Analistas Por Sergio Prunam

LULA MIENTE III

La prohibición de abandonar Brasil había sido dictada por un juez brasileño. Por lo tanto, era responsabilidad de las autoridades brasileñas hacerla cumplir.


Jueves, 29 de Octubre de 2026

Hay algo que no cierra en la salida de Flávio Bolsonaro de Brasil. Y cuanto más se conocen los detalles, más preguntas aparecen sobre el gobierno de Lula, el Supremo Tribunal Federal y la sorprendente facilidad con la que el principal opositor brasileño terminó llegando a Estados Unidos.

Ahora pretenden responsabilizar a la Argentina por haberlo recibido. Pero la pregunta es exactamente al revés: ¿por qué Brasil permitió que saliera?

Bolsonaro no tenía impedimentos legales registrados para ingresar a nuestro país. Presentó documentación habilitada, contaba con ciudadanía italiana y no registraba una orden de captura internacional que obligara a las autoridades argentinas a detenerlo.

La prohibición de abandonar Brasil había sido dictada por un juez brasileño. Por lo tanto, era responsabilidad de las autoridades brasileñas hacerla cumplir.

¿Desde cuándo la Argentina tiene que hacerse cargo de las decisiones judiciales que Brasil no consigue ejecutar dentro de su propio territorio?

UNA PROHIBICIÓN QUE NADIE HIZO CUMPLIR

El domingo, Flávio Bolsonaro perdió las elecciones frente a Lula.

Esa misma noche, el juez Alexandre de Moraes, del Supremo Tribunal Federal, dispuso que no podía abandonar Brasil y ordenó la entrega de sus pasaportes.

La medida se fundamentó en una investigación judicial por presunto lavado de dinero. Pero la coincidencia temporal entre la derrota electoral y la decisión judicial merece, como mínimo, una explicación pública convincente.

Lo verdaderamente llamativo vino después.

Bolsonaro permaneció en Brasil, se trasladó hacia la frontera, cruzó a la Argentina el martes a las 22.50, abordó un avión privado en Puerto Iguazú y terminó llegando a Miami.

Todo esto mientras las autoridades brasileñas conocían la prohibición judicial y mientras el país entero discutía su posible salida.

No existía una orden de detención contra él ni una vigilancia policial efectiva que impidiera sus movimientos.

Entonces, ¿qué ocurrió?

¿Fallaron los servicios de inteligencia brasileños? ¿Falló la Policía Federal? ¿Nadie advirtió que el candidato derrotado estaba preparando su salida? ¿O simplemente nadie quiso impedirla?

¿A LULA LE CONVENÍA MÁS BOLSONARO AFUERA QUE PRESO?

Esta es la pregunta políticamente más incómoda.

Brasil acaba de atravesar una elección profundamente polarizada. La actuación del Supremo, las investigaciones judiciales contra Bolsonaro y las denuncias cruzadas han generado un enfrentamiento que no desaparece porque Lula haya ganado.

Detener al principal candidato opositor inmediatamente después de perder una elección podía provocar una reacción política de enormes consecuencias.

Un Bolsonaro detenido podía transformarse en el símbolo de una persecución. Un Bolsonaro fuera de Brasil representa un problema político diferente y posiblemente más manejable para Lula.

¿Fue una decisión deliberada dejarlo salir?

No hay pruebas públicas que permitan afirmarlo. Pero tampoco corresponde descartar la pregunta cuando el propio funcionamiento de los controles brasileños deja tantos interrogantes.

Porque si el gobierno de Lula realmente consideraba imprescindible impedir su salida, debería explicar por qué no existió un dispositivo eficaz para cumplir la orden judicial.

Y si no consideraba necesario detenerlo, ¿por qué ahora se pretende presentar su partida como un escándalo internacional?

LA ARGENTINA, EL CHIVO EXPIATORIO PERFECTO

En lugar de explicar lo ocurrido dentro de Brasil, las acusaciones comenzaron a dirigirse contra el gobierno de Javier Milei.

Se presentaron denuncias por presunta colaboración con la salida de Bolsonaro. Pagano rápidamente pidiendo las cámaras???? Esa chica tiene exceso de protagonismo.

Pero una denuncia no constituye una prueba de delito.

La Dirección Nacional de Migraciones argentina confirmó que Bolsonaro ingresó con documentación válida y sin impedimentos legales registrados para hacerlo.

La Argentina no dictó la prohibición de salida. No tenía bajo su custodia a Bolsonaro. No controlaba su residencia en Brasil y tampoco tenía la obligación automática de ejecutar una resolución judicial extranjera sin los instrumentos legales correspondientes.

Lo que resulta inadmisible es convertir una sospecha en condena política mientras se evita responder cómo un ciudadano con prohibición judicial pudo abandonar el territorio brasileño.

¿QUISIERON DETENERLO O EVITAR QUE SE VICTIMIZARA?

Hay una contradicción que Lula y las autoridades brasileñas deberían aclarar.

Si realmente querían impedir que Bolsonaro saliera, el operativo fracasó de manera notable.

Pero si temían que una detención provocara una crisis política y convirtiera al derrotado en víctima, su partida podía resultarles conveniente.

Y aparece una tercera posibilidad: ¿se está intentando presentar al gobierno brasileño y al Supremo como víctimas de una maniobra de Bolsonaro, para evitar que sea él quien capitalice políticamente la situación?

No son afirmaciones judiciales. Son interrogantes políticos perfectamente legítimos.

Porque resulta difícil comprender cómo un Estado capaz de ordenar la cancelación de pasaportes y movilizar investigaciones contra un dirigente no consiguió impedir su desplazamiento hacia una frontera internacional.


LULA DEBE EXPLICAR LO QUE PASÓ EN BRASIL

Lula ganó las elecciones. Eso le otorga legitimidad democrática para gobernar, pero no lo libera de rendir cuentas.

Mucho menos cuando la actuación de la Justicia, la persecución denunciada por sus adversarios y la salida del principal candidato opositor colocan a Brasil frente a un problema institucional delicado.

El descontento que comienza a expresarse en distintos sectores políticos puede profundizarse si las explicaciones oficiales no resultan convincentes.

Y sería un error trasladar a la Argentina las responsabilidades que corresponden al Estado brasileño.

Hay una pregunta que sigue sin respuesta: si Brasil no quería que Bolsonaro saliera, ¿por qué no lo detuvo antes de que cruzara la frontera?

Lula puede acusar a Milei, cuestionar a Bolsonaro y defender al Supremo.

Pero ninguna de esas cosas explica lo ocurrido.

Porque aquí hay dos posibilidades que merecen investigarse: o el Estado brasileño fue incapaz de cumplir una orden de su propia Justicia, o hubo autoridades que consideraron políticamente preferible que Bolsonaro abandonara el país.

La primera sería una demostración preocupante de incompetencia.

La segunda, si alguna vez se comprobara, sería mucho más grave.

Y mientras Lula señala hacia la Argentina, la verdadera explicación sigue estando del otro lado de la frontera.

Brasil no necesita encontrar culpables extranjeros. Necesita explicar qué hicieron sus propias autoridades. Y dejar de descalificar a Bolsonaro por "escaparse".... Antes los ojos del mismo Lula. Todo impresentable, ni siquiera se respeto la inmunidad parlamentaria deL candidato.

Hoy Lula destruyo su triunfo, solo se autodescalifico, el tiempo responderá y la gente, por supuesta.