Argentina Historia de vida

El barman que empezó a los 13 y llegó a la mesa de Messi

Ramiro Ferreri aprendió a trabajar antes de saber qué quería ser. Cuando todavía era un chico, empezó en un bar de su ciudad no por vocación, sino por necesidad: ayudar a su familia

Lunes, 26 de Enero de 2026

Ramiro Ferreri aprendió a trabajar antes de saber qué quería ser. Cuando todavía era un chico, empezó en un bar de su ciudad no por vocación, sino por necesidad: ayudar a su familia. Ese primer contacto con las copas, las bandejas y la noche no fue una elección, pero terminó marcándole el camino.

Nacido hace 40 años en Olavarría, se siente de Saladillo. Allí llegó con su familia cuando tenía apenas tres años, después de que su padre -vidriero- encontrara una oportunidad laboral. La infancia fue normal hasta que la separación de sus padres lo obligó, a los 13 años, a salir a buscar trabajo. El empleo apareció donde podía: como lavacopas en un bar.

Ese bar fue escuela y refugio. Durante toda la secundaria trabajó de noche, mientras de día intentaba sostener una vida adolescente que muchas veces quedaba en pausa. Cumpleaños, fiestas y salidas quedaron relegados. A cambio, ganó experiencia. Su facilidad para hablar con la gente lo llevó rápidamente de la bacha a la barra, y de ahí a desempeñar tareas de mozo, organizador de salón y referente del lugar.

Entre botellas y copas pasaban sus noches; entre clases de teatro, sus días. Porque si había un sueño verdadero, no tenía que ver con la gastronomía: quería ser actor. Saladillo, con su tradición de cine hecho por vecinos, alimentaba esa ilusión.


Al terminar el secundario llegó la primera gran decisión. En la familia las posturas estaban divididas: estudiar o trabajar. Su padre, que había empezado como lustrabotas y había logrado construir una importante empresa vidriera, insistía en una idea que Ramiro nunca olvidó: con caradurez y trabajo se puede llegar lejos.


Con ese consejo como motor, se fue a Buenos Aires a buscar suerte. No la encontró. Probó luego en La Plata, estudiando Periodismo, más por el deseo de vivir algo distinto que por vocación académica. Duró poco. Un robo en la pensión y el desencanto con el estudio lo devolvieron a Saladillo antes de lo previsto.

De nuevo en su ciudad, trabajó de día en una gestoría familiar y de noche volvió a la barra. Sumó ventas de viajes de egresados, otro trabajo más impulsado por su capacidad para vincularse. Sin saberlo, ese empleo sería clave: allí conoció a alguien que lo invitó a probar suerte otra vez en Buenos Aires, esta vez en los boliches.

La noche porteña lo atrapó de inmediato. Discotecas, barras exigentes y ritmos intensos se convirtieron en su nueva rutina. Fue allí donde entendió que no sabía tanto como creía y que el mundo de la coctelería era mucho más amplio. Aprendió sobre bebidas, técnicas y profesionalismo. Aprendió, en definitiva, a ser barman.

Un nuevo giro llegó cuando dejó todo para irse un mes a Uruguay. Al volver, las barras ya no lo esperaban. Pero la experiencia acumulada le abrió otra puerta: una empresa de eventos lo contrató para una fiesta en la que cantó Ricky Martin. Fue con zapatos prestados, pero con actitud propia. Su desempeño fue tan bueno que lo volvieron a llamar. Una vez, y otra más. Hasta que, por una ausencia inesperada, terminó quedando a cargo de la barra. Ese día se ganó un puesto fijo.

Durante años manejó equipos, pedidos, logística y barras complejas. Aprendió incluso química para trabajar con nitrógeno y nuevas técnicas. Nunca había imaginado dedicarse a eso, pero el oficio terminó encontrándolo a él.

La estabilidad, sin embargo, no era su destino. Después de cinco años, renunció y apostó todo a un emprendimiento propio junto a otros excompañeros. Tenían talento y contactos, pero no estructura. Lo que los impulsó fue, otra vez, la audacia. Un contacto casual derivó en un casamiento de alto nivel. Salió perfecto. Luego vino otro hotel. Y otro más.

En 2013 nació formalmente RF, una empresa de barras que apostó a la puesta en escena, los detalles y un servicio integral. El crecimiento fue rápido. En 2015, Punta del Este abrió una nueva etapa: eventos de celebridades, veranos intensos y una sede estable. Después llegó el momento impensado: el casamiento de Lionel Messi.

Sin saberlo, ya estaban contratados. Cuando se enteró, armó un equipo especial. En Rosario, en junio de 2017, sirvió tragos a Messi y a figuras del fútbol mundial. Fue un punto de inflexión.

Desde entonces, el crecimiento no se detuvo. En 2022 abrió una sucursal en Palma de Mallorca, lo que le permitió trabajar en Europa y servir tragos incluso a los reyes de España. Llegaron propuestas desde Miami y giras por Latinoamérica para dar charlas sobre su experiencia.

Hoy, desde Buenos Aires, Ramiro Ferreri trabaja en un laboratorio de bebidas donde combina tecnología, química y creatividad. Prepara cócteles antes de cada evento y sigue inventando. Uno de ellos, el "Martini Retiro", resume su recorrido: una mezcla de audacia, técnica y origen.

De aquel chico que lavaba copas por necesidad al barman que atiende a las figuras más importantes del mundo, la historia tiene un hilo claro: trabajo, caradurez y no soltar nunca la barra cuando la vida se pone difícil.