Los Caputo consideran que la posibilidad de un regreso del kirchnerismo al poder continúa generando incertidumbre y limita el impacto positivo
La baja de Javier Milei en las encuestas volvió a abrir una discusión dentro del Gobierno sobre cómo encarar la estrategia electoral de cara a 2027. El diagnóstico que circula en sectores del oficialismo apunta a que parte de la sociedad todavía no percibe en su economía cotidiana las mejoras que la Casa Rosada destaca en las variables macroeconómicas.
En ese contexto, reaparecieron dos posiciones enfrentadas. Por un lado, Luis Caputo y Santiago Caputo impulsan la idea de acelerar los acuerdos con gobernadores para dar señales de mayor estabilidad política, reforzar la confianza de los mercados y mejorar las perspectivas electorales.
Del otro lado, Karina Milei, Eduardo "Lule" Menem y Martín Menem prefieren avanzar con mayor cautela y postergar las principales definiciones para 2027, siguiendo una lógica similar a la utilizada en las elecciones legislativas de 2025.
Los Caputo consideran que la posibilidad de un regreso del kirchnerismo al poder continúa generando incertidumbre y limita el impacto positivo que, según el Gobierno, debería tener el ordenamiento de la economía. Bajo esa mirada, cerrar acuerdos con gobernadores aliados, incluidos dirigentes del peronismo, podría despejar parte de esas dudas y generar un círculo favorable entre política, economía y expectativas electorales.
La discusión no es nueva. Antes de las legislativas de 2025, distintos funcionarios ya habían reclamado una mayor apertura hacia dirigentes provinciales. La derrota libertaria en las elecciones bonaerenses de septiembre de aquel año profundizó esos planteos y coincidió con uno de los momentos de mayor tensión económica para la gestión.
Sin embargo, el posterior triunfo de La Libertad Avanza en las elecciones nacionales fortaleció la posición de Karina Milei y los Menem. La estrategia oficial había priorizado preservar la identidad partidaria, reducir la cantidad de acuerdos y aumentar la representación propia en el Congreso.
Ese antecedente es ahora utilizado por el sector karinista para defender la idea de no apurar las negociaciones. Allí consideran que el oficialismo llega a 2027 en mejores condiciones políticas y parlamentarias que las que tenía un año atrás, por lo que no existiría necesidad de cerrar alianzas de manera inmediata.
Pese a esa postura, dentro del oficialismo también reconocen que habrá situaciones en las que primará el pragmatismo. En aquellas provincias donde la presencia de un candidato libertario pueda dividir el voto y favorecer a una opción kirchnerista, La Libertad Avanza podría desistir de competir directamente.
La estrategia contempla posibles entendimientos con gobernadores del peronismo, el PRO y la UCR. Una de las alternativas en estudio consiste en respaldar a mandatarios aliados a cambio de incorporar dirigentes libertarios en lugares competitivos de las listas nacionales.
La Ciudad de Buenos Aires aparece como uno de los principales escenarios de negociación con el PRO. El acercamiento entre ambos espacios podría derivar en un acuerdo que permita al macrismo mantener el control del distrito y, al mismo tiempo, garantizar una coordinación electoral a nivel nacional.
Dentro de ese escenario también aparece la posibilidad de una nueva candidatura de Jorge Macri en la Ciudad y la expectativa oficialista de evitar que Mauricio Macri compita por la Presidencia y dispute parte del electorado de Milei. De todos modos, las conversaciones todavía están lejos de considerarse cerradas.
Las discusiones electorales, por ahora, no implicarían una flexibilización de la política económica. Dentro del Gobierno descartan medidas expansivas destinadas específicamente a mejorar el humor social antes de los comicios.
La postura de Milei continúa siendo mantener el programa económico sin recurrir a estímulos extraordinarios ni a políticas de gasto con objetivos electorales. Esa posición también es compartida públicamente por Luis Caputo, aunque dentro del oficialismo reconocen que responde principalmente a la decisión del Presidente de no modificar el rumbo.
Así, mientras la Casa Rosada analiza cómo ampliar su base política y contener el riesgo de una derrota en 2027, la discusión interna pasa por definir los tiempos: cerrar acuerdos cuanto antes para reducir la incertidumbre o esperar hasta el año electoral para negociar desde una posición más favorable.