La anchoíta argentina aparece como una de las especies con mayor potencial para expandir las exportaciones pesqueras del país
La anchoíta argentina aparece como una de las especies con mayor potencial para expandir las exportaciones pesqueras del país. Así lo planteó Raúl Matías Cereceto, integrante de la Fundación Latinoamericana de Sustentabilidad Pesquera, durante una entrevista con MNews Radio, de El Observador Mendoza.
Según explicó, los estudios realizados sobre la disponibilidad del recurso muestran que la Argentina cuenta con una capacidad considerable para desarrollar esta pesquería y competir con algunos de los principales productores internacionales.
Como referencia, Marruecos captura actualmente alrededor de 50.000 toneladas anuales de anchoíta, mientras que la región del mar Cantábrico, en España, alcanza unas 30.000toneladas. Solo Chubut tendría aproximadamente 100.000 toneladas disponibles para explotar, lo que coloca al país frente a una oportunidad productiva de gran magnitud.
La actividad comenzó a desarrollarse con mayor intensidad durante los últimos años y ya registra producciones de entre 6.000 y 7.000 toneladas, aunque todavía se encuentra lejos de aprovechar todo el volumen disponible.
La anchoíta tiene múltiples aplicaciones comerciales. Una parte importante se destina al mercado interno y se utiliza incluso en productos comercializados como sardinas enlatadas.
También existe un segmento de mayor valor agregado vinculado con los filetes de anchoíta, considerados en otros mercados como un producto gourmet. Sin embargo, desde el sector advierten que la elaboración argentina todavía tiene margen para mejorar en términos de procesamiento, conservación y presentación.
Otra posibilidad de crecimiento está vinculada con la producción de pasta de anchoa, utilizada como ingrediente en distintos alimentos. Desde Argentina ya se exporta este producto hacia Estados Unidos para la elaboración de salsa barbacoa, mientras que en otros países se utiliza en diferentes preparaciones gastronómicas.
A esto se suma la posibilidad de desarrollar aceites y productos derivados del Omega 3, aprovechando las características nutricionales de la especie.
"El límite de la anchoíta no está en el mar, está en la tierra", resumió Cereceto al señalar que el principal desafío no pasa por la disponibilidad del recurso, sino por aumentar la capacidad industrial necesaria para procesarlo.
El sector considera que la Argentina necesita ampliar su infraestructura para poder transformar una mayor cantidad de pescado y generar productos de mayor valor.
Actualmente, buena parte de la capacidad instalada de la industria conservera se concentra en Mar del Plata y está integrada por un número reducido de establecimientos.
Por ese motivo, el crecimiento de la producción requerirá nuevas inversiones en plantas, tecnología y capacidad de procesamiento.
En ese contexto, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones aparece como una herramienta que podría facilitar la llegada de capitales nacionales y extranjeros destinados a ampliar la infraestructura pesquera.
Desde la Fundación Latinoamericana de Sustentabilidad Pesquera consideran que el RIGI puede resultar atractivo para proyectos destinados a incrementar la capacidad industrial y aprovechar una mayor proporción del recurso disponible.
Más allá de la disponibilidad de anchoíta, el sector plantea dificultades relacionadas con la competitividad de las exportaciones argentinas.
Cereceto señaló que los exportadores reciben prácticamente el mismo ingreso en dólares mientras que los costos internos aumentaron considerablemente durante los últimos años.
Según explicó, algunas empresas enfrentaron incrementos de entre 70% y 80% en dólares en sus estructuras de costos, una situación que reduce los márgenes frente a precios internacionales que vienen determinados por el mercado externo.
La preocupación del sector se concentra especialmente en la relación entre inflación y tipo de cambio.
"Necesitamos ordenar la macro para tener reglas claras, previsibilidad y ser competitivos", planteó el referente pesquero.
Además del tipo de cambio, el sector reclama modificaciones en la estructura tributaria. Entre los principales puntos aparecen los derechos de exportación que todavía pagan diferentes productos pesqueros y que pueden alcanzar tasas de entre 7% y 12%.
La reducción o eliminación de esos tributos, especialmente para especies que recién comienzan a desarrollar mercados internacionales, podría mejorar la rentabilidad y favorecer nuevas exportaciones.
Otro de los factores que influyen sobre la actividad es la estructura de costos laborales.
Durante los últimos dos años se registraron negociaciones complejas entre cámaras empresarias y organizaciones sindicales debido a la reducción de los márgenes de rentabilidad.
Según Cereceto, una parte importante de los gremios acompañó la situación del sector y aceptó moderar los aumentos para sostener los niveles de producción.
La pesca tiene además un peso económico central en ciudades como Mar del Plata, Puerto Madryn, Rawson y Puerto Deseado, donde gran parte de la actividad está directa o indirectamente relacionada con el sector.
Una paralización puede afectar no solamente a las empresas pesqueras, sino también al empleo, la logística y la economía general de esas localidades.
La disponibilidad del recurso, la demanda internacional y las posibilidades de desarrollar productos con mayor valor agregado posicionan a la anchoíta como una alternativa con potencial para ampliar las exportaciones argentinas.
Sin embargo, el crecimiento dependerá de la capacidad para atraer inversiones, mejorar el procesamiento industrial, desarrollar nuevos productos y recuperar competitividad frente a otros mercados.
El desafío, según el sector, será transformar la abundancia del recurso marítimo en una industria capaz de generar mayor producción, exportaciones y valor agregado dentro del país.