Mundo Historia de vida

La última cabina: la mujer que se niega a colgar la historia

Su nombre es Shen Yuxiu y tiene 83 años. Desde hace más de tres décadas trabaja en la última cabina telefónica pública

Lunes, 27 de Abril de 2026

Hubo un tiempo en el que comunicarse a distancia implicaba detenerse en la calle, entrar a una pequeña cabina y marcar un número con la expectativa del otro lado. Ese ritual, que parecía eterno, fue desapareciendo con el avance de la tecnología. Pero en Shanghái, una mujer decidió no dejarlo ir.

Su nombre es Shen Yuxiu y tiene 83 años. Desde hace más de tres décadas trabaja en la última cabina telefónica pública atendida por una persona en la ciudad. Está ubicada en la calle Fuzhou, en el distrito de Huangpu, donde los vecinos la conocen como "la princesa de la cabina telefónica".

La historia comenzó en 1993, cuando la cabina abrió sus puertas como un pequeño centro de comunicación en plena vía pública. En ese momento, el lugar tenía varios empleados y una gran cantidad de clientes que dependían de esas líneas para hablar con familiares, hacer trámites o resolver urgencias. Shen ingresó ese mismo año en el área contable, sin imaginar que ese espacio terminaría marcando su vida.

Con el paso del tiempo, los celulares transformaron los hábitos. La gente dejó de usar las cabinas, el flujo de clientes cayó y el negocio perdió relevancia económica. Los empleados se fueron retirando, hasta que solo quedó ella.

Aun así, decidió quedarse.

"De todos modos, no ganás mucho dinero con esto, así que abandonalo ya", le repetían. Pero Shen eligió otro camino.

La cabina dejó de ser un trabajo para convertirse en un propósito. "Tengo una pensión, no dependo de esto, pero siempre es bueno que la gente haga llamadas", explicó, dejando en claro que su motivación ya no era económica.

Cada día pasa horas dentro de ese pequeño habitáculo vidriado de cinco metros cuadrados, atendiendo dos líneas telefónicas que aún siguen activas. Para muchos puede parecer un vestigio del pasado, pero para ella es una forma de mantenerse conectada con el presente.

Con el tiempo, la cabina se transformó en algo más que un servicio. Es un punto de encuentro, un lugar de ayuda para quienes lo necesitan, y también un refugio personal.

Mientras la ciudad avanza, Shen Yuxiu permanece. Sosteniendo una rutina que resiste al olvido y manteniendo viva una tradición que, aunque ya no sea necesaria, todavía tiene sentido para quienes creen en el valor de estar disponibles para otros.