Carolina Moisés, Guillermo Andrada y Sandra Mendoza oficializaron su salida del interbloque peronista, denunciando "falta de apertura" en la conducción. El PJ queda con 25 bancas, su peor número desde 1983, y el oficialismo suma margen para negociar mayorías especiales, aunque dependerá de acuerdos caso por caso.
La bancada peronista del Senado abrió una nueva grieta interna que reordena el tablero de poder en la Cámara alta. Tres senadores -Carolina Moisés (Jujuy), Guillermo Andrada (Catamarca) y Sandra Mendoza (Tucumán)- confirmaron este domingo su ruptura con la conducción del interbloque y anunciaron que conformarán un espacio propio, con críticas directas a la estrategia parlamentaria del núcleo kirchnerista.
El quiebre se da dentro del entramado que integraba Convicción Federal en el interbloque peronista, que venía tensionado desde hace meses por el reclamo de mayor "consenso" y menor "imposición" en la toma de decisiones. La ruptura, además, impacta en la capacidad de bloqueo del peronismo ante votaciones de mayorías especiales: con 25 senadores, el espacio queda en su piso histórico desde el retorno democrático.
En la lectura del oficialismo, la fractura abre la posibilidad de acercarse a la zona de dos tercios (48 votos), umbral necesario para decisiones institucionales sensibles. Sin embargo, incluso los propios protagonistas del quiebre buscaron marcar distancia de la Casa Rosada: en el comunicado de salida subrayaron que "no somos libertarios" y que mantienen una identidad opositora, lo que anticipa que no habrá alineamientos automáticos.
Ese matiz es clave: los nuevos equilibrios no garantizan una "mayoría mecánica" para Javier Milei. La misma cobertura del tema remarca que Moisés, Andrada y Mendoza han votado distinto según el expediente (por ejemplo, con posiciones divergentes entre Presupuesto y reforma laboral), y que el Gobierno seguirá necesitando negociación permanente con bloques provinciales y aliados fluctuantes.
El clima se aceleró tras sanciones internas en el PJ jujeño contra Moisés y el desacuerdo de fondo por la estrategia de comisiones y conducción parlamentaria. En las horas previas a la sesión preparatoria, los tres senadores decidieron formalizar el portazo, dejando dentro del esquema original a otros integrantes que no acompañaron la salida inmediata.
Con el peronismo debilitado y más "ventanillas" para negociar, el Senado entra en una etapa de mayor fragmentación: el Gobierno gana aire relativo, pero la aritmética fina -y la volatilidad de aliados- anticipa que cada votación clave seguirá definiéndose tema por tema.