Mundo Historia de vida

La mujer que desafió al Canal de la Mancha y a toda una época

Con el impulso decisivo de una revista inglesa, un vínculo familiar y el apoyo de Eva Perón, Enriqueta Corina Duarte Ibarra García  

Viernes, 8 de Mayo de 2026

La vida de Enriqueta Duarte parece escrita para una película. Fue pionera del deporte argentino, figura cercana al peronismo, víctima de persecución política, sobreviviente de violencia de género y una mujer que nunca dejó de nadar, ni siquiera cuando la vida intentó hundirla.

Nació el 26 de febrero de 1929 en Buenos Aires y jamás imaginó que terminaría convirtiéndose en una leyenda de la natación mundial. Su llegada al deporte ocurrió casi por casualidad, cuando un médico recomendó que ella y su hermano practicaran actividad física porque estaban "raquíticos". Así comenzó todo, en las piletas de Obras Sanitarias.

La chica que descubrió su destino en el agua

Al principio, la natación no le despertaba demasiada pasión. Pero el talento apareció rápido. Su entrenador detectó condiciones excepcionales y comenzó a prepararla para la competencia.

Desde su debut oficial en 1942, Enriqueta empezó a acumular triunfos en torneos nacionales y rápidamente se convirtió en una de las grandes promesas argentinas. Años más tarde llegó a competir en los Juegos Olímpicos de Londres 1948, experiencia que marcaría su carácter y también su mirada crítica sobre las desigualdades dentro del deporte.

Sin embargo, lo más grande todavía estaba por llegar.

El sueño imposible: cruzar el Canal de la Mancha

Todo comenzó cuando escuchó hablar de un nadador argentino que había logrado cruzar el Canal de la Mancha. Ese mismo día decidió que ella también lo haría.

La oportunidad apareció gracias a contactos familiares y a una revista inglesa que organizaba la competencia. Pero faltaba algo fundamental: el dinero para viajar a Europa.

Ahí apareció una figura clave en su historia: Eva Perón.

La entonces primera dama apoyó personalmente el proyecto y le consiguió los recursos necesarios para competir en Inglaterra. Enriqueta siempre recordaría aquel gesto como decisivo.

"Ella ya estaba enferma, pero nos dio todo para viajar", contó años después.

El 16 de agosto de 1951, Enriqueta Duarte hizo historia. Nadó durante 13 horas y 26 minutos y se convirtió en la primera mujer sudamericana en cruzar el Canal de la Mancha, además de superar el récord latinoamericano masculino.

"Veía Inglaterra en cada brazada", recordaría emocionada durante toda su vida.

Aquella hazaña la transformó en una celebridad nacional.

Peronismo, deporte y persecución

Enriqueta no ocultaba su cercanía con el peronismo. Admiraba profundamente a Eva Perón y participó activamente en el Ateneo Deportivo Femenino Evita, creado para impulsar el deporte femenino.

También estaba afiliada al Partido Peronista Femenino y mantenía una relación cercana con el gobierno de Juan Domingo Perón.

Pero el golpe militar de 1955 cambió su vida para siempre.

La llamada Revolución Libertadora prohibió símbolos y figuras vinculadas al peronismo. Muchos deportistas fueron perseguidos y sancionados. Enriqueta fue una de ellas.

Le impidieron competir y terminó exiliándose en Inglaterra.

El amor que terminó en dolor

La historia personal de Enriqueta también estuvo atravesada por profundas heridas emocionales.

Durante su estadía en Europa conoció a quien sería su esposo. Él decía ser médico, aunque años después ella descubrió que ni siquiera tenía el título.

Tuvieron tres hijos, pero la relación terminó convirtiéndose en una pesadilla marcada por mentiras, infidelidades, violencia y amenazas.

Enriqueta denunció que sufrió maltrato físico y psicológico, además de un presunto intento de asesinato mediante una fuga de gas en su vivienda.

"Me quedé con ese dolor", confesó alguna vez al recordar también al gran amor de su vida, el atleta Enrique Kistenmajer, con quien no se animó a construir una relación definitiva.

En medio del divorcio, incluso llegó a ser detenida por vender libros de medicina de su exmarido para poder alimentar a sus hijos.

El exilio en Venezuela y una nueva vida

Poco antes de la última dictadura militar argentina, Enriqueta decidió marcharse a Venezuela.

Allí comenzó otra etapa completamente distinta. Trabajó para la aerolínea Pan Am y logró convertirse en directora regional de la compañía, con una exitosa carrera empresarial.

Pero jamás abandonó el agua.

Siguió compitiendo como nadadora máster y ganó torneos nacionales e internacionales incluso en edad avanzada. También organizó históricas competencias de aguas abiertas en el sur argentino, como el cruce del Lago Nahuel Huapi.

Nadó hasta los 91 años.

Los reconocimientos llegaron tarde

Durante décadas, su nombre permaneció prácticamente olvidado en Argentina. Recién a partir de los años 2000 comenzó a recibir homenajes oficiales.

El Senado argentino la distinguió por su trayectoria, fue reconocida por la Ciudad de Buenos Aires y hasta Racing Club bautizó con su nombre la pileta principal del estadio en homenaje a aquella travesía histórica realizada con el escudo académico sobre el pecho.

En sus últimos años vivió en un convento en el barrio porteño de Liniers. Ya no podía caminar, pero mantenía intacta la memoria y las ganas de contar sus historias.

Murió a los 96 años dejando una vida atravesada por el deporte, la política, el amor, el dolor y la resiliencia.

"Ya alcancé todos mis sueños", decía hacia el final de su vida.

Y quizás tenía razón. Porque Enriqueta Duarte no solo cruzó el Canal de la Mancha: atravesó casi un siglo de historia argentina sin dejar jamás de luchar contra la corriente.