Apple ha anunciado que el Mac mini se fabricará en Estados Unidos por primera vez en sus más de dos décadas de historia. La producción comenzará en una nueva planta en Houston, Texas, dentro del mismo campus donde la compañía ya ensambla servidores de inteligencia artificial desde 2025. La expansión duplicará el tamaño de las instalaciones en la ciudad.
El anuncio no llega de forma aislada. Apple se suma así a una tendencia que está reconfigurando la industria tecnológica: ante la amenaza de aranceles elevados impulsada por la administración Trump a los productos fabricados en Asia, varias compañías están acelerando sus planes para relocalizar parte de su producción en territorio estadounidense. Para Apple, que depende en gran medida de sus cadenas de suministro en China, la presión ha sido especialmente intensa.
El traslado del Mac mini es solo una pieza de un movimiento mucho más amplio. Apple anunció el año pasado un compromiso de inversión de 600.000 millones de dólares en Estados Unidos, y ya ha alcanzado varios hitos en ese camino: más de 20.000 millones en chips fabricados en el país, nuevas plantas de semiconductores en Texas y Arizona, y una fábrica de cristal para iPhone y Apple Watch en Kentucky que, según la compañía, cubrirá el 100% de la demanda global antes de que acabe el año.
En Houston, además de la nueva línea de producción del Mac mini, Apple abrirá un centro de formación de 1.800 metros cuadrados orientado a capacitar a estudiantes, proveedores y empresas en técnicas de fabricación avanzada. La compañía afirma que las operaciones conjuntas en la ciudad generarán miles de empleos.
Tim Cook ha destacado que la producción de servidores de IA en Houston ya va por delante de lo previsto, y que la expansión con el Mac mini refuerza el compromiso de Apple con la industria manufacturera americana. Lo que no ha mencionado, aunque resulta difícil ignorar, es que buena parte de ese compromiso está siendo impulsado desde la Casa Blanca.




