La Cancillería ratificó la aplicación de la legislación nacional y el decreto de refuerzo contra las firmas que operan sin autorización argentina. Además, confirmó el envío de unas 180 notas de advertencia a nivel global, denuncias penales y la convocatoria a embajadores en medio de la disputa por el proyecto petrolero Sea Lion.
El Gobierno nacional rechazó de manera categórica la guía oficial publicada por el Reino Unido para respaldar a las empresas que operan en las Islas Malvinas y advirtió que profundizará las medidas punitivas contra aquellas compañías que desarrollen actividades en el archipiélago sin autorización de la Argentina. Desde la Cancillería sostuvieron que la legislación nacional se seguirá aplicando "con todo su rigor" y negaron que Londres pueda dejarla sin efecto mediante decisiones unilaterales.
La respuesta oficial surge luego de que el gobierno británico difundiera el documento titulado "Doing Business with the Falkland Islands", en el cual sostiene que la Argentina carece de jurisdicción sobre las empresas que operan en la zona y ofrece respaldo legal e institucional ante posibles reclamos de Buenos Aires. Ante esto, el Ejecutivo ratificó la plena vigencia de las leyes 26.659 y 26.915 sobre hidrocarburos, respaldadas ahora por el Decreto 868/2026, y sentenció: "Ninguna guía gubernamental extranjera ni decisión comercial privada puede situarse por encima del derecho nacional argentino".
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Londres publicó un documento oficial para respaldar a las empresas que operan en el archipiélago y rechazar la jurisdicción argentina. Por su parte, la Casa Rosada confirmó que ampliará las denuncias judiciales y prepara un nuevo proyecto de ley.
Para demostrar el alcance de la estrategia oficial, la Cancillería detalló el estado de las acciones legales y administrativas en curso:
La estrategia de la Casa Rosada busca presuntar no sólo sobre las operadoras directas en el archipiélago, sino también sobre contratistas, financistas, aseguradoras y proveedores internacionales. En este marco, el Gobierno invocó la Resolución 31/49 de la ONU contra modificaciones unilaterales y ratificó su disposición a retomar las negociaciones bilaterales de soberanía, en paralelo a la profundización de los controles y sanciones económicas.