La Casa Rosada rechazó suspender la actividad pública para el trascendental choque mundialista. Javier Milei verá el partido bajo un estricto perfil bajo en Olivos, mientras el Ministerio de Seguridad despliega un fuerte operativo preventivo en la Embajada británica y monitorea las restricciones sobre las banderas de Malvinas en Estados Unidos.
El presidente Javier Milei descartó de forma tajante la posibilidad de declarar asueto administrativo para este miércoles con motivo de la semifinal del Mundial entre las selecciones de Argentina e Inglaterra. Desde el Poder Ejecutivo confirmaron que no se dará lugar al planteo formal presentado por la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), gremio que había solicitado un cese de tareas a partir de las 12:00 horas para toda la Administración Pública Nacional, empresas estatales y organismos descentralizados.
En los despachos oficiales argumentaron que la interrupción de la actividad estatal "no está prevista" en la agenda de Gobierno. Si bien aclararon que cada área del Estado tendrá la libertad de organizarse internamente según sus necesidades operativas, remarcaron que no existirá ninguna disposición generalizada que suspenda la prestación de servicios públicos. De esta manera, Balcarce 50 tomó distancia del reclamo sindical, el cual argumentaba que el partido "supera el marco estrictamente deportivo".
La cúpula del oficialismo seguirá las alternativas del encuentro de manera fragmentada. El presidente Milei se recluirá en la Quinta de Olivos junto a su hermana y secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, sosteniendo la postura de no utilizar políticamente los logros de la Selección. En su entorno insisten en que, incluso ante un eventual título o llegada a la final, el mandatario ya ofreció el balcón de la Casa Rosada bajo la estricta promesa de vaciar el edificio de funcionarios para que los jugadores festejen sin interferencias partidarias.
Por su parte, la mesa chica del Gobierno se concentrará en Balcarce 50, donde el asesor Santiago Caputo compartirá la transmisión con la secretaria de Legal y Técnica, María Ibarzabal, y su colaboradora Macarena Alifraco.

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La aparente calma política contrasta con un imponente despliegue de seguridad preventivo en la Ciudad de Buenos Aires. Ante la alta carga simbólica del cruce, la memoria histórica de Malvinas y la probabilidad de movilizaciones espontáneas, el Ministerio de Seguridad dispuso un cerco policial con unos 300 efectivos de la Policía Federal en torno a tres puntos sensibles: la Embajada del Reino Unido, la Embajada de Israel y la propia sede de la cartera de Seguridad. "Van a tomarse recaudos como si fuera un 2 de Abril", confiaron fuentes gubernamentales.
Asimismo, se coordinarán tareas de control entre las fuerzas federales y de la Ciudad de Buenos Aires para custodiar el Obelisco y otros centros neurálgicos de festejo masivo con el objetivo de resguardar el espacio público y evitar incidentes.
La atención del Ministerio de Seguridad, conducido de forma operativa en el exterior por la ministra Alejandra Monteoliva, también está puesta en el estadio de Atlanta, donde se disputará la semifinal bajo la custodia de 1.600 agentes en un comando conjunto con la FIFA, el FBI y fuerzas británicas.
La polémica se instaló en las últimas horas debido a las estrictas directivas de la organización local, que prohíben el ingreso de banderas o insignias con connotaciones políticas o "provocativas", límites dentro de los cuales se incluyeron las menciones a las Islas Malvinas. Aunque en el seno de la Casa Rosada admitieron malestar por el impacto de esta medida en la opinión pública, aclararon que la delegación argentina solo participa en un rol de coordinación y recomendación, estando la aplicación de las reglas de admisión exclusivamente bajo el control de las autoridades estadounidenses.