Analistas Editorial por Sergio Prunam

El cielo y el infierno

La Argentina vive hoy en dos países al mismo tiempo.

Domingo, 27 de Setiembre de 2026

La Argentina vive hoy en dos países al mismo tiempo.

En el cielo, están los números. Hay que decirlo con honestidad intelectual: se tomaron decisiones macro que eran imprescindibles y que nadie se había animado a tomar. Se frenó una hiperinflación que nos llevaba al abismo, se ordenó el déficit fiscal crónico, se sinceró un tipo de cambio mentiroso y se volvió a poner la palabra superávit sobre la mesa después de años de joda con la maquinita. Esa parte es innegable y es el cielo que el gobierno bien puede mostrar.

Pero en el infierno está la gente.

Y en el infierno no se vive de planillas de Excel. Se vive de lo que alcanza para el supermercado, de si podés pagar el alquiler, de si el laburo te rinde o si tenés que tener tres para empatar. Y ahí, la realidad es brutal. La macro se ordenó, pero la micro se rompió. El consumo desplomado, las pymes asfixiadas, los sueldos que corren por atrás de todo, los jubilados eligiendo entre remedios y comida. Es una economía sana en los papeles y enferma en la calle.

¿Por qué pasa eso? Porque al acierto técnico se le sumó el peor pecado político: el poder subido a la cabeza.

La bandera de la anticasta se convirtió en una casta nueva. Más soberbia, más cerrada, más intolerante a la crítica. El que antes denunciaba los privilegios, hoy los ejerce desde un atril con insultos por cadena nacional. Se confunde autoridad con autoritarismo y firmeza con crueldad. Se cree que tener razón en la macro habilita a tener razón en todo y a tratar al que piensa distinto como un enemigo.

Y ahí aparece el déficit más grave de todos: la falta de empatía.

No se puede gobernar un país con hambre explicándole a la gente que sufre que no entiende de economía. No se puede pedir un esfuerzo histórico mientras se exhibe desconexión, chiste fácil y cero autocrítica. La gente bancó un ajuste dolorosísimo porque creyó que valía la pena. Lo que no banca es que le tomen el pelo y que le digan que si no llega a fin de mes es porque no hizo bien los deberes.

Un gobierno puede tener el cielo de los mercados, pero si pierde el cielo de la gente, no tiene nada.

La economía se arregla con números, pero un país se saca adelante con humanidad. Y hoy, al país le sobran planillas y le falta corazón.

Y ahí está el dilema.

Porque enfrente no hay nada. Está lo de siempre: el kirchnerismo-peronismo inútil, corrupto, empobrecedor, que nos dejó en la ruina que hoy hay que arreglar. El que multiplicó pobres por millones mientras se llenaba la boca de los pobres, el de los bolsos, los hoteles, las causas judiciales, el del Estado como aguantadero. Ese modelo ya fracasó y la gente lo sabe, lo padeció y lo votó en contra.

Por eso el dilema es tan angustiante. De un lado, un presente duro pero con cosas que por primera vez en décadas se están haciendo bien. Y del otro, el abismo ya conocido.

Miremos los números muy buenos que nadie puede negar: inflación de 289% anual heredada bajada a niveles de 1,5% mensual, superávit fiscal después de 14 años, riesgo país que pasó de 2500 puntos a menos de 900, reservas que se empiezan a reconstruir, brecha cambiaria casi eliminada. Son logros enormes. Históricos.

La pregunta es: ¿podrá encaminarse Milei?

Sí, puede. Tiene todo para hacerlo. Tiene el rumbo macro y tiene todavía el apoyo de una sociedad que prefiere bancar antes que volver atrás.

Pero tiene que entender una frase que mi abuela decía y que vale más que mil libros de economía: la soberbia mata estúpidos.

Si no baja del pedestal, si no cambia insulto por escucha, si no cambia el tuit a las 2 de la mañana por una recorrida sin cámaras por el conurbano, si no entiende que gobernar no es humillar al otro, se va a llevar puesto el cielo que consiguió.

Ojalá recapaciten. Ojalá el Presidente y su mesa chica entiendan que ser anticasta no es creerse una casta superior.

Porque si no recapacitan, si siguen así, el infierno no va a estar solo en la calle. Va a ser en todo.

Recomendación final:

Vuelva a la fuente, Sr. Presidente. Vuelva al que era, si es que lo era.

No pierda la frescura de esa juventud que fue su principal sostén, la que lo hizo ganar y lo acompañó cuando nadie creía. Esa juventud que no le pidió un cargo, que le pidió una esperanza. Que lo siguió no por un plan platita, sino por una idea. Que bancó la motosierra porque creyó que venía la libertad de verdad.

No se aleje de ellos. No se encierre en un círculo de obsecuentes que le aplauden todo. Escúchelos. Mírelos. Ellos no quieren un Rey, quieren un líder que no los traicione.

Todavía está a tiempo de volver a ser el que fue.