Mundo Historia de vida

La historia del chico que volvió de la muerte y decidió sonreír

Conocido como "RoqueStar", estuvo al borde de la muerte en dos oportunidades, pero el valor de la vida lo motiva a diario.

Miercoles, 4 de Marzo de 2026

Roque Iglesias no llegó al mundo en silencio. Llegó luchando.

Con apenas 29 semanas de gestación, en 2008, nació junto a su hermana melliza tras un desprendimiento de placenta que obligó a los médicos a actuar de urgencia. Era prematuro, ciego y con parálisis cerebral. Estuvo clínicamente muerto al nacer y tuvieron que reanimarlo. Cuatro días después enfrentó su primera cirugía: una colostomía que lo obligó a vivir durante un año y medio con una bolsa para hacer sus necesidades.

Desde entonces, su vida fue una sucesión de quirófanos, diagnósticos y pronósticos devastadores. Más de 50 cirugías. Dos encuentros con la muerte. Y una estadística que parecía imposible: al nacer, solo funcionaba el 20 % de su cerebro. El 80 % restante, según los médicos, estaba muerto. "Es una esponja", contó él mismo años después.

Con el tiempo, contra todo cálculo clínico, sus neuronas comenzaron a regenerarse. Hoy su cerebro funciona al 100 %. Un proceso que dejó asombrados a los especialistas que lo siguen como un caso extraordinario.

Pero si algo define a Roque no son los informes médicos. Es su actitud.

En redes sociales se lo conoce como RoqueStar. A los 18 años convirtió su historia en un mensaje de resiliencia. En Instagram y TikTok comparte su día a día con humor, ironía y consejos prácticos para quienes están por operarse: "Número uno: confía en los médicos, ellos saben lo que hacen. Número dos: cuidá la vía periférica del brazo, porque si la perdés te van a tener que volver a pinchar".

Habla desde la experiencia. Durante años convivió con una válvula cerebral que se obstruía constantemente. Cuando eso ocurría, los médicos tenían apenas 45 minutos para intervenir. Recién a los 16 años pudieron retirársela definitivamente. Fue un antes y un después.

La segunda vez que estuvo clínicamente muerto ocurrió durante la operación número 28. Bajo anestesia profunda, relató que "vio todo blanco" y sintió la presencia de sus bisabuelos, a quienes nunca conoció. Describió la sensación como una paz "espectacular". Volvió con una certeza: la vida había que aprovecharla.

Las cicatrices cubren su cabeza, abdomen y piernas. Él no las esconde. Las llama "heridas de guerra" y se siente orgulloso de cada una.

También recuperó la vista. Al nacer, una hemorragia cerebral impedía que la sangre llegara a los nervios ópticos. Tras la insistencia de sus padres, un médico aceptó intentar un tratamiento experimental. La cirugía fue un éxito. Hoy ve perfectamente con el ojo derecho y parcialmente con el izquierdo.

La movilidad fue otra batalla. En la operación número 38 le colocaron un sistema gravitatorio, le levantaron una rótula y giraron los huesos antes de volver a unirlos. Tres meses de rehabilitación intensiva después, se puso de pie por primera vez. Lloró "como nunca antes".

Actualmente necesita andador o asistencia para caminar, pero eso no le impide llevar una vida activa. Entrena en la piscina, baja lentamente las escaleras de su casa y se presenta en medios y conferencias para concientizar sobre la parálisis cerebral.

Un test realizado en su infancia reveló que tiene un coeficiente intelectual de 131, muy por encima del promedio. Sin embargo, él no se aferra a los números. Se aferra a la actitud.

En un podcast con Carlos Roca lo resumió así: "A todos nos pasan cosas buenas y cosas malas, eso es inevitable. La cuestión es cómo te las tomes".

No busca que lo vean como extraordinario. Dice que simplemente le tocó luchar. "Luchar, luchar y luchar". Y hacerlo con una sonrisa.

En cada operación se disfraza. Ha entrado al quirófano como Mario Bros, con gafas amarillas gigantes o con un bigote imposible. Convierte cada intervención en una escena única. Nadie que lo haya atendido lo olvida.

Roque Iglesias, RoqueStar, no es solo un joven que sobrevivió a todos los pronósticos. Es alguien que decidió transformar el dolor en mensaje. Su historia no habla solo de medicina. Habla de carácter. De fe en la ciencia. De perseverancia.

Y, sobre todo, de una convicción simple que repite siempre: ser positivo, siempre.