El megacohete despegará en un vuelo decisivo para los planes lunares de Estados Unidos y para la futura cotización bursátil de la compañía de Elon Musk.
La empresa aeroespacial SpaceX se prepara para lanzar este jueves la última versión de su gigantesco cohete Starship, en un vuelo de prueba considerado clave tanto para el futuro comercial de la compañía como para los planes espaciales de Estados Unidos.
El despegue está programado para las 18:30, hora local (20:30 de Argentina) desde la base de lanzamiento de la empresa en el sur de Texas, en un contexto de enorme expectativa por el avance del proyecto y por la inminente salida a bolsa de la firma fundada por Elon Musk.
La prueba se realizará apenas un día después de que SpaceX presentara ante los reguladores financieros estadounidenses la documentación necesaria para cotizar en bolsa, en una operación que podría concretarse en junio y convertirse en una de las ofertas públicas iniciales (IPO) más grandes de la historia reciente del sector tecnológico.
El nuevo Starship, de unos 124 metros de altura, será el protagonista del duodécimo vuelo de prueba del programa, aunque el primero en siete meses.
La compañía transmitirá en directo la misión y aprovechará el lanzamiento para mostrar los avances tecnológicos del sistema, considerado fundamental para los objetivos de exploración lunar de la NASA.
A diferencia de ensayos anteriores, SpaceX no intentará recuperar el propulsor de la primera etapa, una maniobra que ya había ejecutado con éxito en pruebas previas. En esta ocasión, el booster caerá deliberadamente en aguas del golfo de México, mientras que la etapa superior continuará en una trayectoria suborbital.
Durante la misión, prevista para durar unos 65 minutos, la nave desplegará 20 satélites ficticios y dos satélites Starlink modificados especialmente con cámaras para estudiar el comportamiento del escudo térmico del vehículo durante el reingreso atmosférico. Si todo sale según lo previsto, la etapa superior terminará amerizando en el océano Índico.
Aunque las últimas misiones de Starship concluyeron satisfactoriamente, el programa sufrió varios reveses en el pasado. Algunas pruebas terminaron en explosiones, incluso después de alcanzar el espacio, y en junio de 2025 una etapa superior explotó durante un ensayo en tierra.
El nuevo vuelo también se desarrolla bajo la sombra de un reciente accidente laboral en las instalaciones de Texas, donde un trabajador murió tras caer de un andamio, según reportes locales.
La misión llega además en un momento decisivo para la carrera espacial. La NASA contrató a SpaceX para desarrollar una versión adaptada de Starship que funcione como módulo de alunizaje dentro del programa Programa Artemis, cuyo objetivo es llevar nuevamente astronautas a la Luna antes de finales de 2028.
El proyecto cobra aún más relevancia frente al avance de China, que apunta a concretar su primera misión lunar tripulada hacia 2030. Dentro del gobierno del presidente Donald Trump crece la preocupación por la posibilidad de que Estados Unidos pierda liderazgo en la nueva carrera espacial.
"Hay mucho en juego", afirmó el físico G. Scott Hubbard, exdirector del Centro de Investigación Ames de la NASA y actual académico de la Universidad de Stanford. Según el especialista, el desafío técnico más complejo sigue siendo demostrar capacidades de reabastecimiento orbital con combustible superenfriado, una tecnología todavía no probada y considerada indispensable para futuras misiones de espacio profundo.
En paralelo, la competencia con Blue Origin, la firma aeroespacial creada por Jeff Bezos, también presiona los tiempos del sector privado. Ambas compañías buscan posicionarse como actores centrales en la futura economía lunar y en los contratos multimillonarios vinculados a la exploración espacial.