Tecnología y Ciencia Inteligencia Artificial

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Mythos, la primera IA que pecó de potencia

Martes, 12 de Mayo de 2026
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Lo decisivo es que Mythos puede ser el primer caso visible de una nueva categoría: modelos de frontera, es decir, los más avanzados de su generación, que quizá no se publiquen masivamente porque su costo social potencial supera su valor comercial inmediato. Anthropic dice sin rodeos que "Mythos Preview es solo el comienzo", y su mensaje de fondo es claro: si una Inteligencia Artificial (IA) puede industrializar el hallazgo de vulnerabilidades, la pregunta ya no es solo quién tiene el mejor producto, sino quién controla una capacidad estratégica.

 No es casualidad que reguladores británicos ya estén evaluando sus implicaciones para infraestructura crítica y que la propia Anthropic admita conversaciones con funcionarios del gobierno de Estados Unidos.

Pero ahí aparece la fuerza contraria: la competencia. OpenAI lanzó en febrero un esquema de "acceso confiable para ciberseguridad" para su modelo más capaz en esa área, con verificación de identidad, acceso empresarial y programas por invitación. Traducido: el sector ya está construyendo carriles rápidos para usuarios "de confianza", no frenando la carrera. Y esa carrera es carísima: Reuters reportó que Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft podrían invertir en conjunto unos 650,000 millones de dólares en infraestructura de inteligencia artificial en 2026. Cuando hay tanto capital, tanto prestigio y tanto miedo a quedarse atrás, la tentación de liberar modelos cada vez más poderosos no desaparece; se vuelve estructural.

En el corto plazo, el acceso más avanzado probablemente quedará en manos de grandes proveedores de nube, bancos sistémicos, empresas de infraestructura crítica, laboratorios líderes y equipos verificados de defensa digital. Eso ya está ocurriendo: Project Glasswing reúne a Amazon Web Services, Apple, Cisco, Google, JPMorganChase, Microsoft, NVIDIA y la Linux Foundation, entre otros; además, Anthropic extendió acceso a más de 40 organizaciones adicionales, comprometió hasta 100 millones de dólares en créditos y habilitó uso mediante su interfaz de programación de aplicaciones y plataformas empresariales de Amazon, Google y Microsoft. Quedarán relativamente fuera el público general, la academia independiente, las startups pequeñas y, en la práctica, cualquier actor sin credenciales, músculo financiero o alineación geopolítica suficiente. La nueva brecha no será solo técnica: será también política y contractual.

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