La diabetes daña los nervios y la circulación, e impide que pequeñas lesiones sean detectadas a tiempo
Una pequeña herida, un roce del zapato o una ampolla aparentemente inofensiva pueden convertirse en un grave problema de salud para las personas con diabetes. La causa es el pie diabético, una de las complicaciones más frecuentes asociadas a esta enfermedad, que suele aparecer cuando coinciden dos factores: la pérdida de sensibilidad en los pies y alteraciones en la circulación sanguínea.
El pie diabético se desarrolla como consecuencia de niveles elevados de glucosa mantenidos durante mucho tiempo, que acaban dañando los nervios y los vasos sanguíneos. Cuando esto sucede, muchas personas con diabetes dejan de percibir molestias como el dolor, el frío o el calor en los pies. Al mismo tiempo, la sangre llega con más dificultad a esta zona, lo que ralentiza la cicatrización de las heridas.
La combinación de ambos factores hace que lesiones muy pequeñas pasen desapercibidas y tarden más en curarse. Según especialistas del Hospital Clínic Barcelona, una rozadura provocada por el calzado, una grieta en la piel o una pequeña herida pueden derivar en úlceras crónicas que persisten durante semanas o meses si no reciben tratamiento. En algunos casos, además, pueden aparecer infecciones que compliquen la recuperación.
Uno de los problemas más habituales del pie diabético es la neuropatía diabética, una alteración nerviosa que reduce la sensibilidad en los pies y silencia el "sistema de alarma" natural del cuerpo ante el dolor. La persona puede seguir caminando con una lesión sin ser consciente de ello, lo que facilita que la herida empeore con el paso de los días.
A esto se suma la enfermedad arterial periférica, que reduce el flujo sanguíneo hacia los pies. Con una circulación insuficiente, el organismo tiene más dificultades para regenerar los tejidos y combatir infecciones, por lo que la prevención y el control médico son esenciales.
Los especialistas insisten en la importancia de revisar los pies a diario y prestar atención a cualquier cambio en la piel, por pequeño que parezca. Mantener una buena higiene, secar bien la zona entre los dedos, cortar las uñas con cuidado y utilizar un calzado adecuado son algunas de las medidas recomendadas para reducir el riesgo de lesiones.
También es clave mantener controlados los niveles de glucosa y consultar con el médico ante cualquier herida que no cicatrice correctamente en pocos días. Aunque el pie diabético puede derivar en complicaciones graves, la detección precoz y los cuidados preventivos permiten evitar la mayoría de los casos más graves.