecer en términos reales.
El problema radica en que el dólar, utilizado como unidad de medida de valor, sufre una erosión constante. No se trata solo de su valor frente a otras monedas fiduciarias, sino de su valor absoluto como reserva de riqueza. Al analizar el índice S&P 500 no en dólares, sino dividido por el valor del oro o de Bitcoin, se observa que el mercado no está en máximos históricos, sino luchando por mantenerse a flote.
Este fenómeno, señalado por economistas como Claudio Zuchovicki, indica que el "piso" sobre el que se paran las empresas se mueve porque el dinero vale menos. Por lo tanto, para que una compañía mantenga su valoración real y su atractivo en la Bolsa debe generar nominalmente muchos más dólares que antes. Están corriendo en una cinta transportadora que acelera en su contra.
2026: recortar es la única vía segura
Ante este escenario de devaluación del denominador, el dólar, los CEOs tienen dos palancas para demostrar los resultados explosivos que exige el mercado. La primera es aumentar ingresos. Esta es la vía difícil, y requiere ganar cuota de mercado en una economía saturada, innovar exitosamente y pelear contra la competencia.
La segunda es la reducción de gastos, la vía que la IA convirtió en una autopista. En 2026, la reducción de costos operativos se transformó en la estrategia dominante. Gracias a los agentes de IA, las empresas mantienen o aumentan su producción mientras diezman sus costos de nómina. Si una compañía sostiene sus ventas pero reduce sus costos operativos en 30% reemplazando áreas de soporte, legal y programación con agentes, sus beneficios netos aumentan drásticamente, compensando la erosión del valor del dinero.
Este es el incentivo perverso del mercado actual porque achicar la estructura humana es la forma más rápida y segura de "crecer" en los balances. La fricción social y el desempleo estructural resultante no son fallos del sistema, sino la consecuencia lógica de utilizar la deflación tecnológica con costos bajando gracias a la IA, para combatir la inflación monetaria de un dólar devaluándose.

En un encuentro organizado por Industria y Comercio, el ministro de Desregulación sostuvo que el principal freno a la competencia en Argentina "no es el mercado, sino el Estado". El proyecto buscará simplificar procesos, reducir barreras de entrada y revisar el esquema de control de fusiones ex ante.