La fuerte acumulación de nieve registrada este invierno en la alta montaña mendocina podría garantizar mejores caudales durante el próximo verano,
La fuerte acumulación de nieve registrada este invierno en la alta montaña mendocina podría garantizar mejores caudales durante el próximo verano, aunque especialistas advierten que un solo año favorable no alcanza para revertir la sequía prolongada que afecta a la provincia.
Así lo explicó Mariana Correa, investigadora del CONICET, en una entrevista con MNews Radio, de El Observador Mendoza, donde detalló el estado actual de la nieve, la situación de los glaciares y los posibles riesgos asociados al deshielo.
En la cuenca del río Mendoza existen estaciones meteorológicas que monitorean la altura de la nieve y otros indicadores. Una de ellas está ubicada en Horcones, cerca del ingreso al Parque Provincial Aconcagua.
En esa zona se midió aproximadamente un metro y medio de nieve acumulada, aunque el volumen original habría sido mayor debido al proceso natural de compactación. Además, el equivalente agua-nieve se ubicó alrededor de los 500 milímetros.
Los registros colocan a este invierno entre los más nevadores de las últimas dos décadas. El año 2006 continúa como una de las principales referencias, aunque la acumulación actual podría acercarse o incluso superar ese nivel si continúan las precipitaciones.
La abundancia de nieve permite proyectar un verano con mejores condiciones hídricas en la cuenca del río Mendoza.
Sin embargo, el escenario no implica el final de la sequía que atraviesa la provincia desde hace más de una década.
"Este verano vamos a tener seguramente un buen caudal en el río Mendoza", señaló Correa, aunque aclaró que un invierno favorable no compensa automáticamente varios años consecutivos con precipitaciones por debajo del promedio.
La investigadora explicó que la situación climática de los últimos 20 años obliga a mantener una utilización racional del agua, independientemente de que durante esta temporada haya una disponibilidad superior.
La gran acumulación de nieve plantea otros desafíos para la primavera y el verano.
Con el aumento de las temperaturas pueden producirse avalanchas, crecidas y flujos de detritos, especialmente en sectores de alta montaña.
Entre las zonas mencionadas aparecen quebradas ubicadas después de Uspallata y sectores como Ranchillos, donde pueden registrarse aluviones de barro y sedimentos durante períodos de deshielo o lluvias intensas.
Desde el CONICET señalaron que estos fenómenos forman parte de los escenarios que deberán ser monitoreados durante los próximos meses.
La tragedia registrada recientemente en Nepal volvió a generar interrogantes sobre el comportamiento de los glaciares mendocinos.
Correa explicó que la Cordillera posee numerosos glaciares afectados por el incremento de las temperaturas y los cambios climáticos, aunque las características geográficas de Mendoza son distintas a las observadas en Nepal.
Uno de los episodios más importantes ocurrió en 1934 y es conocido como el aluvión del Plomo. El fenómeno provocó graves daños en infraestructura de alta montaña, destruyó sectores del ferrocarril, líneas de telégrafo, puentes y parte de la central hidroeléctrica de Cacheuta. También afectó instalaciones del hotel de Cacheuta y sectores del dique Cipolletti, además de provocar alrededor de 20 víctimas fatales.
El episodio estuvo relacionado con un glaciar ubicado en la zona del río Tupungato que presenta periódicamente avances repentinos.
Ese comportamiento volvió a registrarse en 1985 y posteriormente entre 2005 y 2006, aunque en esas oportunidades los impactos fueron menores.
Algunos glaciares de los Andes centrales presentan un comportamiento particular conocido por sus avances repentinos.
En determinadas condiciones pueden desplazarse a velocidades de hasta 30 metros por día y recorrer varios kilómetros desde las zonas más altas de la montaña.
Ese movimiento puede generar acumulaciones de hielo capaces de represar temporalmente cursos de agua.
En los Andes centrales existen alrededor de 20 glaciares con características similares que actualmente son objeto de investigación científica.
La causa exacta de estos movimientos todavía está en discusión, aunque una de las hipótesis apunta a la presencia de agua debajo del glaciar, que favorecería el deslizamiento sobre el terreno.
Una de las principales herramientas disponibles para seguir estos procesos son las imágenes satelitales.
Los especialistas pueden detectar cambios en la superficie del glaciar antes de que se produzcan movimientos importantes.
Entre las primeras señales aparece una acumulación o abultamiento en determinadas zonas del hielo, seguido posteriormente por un desplazamiento progresivo que puede acelerarse.
"Con imágenes satelitales se puede monitorear porque el glaciar empieza a presentar ciertos indicios de que va a producir ese avance", explicó la investigadora.
Las condiciones geográficas y urbanas también reducen la posibilidad de que Mendoza enfrente un escenario equivalente al ocurrido en Nepal.
En la provincia, las principales poblaciones se encuentran generalmente alejadas de los sectores más expuestos y asentadas sobre terrazas naturales de los valles.
La situación sería distinta si existieran grandes núcleos urbanos ubicados directamente al pie de los glaciares o en sectores similares a Plaza de Mulas, explicó Correa.
De todos modos, existen emprendimientos turísticos e instalaciones cercanas a los cursos de agua que pueden verse afectados durante períodos de grandes crecidas.
Un ejemplo se produjo en 2024, cuando las nevadas tardías y posteriores olas de calor provocaron un fuerte incremento del caudal del río Mendoza y generaron inundaciones en algunos sectores.
La importante cantidad de nieve de este año representa una señal positiva para el abastecimiento hídrico de Mendoza, pero no modifica por sí sola una tendencia climática acumulada durante años.
Para revertir la situación serían necesarios varios inviernos consecutivos con niveles importantes de nieve.
"Para salir de la situación de la sequía necesitaríamos varios inviernos nevadores", resumió Correa.
La investigadora comparó el escenario con un equipo que pierde varios partidos consecutivos y gana uno: el resultado favorable mejora la situación, pero no alcanza para modificar por completo la tendencia previa.