El equipo económico dosifica estímulos con fondos del FGS y el Banco Nación para apuntalar sectores deprimidos, mientras la desaceleración de precios consolida la pax cambiaria frente a un contexto productivo e internacional complejo.
El Palacio de Hacienda ensaya un delicado equilibrio de gestión al combinar la estricta absorción monetaria para frenar los precios con medidas puntuales de estímulo crediticio orientadas a ramas productivas muy golpeadas. En ese marco, el Índice de Precios al Consumidor de la Ciudad de Buenos Aires marcó un 1,7% en agosto, registrando su nivel más bajo en doce meses y alimentando expectativas privadas de que la medición nacional del INDEC pueda perforar el piso del 1,5%, lo que representaría una marca inédita para los últimos años del ciclo inflacionario.
La urgencia de encender motores oficiales responde a los alarmantes indicadores de la economía real reportados por el organismo estadístico nacional correspondientes a julio, donde la producción manufacturera y la construcción sufrieron caídas mensuales del 5% y 4,6% respectivamente. El parate de la obra pública y el consumo retraído castigaron severamente a rubros clave como despachos de asfalto, grifería, textiles y metalmecánica, profundizando el deterioro de los sectores que concentran mayor demanda de mano de obra intensiva.
Para mitigar este cuadro sin desbordar las metas de emisión, el Gobierno activó una colocación de $200.000 millones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES para fondear líneas hipotecarias destinadas a vivienda única a través de trece entidades bancarias. La iniciativa oficial se complementa con el despliegue del Banco Nación, que habilitó refinanciaciones personales para deudas por vehículos con rebajas de tasas al 29% anual y préstamos automotores orientados a contener la morosidad y reanimar las operaciones de compraventa en concesionarias.
En la plaza financiera doméstica prevaleció una marcada calma cambiaria, con el dólar oficial negociado a $1529,40 y el blue sostenido sin cambios en $1545, manteniendo brechas contenidas respecto a las cotizaciones financieras del MEP y el contado con liquidación. En tanto, el Banco Central concretó compras por 20 millones de dólares en la rueda cambiaria y el riesgo país se mantuvo estable en torno a los 490 puntos básicos, a la espera del menú de títulos que definirá el Ministerio de Economía para la licitación de deuda del viernes.
El respaldo de liquidez externa continuó apuntalado por el sector agroexportador, luego de confirmarse que la liquidación de divisas del campo alcanzó los US$ 2.750 millones durante agosto, consolidando el tercer mejor registro histórico para dicho mes. Este ingreso de agrodólares, sumado a la recuperación de valores internacionales de la soja y el trigo por tensiones bélicas globales, aportó previsibilidad sobre el cumplimiento de los vencimientos de deuda soberana y permitió al índice líder de la Bolsa porteña avanzar 1,4%.
El panorama externo, en contraste, exhibió turbulencias y bajas generalizadas en los principales índices de Wall Street ante la expectativa por la próxima reunión de la Reserva Federal y el impacto de los costos de la energía. Pese a que el barril de crudo y metales estratégicos como el cobre sostuvieron presiones alcistas, el apetito por activos de riesgo en la región encontró contrapeso en el mercado brasileño, donde la apreciación del real y el repunte de la Bolsa de San Pablo siguieron de cerca los movimientos políticos y el rendimiento de las tasas soberanas de largo plazo.