Dejó su país natal para estudiar en Estados Unidos, donde conoció a su marido, se casó y hoy son padres de una niña.
La historia de Aditya Madiraju es la de alguien que pasó años alejándose de lo que amaba, hasta que la vida -y el amor- lo empujaron de regreso a su verdadera vocación. Nació en 1988 en Nueva Delhi, India, y desde muy pequeño mostró una fascinación poco común para su entorno: el maquillaje. Esa curiosidad nació en la intimidad de su casa, observando cada día cómo su madre se pintaba los labios con un lápiz labial rojo. Aunque no era habitual que un niño se interesara por la cosmética, Aditya se animó a experimentar y, con el tiempo, fue perfeccionando su técnica a escondidas, mirando tutoriales en Internet. Para él, maquillarse era un refugio, un espacio creativo que le daba satisfacción y libertad. "Lo tomé como mi escape artístico", contaría años después.
Al terminar el colegio, su vida tomó un rumbo completamente distinto. Se mudó a Chicago, Estados Unidos, donde estudió innovación empresarial y tecnología alimentaria en el Instituto de Tecnología de Illinois, una elección que nada tenía que ver con su pasión de infancia. Esa formación lo llevó a ingresar a una reconocida compañía financiera, donde llegó a ocupar un alto cargo en el área de gestión de riesgos. El trabajo le dio estabilidad económica y prestigio profesional, pero el maquillaje siguió siendo una actividad secreta, reservada para sus ratos libres, sin imaginar que algún día se convertiría en su sustento.
Todo cambió en 2016, durante el cumpleaños de un amigo. Allí conoció a Amit Shah, un joven estadounidense de ascendencia india con quien sintió un flechazo inmediato. La relación avanzó rápido y, tres años más tarde, cuando ya vivían juntos en Nueva Jersey, decidieron casarse. El 18 de julio celebraron una boda Desi, una ceremonia tradicional del sur asiático que se extendió durante varios días, con rituales religiosos, música, baile y una fuerte carga simbólica. Al compartir las imágenes en redes sociales, ocurrió algo inesperado: las fotos se volvieron virales a nivel mundial. No solo por tratarse de una boda entre dos hombres, sino por la autenticidad de los momentos capturados y por haberse realizado bajo observancia religiosa, algo poco frecuente para el colectivo LGBTQ del sur de Asia.
De un día para otro, Aditya pasó de tener 800 seguidores en Instagram a más de 20.000. Por primera vez, vio una oportunidad concreta de mostrar aquello que lo había acompañado desde niño. Al principio dudó, pese a su conocimiento y a la audiencia creciente, pero fue su esposo quien lo impulsó a dar el salto. "¿Qué más te da miedo?", le dijo, recordándole que ya estaba en el centro de la escena pública. Así, Aditya comenzó a compartir consejos y trucos de maquillaje, grabando videos por la noche después de extensas jornadas laborales en la financiera. El esfuerzo dio resultados: sus seguidores crecían sin parar.
En 2023, la pareja cumplió otro sueño al convertirse en padres mediante un proceso de fertilización in vitro. El nacimiento de su hija, Yana, le dio una nueva dimensión a su vida, pero también lo obligó a replantearse prioridades. Un año después, y tras una conversación clave con su esposo, Aditya entendió que había llegado el momento de elegir. En marzo de 2024 renunció a su prestigioso empleo en finanzas y se dedicó de lleno a crear contenido de belleza.
La decisión no tardó en confirmarse como acertada. Sus redes se llenaron de tutoriales sobre labios, rubor y cejas, y su comunidad creció de manera exponencial. Hoy, Aditya Madiraju suma casi cinco millones de seguidores entre Instagram, Facebook, YouTube y TikTok, y vive cómodamente de su actividad. El camino, sin embargo, no está libre de obstáculos: como hombre en una industria predominantemente femenina, recibe con frecuencia comentarios de odio. Lejos de detenerse, aprendió a convivir con ellos e incluso a resignificarlos, tomándolos con ironía.
A pesar de todo, Aditya asegura que se divierte, que recibe mucho más amor que rechazo y que no piensa abandonar aquello que lo apasiona. Sueña con crear contenido que trascienda el tiempo y, algún día, lanzar su propia marca de belleza. Por ahora, su prioridad es otra: disfrutar de su hija y no ser recordado como alguien que siempre estuvo ocupado trabajando. Su historia es, en definitiva, la prueba de que a veces el éxito llega cuando uno se anima a volver a aquello que amó desde el principio.