Buscan un entendimiento a corto plazo, pero sin resolver las cuestiones más candentes como el plan nuclear iraní. A Donald Trump se le acaba el tiempo.
A dos meses y medio del comienzo de la guerra en Medio Oriente, el frágil cese el fuego y el escaso avance en las negociaciones bilaterales entre Estados Unidos e Irán amenazan con llevar el conflicto a un peligroso estancamiento.
Entre ataques esporádicos y amenazas recurrentes, la región alberga a una "guerra inconclusa" que dejó más dudas que certerzas y que puso al mundo en una difícil encrucijada energética con el virtual bloqueo del estratégico estrecho de Ormuz.
"Nos encontramos en una situación de 'ni paz ni guerra', que no beneficia a ninguna de las partes", resumió el analista egipcio Mehran Kamrava, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Georgetown, en Qatar.
La región se mantiene bajo un débil alto el fuego desde el 8 de abril, aunque las persistentes denuncias de nuevos ataques y los nulos avances en las conversaciones dejaron la tregua "en estado crítico", según el presidente estadounidense, Donald Trump.
Más allá de sus continuas amenazas de retomar los ataques y de su enorme supremacía militar, el mandatario republicano sabe que carece de tiempo para terminar la guerra en el terreno. Se le viene encima la campaña para las elecciones de medio término convocadas para noviembre y necesita ponerle un punto final a las hostilidades. Quiere negociar un acuerdo preliminar, aunque sea parcial y que dejaría sin resolver las cuestiones más candentes como la política nuclear y los misiles balísticos iraníes.
Necesita imperiosamente "algo" que le permita declarar su victoria total para consumo interno, en un escenario electoral desfavorable para su partido Republicano.
El gobierno de los ayatolás, por el contrario, tiene todo el tiempo del mundo. Sabía desde el principio que no podía ganar la guerra. Su principal objetivo, ya alcanzado, era su supervivencia, más allá de los duros reveses y pérdidas. Ahora, juega el juego que más conoce y que mejor resultado le ha dado en las últimas décadas: postergar lo más posible cualquier arreglo que involucre ceder a su plan nuclear y exigir hasta lo imposible.
"Los únicos perjudicados son los iraníes que han tenido que soportar bombardeos y dificultades económicas sin precedentes. El fin de la guerra depende exclusivamente de las decisiones de Trump sobre cuándo la dará por terminada", dijo Kamrava.
Los negociadores de ambas partes, bajo mediación de Pakistán, siguen intentando armar un memorándum de entendimiento a corto plazo. Ya ni siquiera buscan un acuerdo de paz duradero. Pero nadie está dispuesto a ceder.
"El marco en discusión tendría como objetivo detener los combates, estabilizar el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz y abrir un período de negociación de 30 días, dejando sin resolver las principales disputas sobre el programa nuclear iraní, su arsenal de misiles balísticos, sus redes de aliados y el mayor control sobre el paso marítimo", afirmó un análisis publicado por The Media Line, un sitio estadounidense especializado en Medio Oriente.
El escenario que imaginó Trump de una guerra rápida y el desmoronamiento del régimen iraní, impulsado por Israel, no se cumplió.
"La estrategia estadounidense en general arrojó resultados inciertos. El régimen iraní sobrevivió, su capacidad misilística resultó dañada pero no eliminada, y el destino de sus reservas de uranio enriquecido quedó sin resolver. Su posición regional se debilitó pero no se quebró. En lugar de producir una rendición diplomática decisiva, la guerra obligó a Washington a retomar las negociaciones bajo la presión de los aliados del Golfo, los mercados energéticos y la interrupción del transporte marítimo", resumió el informe.
Trump sabe que no puede negociar hoy una paz duradera sin recurrir otra vez a las armas. Su estrategia pasa por gestionar la crisis bajo una fuerte presión de sus aliados del Golfo y de su propio partido.
En tanto, Teherán insiste en su plan de 14 puntos que incluye el fin de la guerra en todos los frentes, incluido Líbano, el cese del bloqueo naval estadounidense a los puertos iraníes y la liberación de todos sus activos congelados en el extranjero por sanciones vigentes desde hace años.
Pero Trump juzgó este planteo como "totalmente inaceptable" y prefirió recostarse sobre su poderío militar. "Hemos aniquilado su Armada. Hemos aniquilado su Fuerza Aérea. Es solo cuestión de tiempo. No tenemos por qué apresurar nada. Mantenemos un bloqueo que les niega el acceso a cualquier tipo de dinero", afirmó.
Pero la guerra no es gratis. No solo sube el precio del crudo con el consecuente impacto en la economía mundial. El Pentágono estimó este martes en 29.000 millones de dólares el costo de la guerra, unos 4000 millones más que los reconocidos hace dos semanas.
El electorado estadounidense no solo sufrió el aumento del precio de la gasolina y los fertilizantes. El Índice de Precios al Consumo (IPC) aumentó en abril hasta el 3,8 % interanual, el nivel más alto desde mayo de 2023. La cifra está ligeramente por encima de las estimaciones de mercado, que preveían el encarecimiento de la energía por la guerra.
Es un panorama interno muy complejo para el partido Republicano. Faltan poco más de cinco meses para las elecciones de medio término en Estados Unidos que marcarán el rumbo del segundo tramo de la presidencia de Trump. Una "guerra inconclusa", o en curso, podría representar un duro golpe electoral para el presidente norteamericano.
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