Con más del 99% de los votos contados, solo 32.909 votos separan a los candidatos; el jurado electoral revisa las actas impugnadas, lo que extiende los plazos de proclamación.
Keiko Fujimori, candidata conservadora, mantiene una ventaja de más de 32.900 votos sobre el progresista Roberto Sánchez en el lento recuento de la segunda vuelta presidencial de Perú. La autoridad electoral ha indicado que los resultados oficiales podrían demorarse hasta mediados de julio.
Con más del 99% de las actas escrutadas, Fujimori, de Fuerza Popular, obtiene el 50,09% de los votos, frente al 49,91% de Sánchez, de Juntos por el Perú, según el cómputo preliminar de la ONPE. Esta contienda se perfila como una de las más ajustadas en la historia reciente del país.
El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) está revisando más de 800 actas observadas e impugnadas. La vocera, Grecia Rentería, señaló que la proclamación del ganador podría ser a mediados de julio, aunque inicialmente se esperaba para principios de mes. El nuevo presidente debe asumir el 28 de julio.
La lentitud del escrutinio se debe al sistema electoral peruano, que requiere el traslado físico de cada cédula y acta desde los centros de votación y la revisión de impugnaciones.
Simpatizantes de Sánchez han marchado pacíficamente para "defender el voto". El candidato izquierdista, respaldado por el expresidente Pedro Castillo, denunció supuestas irregularidades y solicitó la anulación de 400.000 votos emitidos en el extranjero, petición que fue rechazada. Sánchez viajó a Cusco, uno de sus bastiones, donde reiteró sus cuestionamientos al proceso.
Por su parte, Fujimori ha pedido respetar el proceso electoral y las normas. Informó que se ausentó del país por motivos familiares, pero se mantiene en contacto con su equipo.
Las misiones de observación electoral de la OEA y la Unión Europea coincidieron en que los comicios fueron normales y exhortaron a esperar los resultados oficiales.
Los mercados financieros se recuperaron la semana pasada, tras una liquidación previa a las elecciones, debido al temor de que las políticas del candidato de izquierda afectaran la estabilidad económica.