Los préstamos en pesos al consumo volvieron a contraerse un 1,2% en mayo. La falta de reacción convive con un frente crítico: el 12% de las líneas destinadas a los hogares están en situación de impago, un fenómeno potenciado por Costos Financieros Totales (CFT) que superan el 130% y el impacto de las tarifas en el bolsillo.
El crédito al consumo en la Argentina no logra revertir su tendencia contractiva y enciende alarmas en el sistema financiero. Según los últimos datos oficiales del Banco Central (BCRA), los préstamos en pesos destinados a las familias volvieron a caer un 1,2% mensual real durante mayo, encadenando un período de siete meses consecutivos de contracción. En la comparación interanual, la caída real se ubicó en el 1,1%, una señal de parálisis en el financiamiento minorista que no se registraba desde agosto de 2024.
Esta retracción del stock de crédito ocurre en un escenario de creciente vulnerabilidad para los tomadores de servicios financieros. El ratio de irregularidad sigue sin encontrar un techo: el 12% de los préstamos totales a las familias se encuentra en situación de mora, marcando un récord histórico tras acumular 18 meses consecutivos de alzas. En términos nominales, la crisis de cobrabilidad ya afecta a 5,3 millones de personas, lo que equivale al 26,7% del universo total de deudores del sistema.
La persistencia de la mora en máximos de los últimos 23 años encuentra una de sus principales explicaciones en el costo del dinero. Las tasas de los préstamos personales promedian un 70% nominal anual (TNA), lo que se traduce en un Costo Financiero Total (CFT) superior al 130%, una barrera infranqueable para la capacidad de pago de los asalariados.
Durante su intervención en el Congreso Anual del IAEF, Fernando Marengo, Chief Economist en BlackTORO, analizó esta dinámica: "La tasa activa real y el margen financiero de los bancos están en niveles de máximos históricos. Con actividad y consumo en máximos heterogéneos, la causa de la morosidad viene más por el elevado nivel de tasas que están cobrando los bancos por el crédito al sector privado. Son tasas difíciles de pagar aun en un buen contexto macroeconómico".
Por el contrario, el financiamiento corporativo muestra una realidad opuesta. Los préstamos a empresas experimentaron una recuperación del 1% mensual real en mayo, quebrando una racha de tres meses de caídas, y exhiben un avance del 3,3% interanual.
El fenómeno de la irregularidad no se distribuye de manera uniforme y golpea con especial dureza a los Proveedores No Financieros de Crédito (PNFC), un sector que abarca a unas 585 firmas (un 30% más que hace cuatro años) entre las que se destacan las billeteras virtuales, cooperativas, mutuales y cadenas de retail.
A pesar de los niveles de mora, los entornos fintech y los comercios tradicionales siguen siendo un eslabón clave para la inclusión financiera del entramado socioeconómico: de los 12,1 millones de deudores que atienden, 5,2 millones son usuarios exclusivos de este sistema, quedando marginados de la banca tradicional.
Desde la consultora Equilibra señalaron que el estancamiento de los créditos a individuos responde a condiciones de otorgamiento mucho más restrictivas por parte de las entidades, que buscan cubrirse ante el incremento de los niveles de incobrabilidad en una actividad que no termina de consolidar su despegue.
A este panorama técnico se le suma el factor del ingreso disponible en los hogares. Ricardo Delgado, director de la consultora Analytica, aportó una mirada sobre el impacto de la macroeconomía en la economía doméstica: "Los grandes conurbanos muestran que el empleo está cayendo levemente, al igual que los ingresos por el apretón tarifario. Hoy los gastos fijos se llevan aproximadamente el 55% del ingreso promedio, lo que explica, en parte, los altos niveles de morosidad".