La vida de Zhang Kun cambió por completo en cuestión de minutos gracias a una decisión impulsada por la intuición y la empatía.
La vida de Zhang Kun cambió por completo en cuestión de minutos gracias a una decisión impulsada por la intuición y la empatía. Con apenas 19 años, este joven repartidor de comida se convirtió en héroe nacional en China luego de ayudar a rescatar a una mujer que llevaba más de un día atrapada dentro de un departamento.
Todo ocurrió el 12 de agosto en la ciudad de Leshan, ubicada en la provincia china de Sichuan. Zhang se encontraba terminando una jornada habitual de trabajo, realizando entregas en una zona de hoteles y oficinas, cuando algo cayó repentinamente frente a él desde lo alto de un edificio: era una almohada.
Al acercarse, notó que tenía escrito con un líquido rojo oscuro el mensaje "110 625". En un primer momento pensó que podía tratarse de una broma, pero algo le llamó la atención.
"Tenía miedo de que estuviera pasando algo malo", recordó más tarde el joven universitario.
El número "110" correspondía al servicio de emergencias en China. Entonces, Zhang decidió llamar a la policía. Esa rápida reacción terminaría salvando una vida.
Cuando los agentes llegaron al lugar, comenzaron a investigar el significado del otro número: "625". Tras recorrer hoteles y consultar sobre la marca de la almohada, descubrieron que pertenecía a unos departamentos de alquiler temporario ubicados en el piso 25 del edificio número 6.
La policía subió inmediatamente hasta el lugar y comenzó a escuchar golpes provenientes de uno de los departamentos. Ante la sospecha de que alguien estuviera en peligro, los agentes derribaron la puerta.
Del otro lado encontraron a una mujer llamada Zhou, propietaria de los apartamentos, quien llevaba cerca de 30 horas atrapada dentro de una habitación sin comida, sin agua y sin posibilidad de pedir ayuda.
Todo había comenzado el día anterior, cuando una fuerte ráfaga de viento cerró violentamente la puerta de una habitación mientras ella realizaba tareas de limpieza. La cerradura quedó trabada y Zhou no logró salir. Tampoco podía comunicarse: su teléfono celular había quedado en otra parte del departamento.
Durante horas gritó, golpeó las paredes y trató de llamar la atención desde una ventana, pero nadie la escuchó. Exhausta y desesperada, tuvo una idea extrema: escribir un mensaje en una almohada usando su propia sangre.
Para hacerlo, se mordió uno de los dedos hasta sangrar y escribió los números "110 625" antes de arrojar la almohada por la ventana con la esperanza de que alguien entendiera el pedido de auxilio.
La almohada terminó cayendo justo frente a Zhang Kun.
Cuando la policía logró rescatarla, Zhou se encontraba extremadamente débil y pálida. Más tarde, la mujer quiso recompensar económicamente al repartidor, pero él rechazó el dinero.
"Fue solamente un pequeño acto de bondad; cualquiera habría llamado a la policía", aseguró el joven.
La historia se viralizó rápidamente en redes sociales y generó conmoción en toda China. Miles de personas destacaron la rapidez mental y la sensibilidad del repartidor, quien terminó recibiendo reconocimientos públicos y recompensas económicas tanto por parte de la empresa de delivery como de las autoridades locales.
Sin buscarlo, Zhang Kun pasó de ser un estudiante que trabajaba repartiendo comida a convertirse en símbolo de solidaridad y humanidad gracias a una simple decisión: prestar atención cuando todos podrían haber seguido de largo.