Lula lanzó su candidatura a la reelección en una campaña polarizada y con denuncias de injerencia
El presidente fue proclamado candidato del Partido de los Trabajadores para la elección de octubre y enfrentará a Flavio Bolsonaro; el derechista es respaldado por Trump, Milei y Netanyahu
Domingo, 2 de Agosto de 2026
Luiz Inácio Lula da Silva fue confirmado como candidato presidencial del Partido de los Trabajadores, marcando su séptima contienda electoral desde 1989. Enfrentará a Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, en un escenario de polarización interna y fuerte injerencia internacional. La campaña está influenciada por Donald Trump y acusaciones de injerencia extranjera por parte del oficialismo. En la convención del partido en San Pablo, Lula defendió la soberanía brasileña, prometiendo impulsar la industria de defensa, proteger minerales estratégicos y reforzar el papel del Estado en sectores clave. Advirtió que ninguna potencia extranjera manipulará los recursos brasileños sin respetar la soberanía del país. El vicepresidente Geraldo Alckmin, quien repetirá fórmula con Lula, ironizó sobre las críticas de Trump y Milei al sistema electoral brasileño, destacando la fiabilidad del voto electrónico. El PT expresó preocupación por campañas de desinformación extranjeras, similares a las de elecciones anteriores en EE.UU. y Brasil. Las tensiones con Estados Unidos se intensificaron tras aranceles a productos brasileños y la clasificación de organizaciones criminales como terroristas, decisiones que el oficialismo vincula a la visita de Flavio Bolsonaro a Washington. Lula acusó al senador de traición por supuestamente alentar sanciones. La campaña de Bolsonaro cuenta con el respaldo de figuras como Trump, Milei y Netanyahu. A pesar de la confrontación, Lula moderó su tono, afirmando no querer a Trump como enemigo. Internamente, Lula llega fortalecido, con encuestas que muestran una recuperación de su popularidad y un crecimiento económico superior al esperado, además de bajos niveles de desempleo. Sin embargo, el aumento del costo de vida, el deterioro fiscal y la inseguridad preocupan al electorado. La seguridad pública es un punto fuerte para Bolsonaro, quien acusa al gobierno de perder el control ante el crimen organizado. La corrupción también resurgió en el debate: Bolsonaro por una investigación de financiamiento irregular de una película sobre su padre, y el hijo de Lula, "Lulinha", por presunto tráfico de influencias. El propio Lula enfrenta cuestionamientos por su pasado judicial, con una condena previa por corrupción anulada por parcialidad del juez.