En el marco de su visita al santuario de Lourdes, el sumo pontífice mantuvo un encuentro reservado con siete sobrevivientes de agresiones sexuales. Reclamó a la jerarquía eclesiástica perseverar en la reparación y prevención de los casos.
Durante la etapa más sensible de su visita apostólica a Francia, el papa León XIV mantuvo un encuentro reservado en la ciudad de Lourdes con siete víctimas de agresiones sexuales cometidas por miembros del clero. En una audiencia a puertas cerradas que se extendió por casi dos horas, el pontífice expresó su firme compromiso institucional para impedir que estos episodios vuelvan a repetirse y demandó a la jerarquía eclesiástica sostener una postura de máxima vigilancia frente a lo que definió como un doloroso flagelo que golpea la credibilidad de la Iglesia católica.
La cita en el histórico centro de peregrinación se concretó tras dos jornadas multitudinarias en París y en la antesala de su viaje oficial a la Argentina, programado entre el 8 y el 11 de noviembre. Los testimonios recibidos por el obispo de Roma representaron distintos casos emblemáticos de violencia eclesiástica en suelo galo, incluyendo denuncias vinculadas al abate Pierre y a colegios religiosos tradicionales, en un país donde investigaciones independientes estimaron en 2021 la existencia de más de 330.000 menores abusados desde mediados del siglo pasado.
Pese a los reparos iniciales de algunas organizaciones de sobrevivientes por no haber recibido a los colectivos de forma institucional -un esquema reservado similar al aplicado en su paso por España-, los participantes valoraron positivamente la actitud del pontífice, destacando su genuina disposición de escucha activa y una profunda empatía frente al sufrimiento expuesto durante el diálogo.
Posteriormente, el líder católico encabezó una reunión formal con el episcopado galo, ámbito en el cual instó a los prelados a profundizar el camino de redención, justicia y reparación económica y espiritual asumido tras el reconocimiento del carácter sistémico de las agresiones. Frente a las autoridades eclesiales, León XIV valoró las instancias de investigación autónomas creadas en los últimos años, pero advirtió que la contención de las víctimas debe permanecer como una prioridad pastoral indelegable.
Como gesto conmemorativo previo al plenario con los obispos, el pontífice permaneció en oración solitaria frente a la imagen de la escultura "El niño que llora", emplazada en la sede episcopal francesa para recordar a los menores vulnerados y ratificar la política de tolerancia cero frente a los delitos en el seno de la comunidad religiosa.