Este retorno de IMPSA a Venezuela resulta paradójico, considerando que el colapso financiero que sufrió la empresa en el pasado fue históricamente atribuido a la falta de pagos y tensiones políticas en ese mismo mercado
La empresa mendocina, ahora bajo control de capitales estadounidenses, inició conversaciones para retomar trabajos en las represas de Macagua y Tocoma. El objetivo es recuperar más de 600 megavatios para un sistema eléctrico venezolano severamente deteriorado, un movimiento que marca un giro estratégico tras la privatización de la compañía en 2025.
Jorge Salcedo, director ejecutivo y presidente de IMPSA, confirmó a Bloomberg que el plan busca reparar turbinas en el complejo del Guri, columna vertebral de la energía en Venezuela. Los trabajos se ejecutarían como adendas a contratos inconclusos de la década de 2000, evitando así nuevos procesos licitatorios. La meta inmediata es ambiciosa: poner en línea 160 megavatios en Macagua en un plazo de 100 días, un aporte vital para reducir los cortes diarios que afectan al país caribeño.
Este retorno de IMPSA a Venezuela resulta paradójico, considerando que el colapso financiero que sufrió la empresa en el pasado fue históricamente atribuido a la falta de pagos y tensiones políticas en ese mismo mercado. Sin embargo, bajo la nueva administración de ARC Energy, la firma texana que adquirió el 84,9% de las acciones en febrero de 2025, la compañía busca diversificar sus ingresos y fortalecer su presencia global, aprovechando su capacidad técnica para reparar infraestructura crítica.
La transformación de IMPSA ha sido total desde su privatización. Tras un proceso de reestructuración de deuda y el traspaso accionario por 27 millones de dólares, la empresa se ha volcado hacia una estrategia definida por tres pilares: el sector nuclear, el área hidroeléctrica y la fabricación de grúas portuarias. Este último punto es especialmente sensible en el tablero geopolítico actual, ya que Washington busca reducir su dependencia de China en el equipamiento de puertos estadounidenses, posicionando a IMPSA como un actor clave para los intereses de la administración de Donald Trump.
Aunque el aporte de megavatios proyectado para Venezuela representa menos del 2% de la capacidad instalada total del país, su valor operativo y simbólico es incalculable en un contexto donde el gobierno venezolano ha comenzado a exigir a las petroleras internacionales que garanticen su propia energía ante la fragilidad de la red nacional. Para IMPSA, consolidar estos trabajos significa no solo recuperar ingresos, sino también reafirmar su vigencia como una pieza fundamental de la ingeniería regional bajo su nueva identidad corporativa.