La empresa de Cupertino acusó formalmente a la firma de Sam Altman ante los tribunales de California. Las maniobras del exejecutivo Tang Tan, el misterio de la startup de Jony Ive y la técnica metalúrgica copiada que desató la furia de Tim Cook.
El idilio y la tensa calma que reinaban en la elite de Silicon Valley acaban de volar por los aires de forma definitiva. Apple presentó una durísima demanda contra OpenAI ante el Tribunal de Distrito del Norte de California, acusando formalmente a la empresa creadora de ChatGPT de llevar adelante un plan sistemático de apropiación indebida de secretos comerciales e inducción al incumplimiento de contratos. Según la presentación judicial de la manzana, la firma dirigida por Sam Altman implementó una agresiva estrategia de contratación de antiguos ingenieros estrella de Cupertino con el único e ilegal objetivo de robar documentación técnica reservada y acelerar el desarrollo de su propio negocio de hardware de consumo masivo.
El ojo de la tormenta legal se posa con nombre y apellido sobre Tang Tan, quien durante más de dos décadas se desempeñó como vicepresidente de diseño de producto en Apple y que actualmente funge como Chief Hardware Officer dentro de OpenAI. La demanda detalla que Tan montó una red de reclutamiento clandestina utilizando nombres en clave de proyectos ultrasecretos y que llegó a exigirle a los candidatos que llevaran componentes físicos de Apple a las entrevistas de trabajo para evaluar sus sistemas. Además, el exejecutivo habría asesorado paso a paso a los empleados que renunciaban sobre cómo saltearse los controles de seguridad informáticos internos para llevarse planos en sus mochilas.
La investigación de los peritos informáticos de Cupertino también acorraló a Chang Liu, un ingeniero senior de sistemas eléctricos que saltó de bando en este 2026. Los servidores de la compañía detectaron que Liu jamás devolvió una computadora portátil corporativa y la utilizó para descargar manuales técnicos de dispositivos que todavía no fueron presentados de forma oficial en el mercado global. Para colmo de males, el expediente judicial asegura que el especialista actuó como un reclutador en las sombras, coacheando a otros compañeros de oficina sobre qué temáticas específicas debían memorizar y preparar para superar los filtros de ingreso de OpenAI.
Toda esta ingeniería de espionaje corporativo sale a la luz en un momento clave de la industria, donde la prensa especializada asegura que OpenAI se encuentra desarrollando en secreto un dispositivo físico revolucionario basado en agentes de IA que aspira a destronar y reemplazar el uso cotidiano del iPhone. En ese tablero de ajedrez encaja la reciente adquisición por 6.500 millones de dólares de la startup io, fundada nada menos que por el legendario exjefe de diseño de Apple Jony Ive. Si bien la firma y la transacción aparecen salpicadas en las páginas de la denuncia, el equipo legal de Tim Cook optó por no incluir a Ive en la lista directa de los acusados.
La prueba que terminó de desatar la furia de las autoridades de Apple fue el descubrimiento de un plagio industrial explícito en las maquetas de los nuevos dispositivos. La compañía detectó que OpenAI copió una técnica exclusiva de acabado metálico desarrollada en sus laboratorios, la cual lograron replicar tras engañar a un proveedor metalúrgico haciéndole creer que contaban con las autorizaciones legales firmadas. Al afirmar que carecen de visibilidad sobre el nivel de normalización del delito dentro de los despachos de la competencia, Apple exigió a la Justicia una orden de restricción inmediata para que OpenAI devuelva todos los archivos sustraídos, preserve los discos rígidos y deje de utilizar sus patentes en futuros lanzamientos.