The Wall Street Journal tuvo acceso a documentos del Ejército que muestran cómo Tel Aviv busca erosionar la estructura interna de control de la república islámica
Israel aseguró el miércoles haber asesinado a otro alto funcionario iraní, el tercero en dos días después de haber matado al principal funcionario de seguridad del régimen islámico, Ali Larijani, y al jefe de la fuerza Basij de la Guardia Revolucionaria paramilitar, Gholamreza Soleimani.
El ministro israelí de Defensa, Israel Katz, dijo que el ministro de Inteligencia de Irán, Esmail Khatib, había sido asesinado en un ataque durante la noche y prometió "sorpresas significativas a lo largo de este día en todos los frentes", sin dar más detalles.
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Las preocupaciones por el suministro energético mantienen elevado el precio del crudo. Mientras tanto, los mercados están atentos a la conferencia de la Reserva Federal de esta tarde.
Katz también explicó que él y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, habían autorizado al Ejército a atacar "a cualquier alto funcionario iraní para el que se haya cerrado el círculo de inteligencia y operativos, sin necesidad de aprobación adicional".
Tras el ataque conjunto entre Estados Unidos e Israel que dio inicio a la guerra contra Irán y mató al entonces líder supremo del régimen islámico, Ali Khamenei, Tel Aviv se concentró en atacar sistemáticamente tanto a la cúpula como a los miembros de base de la república islámica con la esperanza de erosionar sus estructuras internas de control.
El mismo día, Israel recibió información de civiles iraníes que indicaba que el líder de la temida milicia Basij, Soleimani, se escondía con sus subordinados en una carpa en una zona boscosa de Teherán. El oficial murió en el lugar.
Con miles de miembros del régimen muertos, desde altos funcionarios hasta efectivos de base, el desconcierto empieza a instalarse en Irán. Las fuerzas de seguridad están bajo presión y en retirada, pero mantienen sus amenazas para evitar que los iraníes salgan a manifestarse y continúan sus ataques en la región.
Los documentos revisados por The Wall Street Journal muestran que la ofensiva que empezó en los primeros días de la guerra continúa intensificándose, mientras Israel persigue a las fuerzas de seguridad desde sus cuarteles hasta los puntos de reunión y escondites, en un intento de interrumpir su actividad y convencer a los iraníes de que los agentes represivos están siendo eliminados.
Hasta ahora, Israel afirma haber lanzado 10.000 ataques sobre miles de objetivos en toda la república islámica, incluidos más de 2200 vinculados a la Guardia Revolucionaria, la milicia Basij y otras fuerzas de seguridad interna. Según sus estimaciones, miles han muerto o resultado heridos.
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Lo resolvió la Cámara de Apelaciones de Nueva York, hasta que se defina la cuestión de fondo.
Después del golpe inicial y el asesinato de Khamenei, Estados Unidos orientó sus esfuerzos en destruir el poder militar e industrial iraní, mientras Israel se concentraba en apuntar las estructuras internas de control.
Para el segundo día, los aviones de combate israelíes atacaban sistemáticamente cuarteles y centros de mando vinculados a los brazos de seguridad interna de la Guardia Revolucionaria, la milicia Basij y fuerzas policiales especiales.
Los documentos que revisó el medio norteamericano muestran que los ataques alcanzaron desde una unidad especial encargada de proteger la capital iraní, con el nombre de Tharallah, hasta comisarías de barrio en Teherán. Israel apuntó a múltiples ubicaciones donde su inteligencia había determinado se reunía personal del régimen.
Los servicios de inteligencia israelíes descubrieron posteriormente que Irán concentraba a sus fuerzas de seguridad en complejos deportivos locales, un plan de contingencia diseñado para el caso de que sus instalaciones fueran atacadas.
Tel Aviv esperó que esos complejos se llenaran, y los bombardeó antes de que terminara la primera semana de la guerra.
Según las evaluaciones de daños presentes entre los documentos, esos ataques fueron algunos de los más letales en lo que va del conflicto, con cientos de miembros de las fuerzas de seguridad y militares muertos, la gran mayoría en el estadio Azadi de Teherán.
Las autoridades del régimen iraní denunciaron los ataques como dirigidos contra objetivos civiles, y los medios estatales publicaron imágenes de los daños sin mencionar la presencia de fuerzas de seguridad.
Según los informes, los ataques afectaron la moral de las bases y llevaron a algunos efectivos a dormir en sus vehículos, mezquitas u otras instalaciones deportivas.
Fuente: La Nación