A casi un mes de la captura de Nicolás Maduro por una operación militar estadounidense, crecen señales de mayor audacia social y mediática: reclamos estudiantiles, discusiones en redes y una aparición inédita de María Corina Machado en la TV abierta. Pero la amenaza de Diosdado Cabello reactivó la idea de que la apertura puede cerrarse de un momento a otro.
De a poco y con cautela, sectores de la sociedad venezolana empiezan a moverse con más margen. En un clima político todavía tenso, marcado por la transición que siguió a la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, periodistas, estudiantes e influencers ensayan gestos que hasta hace semanas parecían impensables bajo la censura y la autocensura del chavismo.
Uno de los primeros episodios que encendió esa sensación ocurrió en la Universidad Central de Venezuela, cuando el presidente de la federación estudiantil encaró a Delcy Rodríguez -presidenta encargada- para reclamar por la liberación de presos políticos. El video se viralizó y, para organizaciones de derechos humanos, reflejó una sociedad que "intenta ampliar el ejercicio de sus derechos, pero con cautela", aún con temor a represalias.
La señal más fuerte llegó desde la pantalla: el canal privado Venevisión emitió declaraciones de la líder opositora María Corina Machado desde Washington, en lo que fue la primera mención relevante de la dirigente en TV nacional en años. En un país donde la cobertura opositora suele estar restringida, la aparición funcionó como una prueba pública de hasta dónde podía correrse el cerco.
El mandatario también indicó que compañías petroleras de Estados Unidos visitarán el país caribeño para explorar proyectos.
La reacción del ala dura fue inmediata. Diosdado Cabello, ministro del Interior y figura clave del aparato de seguridad, lanzó una advertencia en su programa "Con el mazo dando", interpretada como un mensaje directo al canal y al Grupo Cisneros. Tras ese episodio, el canal no volvió a poner en el aire a Machado, un retroceso que volvió a poner sobre la mesa la fragilidad de cualquier gesto de apertura.
Mientras tanto, la presión social por la situación de los detenidos se mantiene como termómetro del momento: la ONG Foro Penal viene reportando excarcelaciones verificadas en enero, con cifras que difieren de las difundidas por el oficialismo. En esa disputa de números, activistas y analistas coinciden en un punto: hay una sensación de "respiro" respecto de semanas anteriores, pero sin garantías de cambios estructurales y con un poder interno -encarnado en Cabello- que todavía puede marcar el límite.