Analistas Editorial por Mateo Coria

El peaje de existir: cómo Mendoza transformó a la PyME y al monotributista en socios minoritarios del Estado

Domingo, 26 de Julio de 2026

Hay un ejercicio pedagógico que pocas veces se hace en la política económica local: mapear la vida fiscal de quien decide abrir un negocio en Mendoza. No de la multinacional vitivinícola que opera con economías de escala, ni de la gran constructora que negocia diferimientos ad hoc. La lupa hay que ponerla en la PyME de diez empleados o en el monotributista que presta un servicio profesional desde su casa.

En el discurso público mendocino prima una narrativa de provincia amigable con el sector privado, institucionalmente previsible y ordenada. Sin embargo, en el microclima de los costos operativos diarios, rige un principio implacable: el impuesto sobre los Ingresos Brutos (IIBB) actúa como un tributo a la sola existencia comercial.

Ese diseño no es un invento reciente. Es la cristalización histórica de una matriz tributaria en la que, desde hace décadas, los sucesivos gobiernos provinciales optaron por la comodidad recaudadora antes que por la competitividad productiva.

La paradoja de los números: una caja que se multiplicó por 29

Los números oficiales de la Administración Tributaria Mendoza (ATM) son contundentes para entender la magnitud de esta maquinaria. En 2020 la provincia recaudó $48.652 millones. Cinco años después, en 2025, la recaudación total llegó a $1,41 billones.

No es un error de tipeo. El Estado provincial multiplicó por 29 veces sus ingresos nominales en apenas cinco años. Y el principal motor fue Ingresos Brutos, cuya recaudación pasó de $36.695 millones en 2020 a $1,107 billones en 2025. La caja pública nunca tuvo semejante volumen de recursos, alimentada directamente por el goteo diario sobre las ventas y la facturación del sector privado.

La anatomía de la asfixia en una PyME

Para entender por qué Ingresos Brutos devora a una pequeña o mediana empresa, hay que mirar su mecánica de funcionamiento. A diferencia del Impuesto a las Ganancias -que tributa sobre el resultado positivo del balance-, IIBB se calcula sobre la facturación bruta. El Estado provincial liquida su alícuota apenas se emite la factura, sin importar si la PyME cobró ese trabajo, si vendió a pérdida o si el margen de ganancia es mínimo.

En la economía real mendocina, las alícuotas generales para el comercio y los servicios oscilan entre el 3,5% y el 4,5%. La trampa de este porcentaje aparente es que no mide el impacto sobre la utilidad, sino sobre los ingresos totales.

Tomemos un caso representativo: si una empresa factura $100.000.000 mensuales y opera con un margen de ganancia neta del 10% ($10.000.000), la aplicación del 4% de Ingresos Brutos sobre la facturación total exige un pago de $4.000.000. La consecuencia real es devastadora: el Estado provincial se termina quedando con el 40% de la ganancia neta del comerciante, incluso antes de que este pueda pagar alquileres, sueldos e impuestos nacionales.

A esta deducción sobre el margen de utilidad se le suma la arquitectura del mecanismo de retenciones automáticas (como el SIRCREB): el fisco provincial percibe adelantos directamente desde las cuentas bancarias o las liquidaciones de tarjetas de crédito. Así, la PyME no solo tributa sobre facturas eventualmente morosas, sino que sufre un goteo diario sobre su capital de trabajo y su liquidez inmediata.

Monotributistas: el costo fijo de intentar trabajar

La distorsión adquiere rasgos aún más marcados en la base de la pirámide productiva: los monotributistas. Bajo el esquema del Monotributo Unificado Mendoza, la provincia integró el cobro de Ingresos Brutos a la cuota mensual del régimen simplificado nacional.

A simple vista, el sistema se presenta como una simplificación administrativa. En la práctica, impone una masa fija obligatoria que opera como un peaje para estar en el sistema. En la escala provincial, las categorías iniciales (como la Categoría A) demandan un componente mensual fijo cercano a los $12.000; las categorías intermedias (como la D o la E) oscilan entre los $37.000 y $52.000 mensuales; mientras que los tramos más altos del escalafón (Categorías H a K) alcanzan rangos que van desde los $118.000 hasta superar los $229.000 por mes en concepto de adelanto fiscal provincial.

Para el profesional independiente, el diseñador, el electricista o el pequeño prestador de servicios, esta suma es exigible sin importar si en el mes tuvo ingresos o no. Si un cuentapropista atraviesa un mes de facturación cero o caída de ventas, el componente provincial de Ingresos Brutos se cobra exactamente igual. El impuesto deja de ser una contribución sobre la actividad y pasa a operar como una tasa de mantenimiento por el derecho a facturar.

La paradoja internacional: castigar al que agrega valor

Cuando se compara este esquema con la legislación fiscal internacional, la excentricidad del sistema local salta a la vista:

 * En Estados Unidos (Retail Sales Tax): Ningún profesional independiente ni PyME tributa un porcentaje sobre su facturación intermedia. El sales tax recae únicamente en la última milla, sobre el consumidor final. Un proveedor de servicios B2B no paga tasa estatal por facturarle a otra empresa.

 * En la Unión Europea y la región: Los tributos al consumo operan bajo el formato de IVA, con sistema de débito y crédito fiscal donde el impuesto oblado en la compra de insumos o servicios se descuenta en la siguiente etapa.

 * El modelo mendocino y argentino: Conviven un IVA nacional con un impuesto a los Ingresos Brutos provincial que grava la facturación bruta en cada etapa de la cadena. Es un esquema que penaliza la subcontratación y premia la concentración vertical.

El consenso del silencio

¿Por qué la dirigencia política provincial -en sus distintas gestiones durante los últimos cuarenta años- evitó reformar estructuralmente este tributo? La respuesta es económica: Ingresos Brutos representa la principal fuente de recursos propios de las arcas provinciales. Su cobro es predecible, automático y difícil de evadir gracias a la bancarización.

Sustituir este esquema por tasas sobre la venta final o impuestos sobre el patrimonio exigiría una discusión técnica profunda y una revisión del gasto público que pocos están dispuestos a liderar. Mientras tanto, el debate local suele dispersarse en excepciones parciales, alivios temporales o parches normativos que dejan intacto el núcleo del problema.

Mendoza enfrenta un desafío de realismo fiscal. La provincia no recuperará dinamismo acumulando declaraciones de intenciones sobre su matriz productiva, sino cuando comprenda que gravar la facturación bruta de cada PyME y monotributista es una forma systematic de penalizar la iniciativa privada.