Recorrió más de 200 pueblos, muchos de ellos perjudicados por el cierre de ramales, por lo que quedaron aislados de otros lugares.
La historia de Pablo Delonghi es, en esencia, un viaje entre recuerdos, rutas y paisajes. Un recorrido que comenzó mucho antes de que decidiera salir a fotografiar pueblos y estaciones de tren. Empezó en su infancia, arriba de un auto que quedó grabado para siempre en su memoria: un Peugeot 404.
Delonghi nació en 1970, el mismo año en que su padre, un trabajador ferroviario, compró aquel 404 modelo 1966. Era un auto usado, pero para la familia significaba mucho más que un vehículo. Allí ocurrieron los primeros paseos, las vacaciones y los viajes que marcaron su niñez.
Durante años, Pablo creció prácticamente dentro de ese auto. Las imágenes siguen intactas en su memoria: sacar la cabeza por el techo corredizo, viajar hacia la costa o las montañas y compartir momentos simples con su familia.
"Fue el primer auto al que recuerdo haberme subido. Toda mi infancia transcurrió arriba de ese vehículo", recuerda Delonghi.
El tiempo pasó, su padre tuvo otros autos y la vida siguió su curso. Sin embargo, el recuerdo del 404 nunca se borró. Siempre estuvo latente, esperando el momento de volver a aparecer.
Ese momento llegó décadas después, en plena pandemia. Con más tiempo para pensar y recordar, Pablo decidió transformar esa nostalgia en un proyecto concreto: volver a tener un auto igual al de su infancia.
"Una vez me agarró la locura de decir: ¿por qué no tener uno igual?", cuenta.
La búsqueda no fue sencilla. Durante meses recorrió avisos y publicaciones hasta que finalmente encontró el auto que buscaba. No era exactamente el mismo año que el de su padre, pero estaba muy cerca: un 404 modelo 1967. Lo más importante era que tenía el mismo color gris, un tono particular que cambia según cómo le dé la luz.
Para su sorpresa, el auto estaba a apenas siete kilómetros de su casa, en Los Cardales.
El vehículo estaba en buenas condiciones, aunque había permanecido mucho tiempo detenido. Pablo tuvo que realizar algunos arreglos básicos: carburar el motor, cambiar mangueras, limpiar el tanque de nafta, revisar el radiador y conseguir neumáticos nuevos, una tarea que no fue nada fácil para un auto de casi 60 años.
Los primeros viajes fueron cerca de su casa, pero poco a poco las rutas se fueron alargando. Con el tiempo, el viejo Peugeot lo llevó a recorrer decenas de pueblos y ciudades de Argentina: Bahía Blanca, Sierra de la Ventana, Mar del Plata, Tandil y hasta destinos más lejanos como Villa Tulumba.
En cada viaje hay elementos que se repiten: el sonido del rock en el estéreo, las rutas largas y una cámara siempre lista para capturar paisajes, estaciones de tren y pequeños pueblos.
Pablo trabaja hace más de 30 años en el ferrocarril y esa experiencia también influye en su mirada. Muchas de sus fotografías retratan estaciones abandonadas o pueblos que cambiaron profundamente después del cierre de ramales ferroviarios.
"Cuando el tren dejó de pasar, muchos pueblos quedaron vacíos. El tren traía vida", explica.
Con esa mezcla de nostalgia y curiosidad, comenzó a compartir sus viajes en Instagram a través de la cuenta Viajando en el 404, donde publica imágenes de gran calidad que ya superan los 150 mil seguidores.
Aunque se define como un fotógrafo amateur, sus fotos tienen una estética muy particular: el Peugeot clásico frente a estaciones de tren, viejas estaciones de servicio o paisajes rurales que parecen detenidos en el tiempo.
En paralelo a su proyecto de viajes, Pablo también intentó encontrar el auto original de su padre. Investigó documentos del Registro Automotor y siguió la pista de los distintos dueños del vehículo hasta lograr ubicarlo.
Cuando finalmente llegó a la dirección del último titular, descubrió que aquel Peugeot estaba destruido y abandonado. Poco tiempo después desapareció definitivamente, probablemente llevado a un desarmadero.
Lejos de frustrarse, Delonghi entendió que el verdadero valor del auto no estaba en el objeto original, sino en lo que representaba.
Hoy ya recorrió más de 200 pueblos con su Peugeot 404. El auto se comportó de manera sorprendente en rutas largas y solo tuvo inconvenientes menores, como un parabrisas roto por una piedra en la ruta.
Pero incluso esos momentos se transformaron en historias para recordar. "El 404 invita a la charla", dice Pablo, porque donde sea que pare siempre aparece alguien dispuesto a conversar, preguntar por el auto o felicitarlo por mantenerlo en tan buen estado.
Mientras continúa sumando kilómetros, Delonghi sueña con nuevos destinos. Uno de ellos es recorrer la mítica Ruta Nacional 40 y llegar hasta la cordillera.
Pero más allá de los viajes, el Peugeot representa algo mucho más profundo: una conexión permanente con su infancia y con su familia.
"El 404 es un homenaje a mi viejo y a mis primeros años de vida", resume.
Y así, entre pueblos olvidados, estaciones de tren y rutas interminables, Pablo Delonghi sigue viajando no solo por el país, sino también por los recuerdos que lo acompañan desde aquel primer viaje en el auto de su padre.