Analistas La columna de Antonio Ginart

Presupuesto: el día en que gastar más de lo que entra dejó de ser una opción

Hoy el Senado nacional podría darle luz verde al Presupuesto y no es un dato menor. Es, ni más ni menos, la hoja de ruta de un país que viene de años de desorden, parches y números dibujados.

Viernes, 26 de Diciembre de 2025

Acá estamos, otra vez, hablando del Presupuesto. Ese libro grueso que muchos miran de lejos, pero que en realidad define cómo se vive todos los días. Hoy el Senado nacional podría darle luz verde al Presupuesto y no es un dato menor. Es, ni más ni menos, la hoja de ruta de un país que viene de años de desorden, parches y números dibujados.

Si miramos para atrás, los últimos presupuestos nacionales fueron, siendo generosos, una expresión de deseos. Se votaban con supuestos que nadie creía: inflación baja que nunca fue baja, crecimiento que no llegó y un gasto público que siempre terminaba siendo mucho mayor al prometido. ¿El resultado? Déficit tras déficit. Y cuando el Estado gasta más de lo que tiene, ya sabemos cómo se paga: con emisión, con deuda o con inflación. O con las tres juntas.

Durante años nos vendieron que el déficit no importaba, que era una herramienta, que "después se acomodaba". Bueno, el "después" llegó y lo estamos pagando todos. Sueldos que no alcanzan, jubilaciones golpeadas, pobreza que se volvió estructural. No fue magia ni mala suerte: fue gastar sin respaldo.

Por eso este Presupuesto tiene un punto que el Gobierno repite como un mantra y que hoy está en el centro del debate: el déficit cero es innegociable. Y no es una frase para la tribuna. Es una señal política y económica. Significa que, por primera vez en mucho tiempo, se plantea gastar solo lo que entra. Ni más, ni menos. Como hace cualquier familia, cualquier pyme, cualquier laburante que no puede imprimir billetes en el living de su casa.
Claro que no es fácil. Ajustar duele, ordenar incomoda y decir que no, genera resistencia. Pero también hay que decirlo: seguir como antes era directamente suicida. Los presupuestos del pasado nos trajeron hasta acá. Este, con todos los debates que merece, intenta cortar con esa lógica.

Hoy el Senado tiene una responsabilidad enorme. No se discute solo un número, se discute si Argentina sigue pateando los problemas para adelante o si empieza, de una vez, a hacerse cargo. El déficit cero no es un capricho ideológico: es una condición básica para que el país vuelva a ser previsible. Sin eso, no hay inversión, no hay crédito, no hay futuro.



El Presupuesto no es la solución a todo, pero puede ser el primer paso para dejar de vivir permanentemente al límite. Y eso, después de tantos años de desmanejo, ya sería un cambio enorme.