Argentina Historia de vida

La historia del hombre que camina 3.000 km para no olvidar al ARA San Juan

La historia de Guillermo Tibaldi cambió para siempre el 15 de noviembre de 2017. 

Lunes, 6 de Abril de 2026

La historia de Guillermo Tibaldi cambió para siempre el 15 de noviembre de 2017. Ese día, el submarino ARA San Juan desapareció en el Mar Argentino con 44 tripulantes a bordo. Para él, no fue solo una noticia: fue un golpe directo a su propia vida, a su historia y a su vocación.

Había pasado años dentro de ese mismo buque, había sido su comandante, había compartido rutinas, riesgos y silencios bajo el mar. Por eso, cuando recibió las primeras noticias, entendió lo que estaba en juego incluso antes que muchos.

"Cuando se venció el periodo de comunicaciones, tuve muy poca esperanza".

El duelo empezó antes de las confirmaciones. Mientras el mundo seguía buscando respuestas, él ya procesaba la dimensión de la tragedia. No eran solo 44 nombres: eran compañeros, historias, familias.

Lejos de quedarse quieto, Tibaldi encontró en el movimiento una forma de recordar. En 2019 unió la Base Naval Mar del Plata con el Cerro Aconcagua, llevando una bandera con los nombres de los tripulantes. Fue su primera gran travesía en homenaje.

Pero el tiempo no apagó la memoria. Al contrario, la hizo más fuerte.

Así nació un nuevo desafío: "Desde su muelle al fin del mundo". Un recorrido aún más exigente, más crudo, más simbólico. El 6 de julio, en pleno invierno, comenzó a caminar desde Mar del Plata rumbo a Puerto Almanza, el último punto donde el submarino fue visto desde tierra.

Más de 3.000 kilómetros a pie. Viento, nieve, granizo. La Patagonia en su versión más hostil.

"Me tocó uno de los inviernos más crudos".

Cada paso fue una lucha. Ráfagas de más de 100 kilómetros por hora, temperaturas extremas, caminos interminables. Pero también fue una forma de mantenerse cerca de ellos.

"Tierra del Fuego me está mostrando que el viento es muy duro".

El destino no fue elegido al azar. Puerto Almanza no es solo un punto en el mapa: es el último lugar donde alguien vio al ARA San Juan antes de su desaparición. Allí, el 8 de noviembre de 2017, el submarino pasó frente a la costa, rumbo al mar abierto.

"Es el último lugar donde se los pudo saludar".

Para Tibaldi, ese momento resume todo lo que significa ser submarinista: despedirse sin dramatismo, cumplir con la misión, confiar en el equipo.

"Nuestro juramento no es un acto protocolar, es una convicción de defensa".

A medida que avanzan los kilómetros, la travesía se transforma en algo más que un desafío físico. Es memoria en movimiento. Es dolor convertido en acción. Es una manera de que esos 44 nombres sigan presentes.

Después de más de 120 días en ruta, el objetivo es llegar el 15 de noviembre, en un nuevo aniversario, para inaugurar un memorial. No como cierre, sino como continuidad.

Porque para Guillermo Tibaldi, el viaje nunca fue solo llegar. Fue -y sigue siendo- una forma de no olvidar.