La adolescente despidió públicamente a Gonzalo Quinteros Olmos y denunció un ataque de encapuchados. Sin embargo, las pericias forenses revelaron que el disparo se ejecutó a corta distancia y testigos la señalaron por manipular el arma.
La investigación por el homicidio de Gonzalo Quinteros Olmos, el joven de 19 años ultimado de un balazo en la cabeza dentro de su vivienda en San Juan, experimentó un vuelco determinante tras la aprehensión de su pareja, una adolescente de 16 años. La chica, que horas antes había compartido desgarradoras cartas de despedida en sus redes sociales clamando por justicia, quedó formalmente sindicada como la presunta autora material de la detonación, desarticulando la versión inicial que aludía a una emboscada ejecutada por una banda de agresores encapuchados.
La coartada del ataque foráneo comenzó a resquebrajarse a partir de los resultados de la autopsia practicada sobre el cuerpo de la víctima: los médicos forenses determinaron que el proyectil ingresó por el maxilar izquierdo con trayectoria descendente y orificio de salida en el lateral derecho del cuello. Las características balísticas del orificio evidenciaron una deflagración a muy corta distancia, incompatible con la hipótesis de disparos efectuados desde el exterior del domicilio por sujetos armados que presuntamente extorsionaban al joven.
Ante la evidencia balística, los pesquisas tomaron nuevas declaraciones testimoniales al círculo íntimo presente en el inmueble, testimonios que apuntaron de forma coincidente a la menor como la persona que empuñaba el arma de fuego al momento del estruendo fatal. Si bien los investigadores judiciales no descartan una mecánica accidental bajo la figura de que el tiro "se le habría escapado", la menor fue trasladada al Centro de Admisión y Derivación de Santa Lucía, donde permanece bajo estricta tutela policial diferenciada a disposición del juez de Menores Jorge Toro, en el que constituye el primer proceso instruido en la provincia bajo el marco del nuevo Régimen Penal Juvenil.