Francisco Francesch y Leandro Ramírez desarrollaron un protector para prevenir lesiones en los dedos y, pocas semanas después de lanzarlo, fueron convocados por la AFA para adaptarlo a la recuperación de Emiliano Martínez. La historia detrás de un invento que llegó hasta la Selección Argentina.
Lo que comenzó como un proyecto entre amigos en un taller de Mar del Plata terminó llegando al corazón de la Selección Argentina. Francisco Francesch y Leandro Ramírez desarrollaron un innovador protector para los dedos fabricado mediante impresión 3D y, apenas semanas después de lanzarlo al mercado, recibieron un llamado que jamás imaginaron: la AFA quería probarlo con Emiliano "Dibu" Martínez.
La historia tomó notoriedad en plena preparación del Mundial 2026, cuando el arquero campeón del mundo atravesaba la recuperación de una lesión en uno de los dedos de su mano derecha. Lo que parecía una coincidencia terminó convirtiéndose en una oportunidad única para estos jóvenes emprendedores argentinos.
El dispositivo fue diseñado originalmente para prevenir lesiones frecuentes en deportes como básquet, handball, vóley, artes marciales y fútbol. Está fabricado con TPU (poliuretano termoplástico), un material flexible utilizado en impresión 3D que permite limitar movimientos peligrosos sin afectar la movilidad natural de la mano.
Su función principal es evitar hiperextensiones y torceduras laterales de los dedos, lesiones muy comunes entre arqueros y deportistas que trabajan constantemente con las manos. El sistema permite cerrar el puño normalmente, pero impide que los dedos se doblen hacia atrás ante un impacto fuerte.
La idea surgió a partir de experiencias personales de los propios creadores, quienes practicaban distintas disciplinas deportivas y sufrían este tipo de lesiones de manera recurrente.
Según relataron los emprendedores, la convocatoria llegó pocos días después de enterarse de la lesión que afectaba al arquero de la Selección.
Lo que empezó como una broma entre ellos terminó convirtiéndose en realidad cuando recibieron un contacto desde la Asociación del Fútbol Argentino para conocer el funcionamiento del producto y evaluar su posible aplicación en la recuperación del Dibu.
Desde la AFA se interesaron especialmente en la posibilidad de reemplazar o complementar las tradicionales cintas deportivas utilizadas para inmovilizar parcialmente los dedos de los arqueros. El objetivo era brindar protección sin afectar la capacidad de agarre ni la sensibilidad de la mano.
Tras el primer contacto comenzó una etapa de trabajo conjunto con profesionales de la Selección Argentina. Los emprendedores desarrollaron diferentes versiones del protector, con distintos niveles de rigidez y tamaños adaptados a las necesidades específicas del arquero.
Los prototipos fueron evaluados por médicos, kinesiólogos y especialistas del cuerpo técnico, que analizaron su resistencia, comodidad y funcionalidad antes de autorizar su utilización.
Según trascendió, los protectores superaron las pruebas y recibieron la aprobación médica para ser utilizados tanto durante los entrenamientos como en el proceso de recuperación física de los arqueros del seleccionado.
La historia tiene además un detalle simbólico. Tanto los emprendedores como Emiliano Martínez son oriundos de Mar del Plata, una coincidencia que volvió aún más especial la experiencia para los creadores del dispositivo.
Lejos de buscar un beneficio económico inmediato, los desarrolladores decidieron entregar gratuitamente los protectores para que pudieran ser evaluados y utilizados por la Selección. Para ellos, la posibilidad de colaborar con el equipo nacional representó un reconocimiento mucho más importante que cualquier resultado comercial.
La aparición de este desarrollo también pone en evidencia el crecimiento de la impresión 3D aplicada al deporte de alto rendimiento. En los últimos años, la fabricación aditiva comenzó a utilizarse para crear férulas personalizadas, elementos de rehabilitación, protectores anatómicos y piezas adaptadas a cada atleta, reduciendo tiempos de producción y mejorando la precisión de los tratamientos.
Lo que nació como una solución para deportistas amateurs terminó llegando a uno de los arqueros más importantes del mundo en plena Copa del Mundo.
La historia de Francisco Francesch y Leandro Ramírez refleja cómo una idea desarrollada en un pequeño taller puede encontrar lugar en el deporte de elite cuando combina innovación, conocimiento técnico y capacidad para resolver un problema concreto.
Mientras la Selección Argentina se prepara para defender el título mundial, un pequeño aporte de tecnología marplatense también forma parte de esa aventura.