La senadora libertaria saludó a Mauricio Macri en la Fundación Libertad y sorprendió a todos: ahora quiere unir LLA al PRO en CABA en 2027.
La política argentina nunca decepciona y las rupturas no son definitivas. El lunes por la noche, en la cena de la Fundación Libertad, la senadora Patricia Bullrich cruzó el salón, se acercó a la mesa de Mauricio Macri y lo saludó con un abrazo que, aunque breve, alcanzó para disparar un cúmulo de especulaciones. En su entorno, aseguran que Bullrich tiene la intención de reconstruir un acuerdo entre La Libertad Avanza (LLA) y el PRO en la Ciudad de Buenos Aires para pelear ella como candidata a jefa de gobierno porteño en 2027.
"Patricia cree que hay que ir juntos en CABA", confió a iProfesional una fuente de máxima cercanía a la senadora, que conoce de memoria los pasillos del poder: fue ministra de Seguridad de Macri entre 2015 y 2019 y luego repitió el cargo con Javier Milei entre 2023 y 2025. En política, la experiencia también incluye aprender a desandar caminos.
Patricia Bullrich terminó el gobierno de Macri bendecida por el expresidente como presidenta del PRO y luego se distanciaron en las elecciones presidenciales de 2025 cuando entre ambos crecieron los recelos por las diferencias de campaña y luego de que ella aceptó ser ministra de Milei.
El problema para unir fuerzas entre LLA y el macrismo es que el PRO ya tiene candidato natural: Jorge Macri, actual jefe de Gobierno porteño y primo del expresidente, o algunos no descartan que el propio Mauricio Macri quiera reincidir, aunque esto lo desestiman en las filas macristas.
La eventual convivencia de Bullrich con ese esquema abre un interrogante inevitable: ¿quién encabeza la fórmula en una eventual alianza? La respuesta, casi técnica, remite a una herramienta que el oficialismo nacional intenta desarmar: las PASO. En la Ciudad siguen vigentes y serían, hoy, el único mecanismo para dirimir esa interna.
Jorge Macri no le teme a la competencia interna con Bullrich
Cerca de Jorge Macri no lo dramatizan. Más bien lo contrario. "No tiene problema en competir contra cualquiera. Jorge Macri es el resultado de la competencia siempre", deslizan con una mezcla de confianza y ironía. Acto seguido, bajan la espuma: "Igual falta una eternidad para los tiempos argentinos". Nadie se apura por un 2027 que, en la Argentina, puede quedar a la vuelta de la esquina o a años luz.
Otras fuentes vinculadas a la Casa Rosada aseguran que Patricia Bullrich quiso dar un mensaje a la interna de LLA porque Milei no saludó a Macri y ella se acercó a saludarlo. Pareció haber enviado una señal: ténganme en cuenta porque puedo volver al macrismo o cerrar acuerdos con otras opciones.
No es la primera vez que la senadora cambia de filas, especialmente luego de que experimentó ciertas señales de frialdad de Karina Milei y de su entorno.
Un gesto de autonomía puede alterar la tranquilidad de Karina Milei y Bullrich no lo ignora. También la senadora no archivó del todo su proyecto presidencial y, si las condiciones políticas y económicas lo permiten, en las presidenciales de 2027 tanto ella como Macri deberían pensar en una alianza juntos.
Macri también tiene aspiraciones presidenciales, sea para un delfín suyo o para él mismo si viera las condiciones. Por ahora, lo descarta en privado y en público, pero las recorridas por todo el país lo muestran en campaña.
La relación Macri-Milei sigue congelada y sin señales de deshielo
Otro dato político consiste en que mientras Bullrich ensaya un acercamiento con su antiguo jefe, la relación entre Macri y Milei sigue congelada y por ahora irreversible. Milei no entiende de reconciliaciones, a menos que tengan un fuerte respaldo de ciertos consejeros económicos e internacionales.
En la misma cena, el Presidente evitó el saludo con el líder del PRO y volvió a cuestionar su gestión. Macri, por su parte, se siente destratado por el entorno presidencial, con nombres propios que repite en privado:
Karina Milei
Santiago Caputo
En ese contexto, el abrazo adquiere otra dimensión. Bullrich no sólo saludó: fue la única figura relevante del oficialismo libertario que se acercó a Macri entre las mesas liberales. Y en política, los gestos suelen decir lo que las declaraciones evitan: no se saludaban hacía más de dos años y los trascendidos hablaban de peleas entre ellos.
La jugada, sin embargo, está lejos de ser lineal. La senadora no consultó -al menos por ahora- a la mesa chica del poder libertario sobre una eventual alianza con el PRO: Karina Milei, el operador Eduardo "Lule" Menem y el propio Presidente. Tampoco es un detalle menor la interna porteña de La Libertad Avanza, donde la legisladora Pilar Ramírez, alineada con Karina Milei, también proyecta una candidatura, en un escenario que quedó abierto tras la caída de Manuel Adorni por cuestionamientos patrimoniales.
El riesgo de dividir votos y el pragmatismo electoral porteño
En el bullrichismo admiten el cambio de clima. Después de la ruptura con Macri en 2023, cuando Bullrich decidió alinearse con Milei, el vínculo quedó atravesado por desconfianzas y pases de factura. "Ahora cambiaron los escenarios", sintetizan.
Por añadidura, agregan un argumento más pragmático que ideológico: una división entre LLA y el PRO en la Ciudad podría abrirle la puerta a un buen desempeño de Unión por la Patria, con nombres como:
Mariano Recalde
Leandro Santoro
En otras palabras, mejor no regalar votos.
Del lado de Macri, la reacción oscila entre la sorpresa y el cálculo. "Ahora es Patricia la que nos necesita", deslizan cerca del expresidente, aunque enseguida introducen una duda más estructural: "No estamos seguros de que Karina tenga lógica". La frase, más que una chicana, funciona como diagnóstico de época.
Por ahora, en el macrismo se aferran a la prudencia. "Son todas conjeturas, el saludo fue protocolar", repiten en público. En privado, admiten que el escenario está abierto: "Patricia quiere ir por la Ciudad y Jorge también; cómo se resuelve, no sé".
Mientras tanto, en la Casa Rosada miran para otro lado. La prioridad inmediata es la exposición del jefe de Gabinete en el Congreso, en una sesión que promete cruces intensos con la oposición. En ese tablero, Manuel Adorni, cada vez más golpeado por las preguntas sobre su patrimonio y sus viajes lujosos, evita sumar ruido con especulaciones electorales a largo plazo.
Así, entre abrazos que reabren historias que las confirman: la política vuelve a su lógica más conocida: los adversarios de ayer pueden ser socios mañana. Y en la Ciudad de Buenos Aires nadie descarta que ese saludo haya sido algo más que un gesto de cortesía. Tal vez haya sido el primer capítulo de una negociación que, como casi todas en la Argentina, empieza negándose o desestimándose.

El Ejecutivo prevé vallados, controles en los accesos a la Ciudad y unos 1000 efectivos en coordinación con la administración porteña.