Arrancamos fuerte hoy -dijo el magistrado, acomodándose los anteojos como si fueran argumentos-. Reforma laboral. A Gastón le dicen magistrado, cariñosamente, porque si bien solo es secretario, su juez no va nunca y él hace todo el trabajo.
El jueves cayó húmedo, pegajoso, como si el verano se negara a retirarse. A las siete en punto, la mesa del fondo volvió a ocuparse. Aldo ya tenía preparados los pocillos; Hernán, atento, dejó también una jarra con agua fría. Ahí se respiraba política. No porque tuviera cuadros de próceres en las paredes -que los tenía, amarillentos y torcidos- sino porque en esa mesa del fondo, debajo del ventilador que giraba con desgano, se sentaban ellos cuatro.
Hernán, el mozo, no preguntaba qué iban a tomar. Dos cortados en jarrito para Gastón y el innombrable, un café chico bien cargado para el flaco y un café con leche con una medialuna para el grandote.
-Arrancamos fuerte hoy -dijo el magistrado, acomodándose los anteojos como si fueran argumentos-. Reforma laboral. A Gastón le dicen magistrado, cariñosamente, porque si bien solo es secretario, su juez no va nunca y él hace todo el trabajo.
El grandote soltó una risa nasal.
-¿Reforma? Eso no es reforma. Es cirugía mayor sin anestesia. para algunos. -dijo, siempre intentando quedar bien con ambos sectores. Nunca se sabe con cuál habrá que negociar. El corpulento dice ser Asesor Legislativo pero sus amigos saben que es lobista.
El flaco levantó el dedo índice, típico gesto de Unidad Básica. Aunque perdió la cuenta de la cantidad de partidos a los que saltó, siempre deja claro sus orígenes con los dedos en V.
-No exageren. El debate en la Cámara fue sano. Hubo posiciones claras. Se discutió. Eso es democracia.
El innombrable, sin mirar a nadie, miraba a todos. Es el más respetado del grupo y nadie dice su nombre en voz alta. Nombrarlo es invocarlo y eso no se hace con aquellos que andan en la rosca fuerte.
Gastón carraspeó, en modo sentencia.
-El problema es la técnica legislativa. Mezclan modernización, con flexibilización, blanqueo laboral con cambios en indemnizaciones y con incentivos a pymes en un mismo paquete. Después llegan las cautelares y nos preguntan por qué.
El grandote apoyó los codos sobre la mesa.
-La técnica legislativa importa menos que los votos. Y los votos se consiguen convenciendo. o persuadiendo. Y para persuadir hay que escuchar a los que ponen la plata.
Hernán dejó caer una cucharita con estrépito mínimo. Nadie acusó recibo.
El innombrable se acomodó en la silla.
-Los sindicatos están jugando su partido. Movilizan, presionan, negocian. Como siempre.
-Como siempre -repitió el magistrado-, pero con menos margen. La sociedad está cansada.
Aldo, desde la caja, levantó la vista apenas. Él había visto pasar hiperinflaciones, corralitos y cepos. Sabía que el cansancio es un inquilino permanente.
-El oficialismo quiere mostrar decisión -continuó el innombrable-. La oposición, fragmentada, no sabe si oponerse a todo o acompañar algo.
-Porque si acompañan, traicionan su relato -dijo Gastón-. Y si se oponen, quedan como defensores del statu quo.
El grandote sonrió.
-Por eso algunos llaman por teléfono antes de votar.
El flaco apoyó la taza, ya vacía.
-No subestimen el poder de una fábrica cerrando.
El silencio fue breve, pero pesado.
-FATE -dijo el magistrado, casi como si leyera un expediente.
-Crisis, importaciones más baratas, costos internos imposibles -enumeró irónico el grandote-. El relato de siempre.
-Es más simple -replicó el flaco, fiel a su ideología-. Si importar sale menos que producir, alguien pierde. Y no es el importador. La planta cerrando es una foto fuerte -agregó-.
Neumáticos que dejan de girar en un país que no sabe si avanza o patina.
Hernán volvió con agua sin que nadie la pidiera. A esa altura ya sabía que cuando bajaban el tono era porque el tema pesaba.
-El debate de fondo -dijo el magistrado- es si queremos un mercado laboral más flexible o más protegido. Y cuánto estamos dispuestos a pagar por cada modelo.
-El problema -respondió el flaco- es que nadie quiere pagar el costo político.
-Ni el económico -acotó el grandote.
-Ni el simbólico -cerró el innombrable.
Aldo cambió el canal del televisor mudo. En la pantalla, imágenes del recinto, manos levantadas, gestos adustos.
-¿Y cómo termina esto? -preguntó Hernán, esta vez sin ironía.
Los cuatro se miraron como si la pregunta fuera un micrófono abierto.
El magistrado habló primero:
-Termina en tribunales.
El grandote:
-Termina en negociación.
El flaco:
-Termina en reconfiguración política.
El innombrable sonrió apenas:
-Nada termina. Todo se transforma.
A las ocho y cuarto, el sol se escondía en la Cordillera con la discreción de un decreto publicado un viernes a última hora.
-Nos quedamos cortos con lo de FATE -dijo el magistrado, acomodando el maletín-. No es un problema de ayer.
El grandote hizo crujir los dedos.
-Claro que no. La crisis viene de arrastre. En 2019 ya habían presentado un recurso preventivo de crisis. Eso no es un rayo en cielo sereno. Es tormenta anunciada.
El flaco asintió, más serio que de costumbre.
-El recurso preventivo es una herramienta legal para negociar suspensiones, despidos, reducción de cargas. Si una empresa lo pide es porque los números no cierran hace rato.
-Y porque quiere ganar tiempo -agregó el magistrado-. Tiempo para reestructurar o para que cambie el viento político.
El innombrable tomó un sorbo de su cortado.
-El viento puede cambiar. Los balances dibujados no tanto.
Hernán, curioso, preguntó:
-¿Pero no es culpa de las importaciones? Dicen que entran neumáticos más baratos.
El grandote se inclinó hacia él.
-Las importaciones influyen. Pero el problema es estructural. Cazaron en el zoológico durante años. Cobrando el precio que se les daba la gana por productos malos. Apalancados por subsidios y sindicalistas amigos. Ahora, tienen competencia: con precios más bajos y mejor calidad. La cuenta es sencilla.
-La cuenta económica -aclaró el flaco-. La cuenta social es otra.
-Siempre es otra -dijo el magistrado-. Y ahí entra el Estado.
El innombrable apoyó la taza.
-El Estado entra tarde y sale peor.
Hubo un silencio que pesaba más que el café.
-Miren los antecedentes -continuó el grandote-. ¿Se acuerdan de IMPSA?
El innombrable soltó una media sonrisa.
-Salvataje con dinero público, créditos blandos, promesas de reconversión. Y al final.
-Al final la curva nunca repuntó -completó el magistrado-. El Estado puso plata, la empresa sobrevivió un tiempo, pero no cambió el modelo productivo.
- Misma historia-dijo el innombrable, pronunciando con esa cadencia que usaba cuando quería que todos entendieran que hablaba en serio- crisis, intervención, ayuda pública, foto con funcionarios, y meses después otra vez al borde.
Aldo levantó la vista desde la caja. Él había servido café en todas esas etapas.
-El problema -dijo el flaco- es que políticamente nadie quiere ser el que deja caer una empresa con cientos de trabajadores. Entonces el Estado entra con subsidios, créditos, reducción de cargas.
-Y patea la pelota -interrumpió el grandote-. Porque si el negocio no es viable, no hay decreto que lo haga rentable.
El magistrado acomodó los anteojos.
-No es solo coyuntura. Es un modelo que viene tensionado hace años.
-Conflictos sindicales largos, paradas de planta, pérdida de mercados -enumeró el innombrable-. Todo suma.
-Pero tampoco es blanco o negro -defendió el flaco-. Hay países que protegen su industria.
No podemos competir con salarios asiáticos.
-No competís con salarios asiáticos -respondió el grandote-. Competís con productividad. Y con previsibilidad.
-Y con reglas claras -agregó el magistrado-. El problema argentino es que las reglas cambian cada dos años. Así no hay inversión que aguante.
Hernán miraba como si estuviera viendo una serie.
-Entonces. ¿el Estado no debería ayudar?
El innombrable lo miró fijo.
-El Estado debe decidir si quiere sostener empleo o sostener empresas. No es lo mismo. Y lo paga alguien. Siempre lo paga alguien.
-No importa. Se viene otro capítulo -dijo el flaco-. La UOM se reúne este fin de semana con un sector de la CGT. Están empujando un paro de 24 horas para el 27 de febrero. Y doce horas de movilización.
El magistrado levantó las cejas.
-Veinticuatro más doce. Treinta y seis horas de mensaje político.
El grandote bufó.
-Treinta y seis horas de costo económico.
El innombrable movió la cabeza, de lado a lado.
-Depende para quién.
El flaco apoyó los codos.
-La Unión Obrera Metalúrgica quiere mostrar músculo. Y un sector de la Confederación General del Trabajo está dispuesto a acompañar. Necesitan marcar la cancha con la reforma laboral y con el tema industrial.
-Es lógico -dijo el magistrado-. Si sienten que les tocan el modelo, reaccionan.
-Sí, pero el contexto cambió -respondió el grandote-. Hace muchos años un paro general paralizaba el país y generaba simpatía en ciertos sectores. Hoy la ciudadanía está agotada. No quiere cortes, no quiere piquetes, no quiere llegar tarde al trabajo porque alguien decidió protestar.
Hernán asintió con la cabeza.
-La gente se enoja cuando le cortan la calle, aunque sea porque la están arreglando -dijo, con la autoridad del que viaja en colectivo.
El innombrable lo miró con media sonrisa.
-La calle siempre fue el escenario del poder sindical. El problema es que ahora la calle tiene espectadores impacientes.
El flaco tomó aire.
-Pero tampoco subestimemos la capacidad de movilización. La UOM tiene estructura, delegados, fábricas. Si logran coordinar con la CGT, la foto puede ser fuerte.
-La foto -repitió el magistrado-. Seguimos hablando del pasado, cuando se usaban las fotos. ¿Y el efecto real?
El grandote fue directo:
-Es un arma de doble filo. Si el paro muestra fuerza, el Gobierno podría verse presionado. Pero si la sociedad lo percibe como una extorsión, el costo simbólico lo pagan los sindicatos.
-Y la opinión pública ya no es la de antes -agregó el magistrado-. Hay más trabajadores informales, más cuentapropistas. Gente que no se siente representada por ninguna central obrera.
El innombrable dejó la cucharita sobre el plato con un sonido seco.
-El sindicalismo tradicional representa a un universo cada vez más chico. Pero actúa como si representara a todos.
Aldo, desde la caja, murmuró:
-Y todos toman café igual.
Nadie respondió, pero todos entendieron.
-Además -continuó el magistrado-, un paro el 27 de febrero, con movilización incluida, en medio del debate por la reforma laboral y la crisis industrial. puede reforzar la narrativa oficial de que los sindicatos se resisten a cualquier cambio.
-Exacto -dijo el grandote-. Le pueden estar haciendo el trabajo gratis al Gobierno.
El flaco se acomodó la ropa.
-Aunque también pueden obligar a negociar. La historia argentina muestra que muchas leyes se moderaron por presión sindical.
-La diferencia -intervino el innombrable- es que antes el paro era visto como defensa de derechos. Ahora, la mayoría lo ve como defensa de privilegios.
Hernán frunció el ceño.
-¿Y ustedes creen que les juega en contra?
El flaco dudó, algo raro en él.
-Depende de cómo lo comuniquen. Si logran instalar que es por la industria, por el empleo, por casos como FATE. puede sumarles apoyo.
-Si la gente queda varada en un puente bajo el sol -replicó el grandote-, no va a pensar en la industria. Va a pensar en quién le arruinó el día.
El magistrado cerró el círculo:
-El conflicto social siempre es incómodo. La pregunta es si el malestar se dirige contra el Gobierno o contra quien protesta.
El innombrable tomó aire, como quien anticipa la próxima jugada.
-El sindicalismo está ante un dilema. Si no protesta, pierde relevancia. Si protesta demasiado, pierde legitimidad.
Afuera, una moto pasó acelerando, rompiendo la quietud.
-Y en el medio -dijo Aldo, contando el cambio- está la gente que solo quiere trabajar y llegar a fin de mes.
-Lo de Unión Personal parece no tener fin -agregó Gastón, con el celular en la mano-. El problema explotó en Buenos Aires. Pero en el interior venía mal hace rato.
El grandote asintió
-Cuando la crisis llega a la Ciudad Autónoma, recién se vuelve noticia nacional. Antes es "una dificultad administrativa".
El flaco cruzó los brazos.
-Estamos hablando de más de 700 mil afiliados. No es un kiosco. Es una estructura gigantesca.
-La Unión del Personal Civil de la Nación siempre fue uno de los sindicatos más grandes del país -repasó el innombrable-. Y su obra social, Unión Personal, junto con la prepaga Accord Salud, movían una caja enorme.
-¿Movían? -preguntó el grandote, subrayando el pasado. -¿Tan grave es?
El magistrado tomó la palabra como si estuviera leyendo un expediente.
-Cierre de sucursales en el interior. Centros de atención que bajan persianas. Despidos. Profesionales a los que se les deben prestaciones. Pagos cortados. Cuando el médico deja de atender porque no le pagan, el sistema entra en terapia intensiva.
-Y ahora el ruido llegó a Buenos Aires -agregó el innombrable-. Afiliados denunciando falta de cobertura. Turnos que no se consiguen. Prestadores que suspenden servicios.
El flaco apoyó los codos.
-El problema de las obras sociales sindicales es estructural. Dependen de aportes salariales. Si el empleo formal cae o los salarios pierden contra la inflación, la caja se achica. Pero los costos médicos suben siempre por encima.
-Súmale mala administración -dijo el innombrable-, la tormenta es perfecta.
-Lo que preocupa -continuó el magistrado- es la magnitud. No estamos hablando de una obra social chica. Estamos hablando de una de las más grandes del país. Si entra en crisis profunda, el impacto es sistémico.
-Y político -agregó el flaco-. Porque cuando un sindicato de ese tamaño tambalea, no es solo un problema sanitario. Es poder.
El innombrable frunció el ceño.
El flaco lo miró, cansado.
El jueves ya estaba en su tramo final. Las tazas vacías, las migas de medialuna y el murmullo de la cafetera componían una escena casi doméstica. Habían pasado por espectáculos -una separación ruidosa en la farándula porteña-, por fútbol -la paciencia en torno a Gallardo en River y el desconcierto crónico de Boca- y por esos temas livianos que sirven de entrada antes del plato fuerte.
El plato fuerte, esa noche, era un medio de comunicación.
-Lo de la radio en Mendoza es fascinante -dijo el grandote, con una sonrisa que anticipaba chisme-. Es mejor que cualquier serie.
El flaco se inclinó hacia adelante.
-Históricamente fue señalada como cercana a Macri.
El magistrado lo corrigió, seco:
-Desde el principio.
El innombrable levantó la vista, apenas.
Hernán, que fingía acomodar las sillas vecinas para escuchar mejor, preguntó:
-¿Y qué pasó ahora?
El grandote se relamió.
-El año pasado sumaron como director a un periodista conocido en el ambiente como militante K. Sin matices. Si lo leés en redes sociales, te recomiendo que antes te tomes un calmante si no te gusta el Kirchnerismo.
-Un volantazo editorial -dijo el magistrado-. Y no menor.
El flaco enumeró con los dedos:
-Renuncias en cadena. Se fueron figuras históricas. Conductores con nombre propio. Columnistas con audiencia fiel. Y, lo más grave, el equipo de producción.
-Sin productores no hay radio -sentenció Aldo desde la caja, como quien habla por experiencia en cualquier negocio.
El innombrable asintió.
-La producción es el sistema nervioso. Sin eso, el conductor improvisa. y la audiencia lonota.
-Se quedaron con un plantel más chico, menos conocido, más barato -continuó el flaco-. Y encima con una línea editorial que no tiene nada que ver con la tradición del medio.
-Resultado -dijo el magistrado-: caída de audiencia.
El grandote hizo un gesto teatral.
-Entonces la pregunta es obvia: ¿cuál es la jugada?
Silencio. El ventilador giró como si quisiera participar.
-Puede haber varias hipótesis -arrancó el magistrado-. Una: reconfiguración estratégica.
Cambiar el perfil para captar otro segmento de público.
-Pero eso se hace gradualmente -objetó el flaco
-Dos -siguió el magistrado-: alineamiento político en un nuevo escenario nacional. Los medios no viven en una burbuja.
El grandote agregó:
-Tres: necesidad financiera. A veces el respaldo no es ideológico, es económico.
El innombrable habló sin levantar la voz.
-O cuatro: exceso de confianza.
Todos lo miraron.
-Creer que la audiencia es cautiva. Que podés cambiar el ADN sin consecuencias.
Hernán apoyó las manos en la mesa.
-¿Y si está viendo algo que ustedes no ven?
El flaco sonrió.
-Puede ser. Tal vez está apostando a un reordenamiento político. A una audiencia que todavía no se expresa.
-O tal vez metió los dedos en el enchufe -remató el grandote.
Aldo dejó un plato limpio sobre la barra.
-En los medios de comunicación, el tiempo es cruel. Si la audiencia se va, no siempre vuelve.
El magistrado acomodó los anteojos.
-El problema no es solo ideológico. Es profesional. Si te quedás sin productores, sin columnistas sólidos, sin estructura. el contenido se resiente.
-Y la radio vive de contenido -dijo el flaco.
El innombrable se puso el saco, lento.
-En política, los movimientos bruscos pueden ser audaces. En comunicación, suelen ser suicidas. A veces el Poder cambia de manos sin que la audiencia lo note y, a veces, la audiencia cambia de dial sin que el Poder lo entienda.
-Entonces -preguntó Hernán-, ¿estrategia brillante o error garrafal?
El grandote se levantó primero.
-Eso lo dirá el tiempo y el rating. Pero reconozcamos que siempre nos ha sorprendido.
El flaco miró el celular, como si buscara números que todavía no estaban.
El innombrable fue el último en salir.
Y Pagaron en efectivo. Siempre en efectivo.
Aldo contó los billetes. Hernán apagó una de las luces.
Afuera, la ciudad seguía su rutina nocturna. En algún estudio de radio, una luz roja indicaba "al aire". En la cafetería, la discusión había terminado, pero la pregunta quedaba flotando, como el vapor del último café: ¿jugada maestra. o cortocircuito?
El jueves siguiente, a las siete en punto, volverían a intentar descifrarlo. Porque en esa mesa el chisme nunca es solo chisme: es política con micrófono. Y la política no se resuelve: se conversa. Y a veces, apenas a veces, se anticipa.