Mundo Historia de vida

Del dolor al cuidado: la mujer que eligió acompañar hasta el final

Analía Duo empezó la carrera de enfermería a los 40 años y creó una asociación civil sin fines de lucro que brinda cuidados paliativos a pacientes oncológicos.

Miercoles, 28 de Enero de 2026

"Necesitaba hacer algo por el resto desde mi lugar". Esa frase resume el punto de inflexión en la vida de Analía Duo, cuando a los 40 años decidió estudiar enfermería y cambiarlo todo. No fue un impulso aislado, sino el resultado de una vida marcada por el arte, la maternidad y, sobre todo, por una profunda sensibilidad hacia el dolor ajeno. Desde muy joven se dedicó a la pintura, incluso mientras criaba a sus cinco hijos -Alan, Sol, Katia, Derek y Gracia-, pero había algo más que empezaba a reclamarle atención.

Dos experiencias personales terminaron de definir su camino: la muerte de su hermana mayor a causa del cáncer y la depresión que atravesó su marido, Pablo. Esas heridas la empujaron a mirar alrededor, a salir de su propia rutina y a preguntarse cómo podía ayudar. Así, en 2014, recorrió su barrio de Hurlingham buscando un espacio donde ser útil y comenzó como voluntaria en un centro de día para adultos con discapacidad mental, donde enseñaba pintura. Allí descubrió el valor de estar presente, de acompañar más allá de las limitaciones, y pasó dos años entregando tiempo y escucha.

En 2016 dio un paso más. Todos los viernes viajaba más de 50 kilómetros hasta el Hospice Madre Teresa, en Luján, donde se alojaban personas con enfermedades terminales. Ese espacio, que muchos imaginan como una antesala de la muerte, le mostró algo muy distinto. Allí vio a una enfermera peinar con delicadeza a un paciente en sus últimos días y comprendió que ese gesto mínimo era, en realidad, un acto inmenso de amor. Lo que parecía una casa para morir, era una casa donde se respiraba vida.

Analía supo entonces que la pintura ya no alcanzaba. Quería formarse, aprender, cuidar con herramientas concretas. Necesitaba estudiar, pero también necesitaba hacerlo en un lugar accesible, porque tenía hijos a cargo y no podía costear una nueva carrera. En 2017 comenzó enfermería en la Escuela del municipio de Ituzaingó, una decisión que marcó el inicio de su inmersión definitiva en el mundo de los cuidados paliativos. Mientras estudiaba, hizo prácticas en el Hospital de Moreno y se sumó como voluntaria al Hospice Buen Samaritano, en Pilar.

Con el tiempo entendió que el acompañamiento paliativo no es solo para el final, sino para todo el proceso de la enfermedad. Recibir a una persona desde el diagnóstico, trabajar en red con médicos, psicólogos y trabajadoras sociales, y atender también la dimensión espiritual se volvieron pilares de su forma de cuidar. En el hospice, explica, el objetivo es que el paciente viva dignamente hasta el último día, que conserve su identidad, sus gustos, su historia.

Uno de los vínculos que más la marcó fue el de Tito, un hombre con cáncer avanzado al que encontraron viviendo en condiciones de abandono extremo. Ese mismo día decidieron trasladarlo a un hospice. Durante tres meses, Tito tuvo por primera vez una cama con su nombre, cuidados permanentes y personas que se preocupaban por él. Su transformación fue profunda. Para Analía, esas historias son las que renuevan el alma y dan sentido a cada jornada.

La muerte dejó de ser un tabú en su vida. No la esquiva ni la romantiza: la enfrenta. Esa mirada se fortaleció con su fe, pero también con el golpe más duro que puede atravesar una madre. El 21 de marzo de 2021, su hijo Alan murió de manera súbita a los 22 años. El dolor fue devastador. Lloró, gritó, escribió, transitó el duelo a su propio ritmo. Acompañar a otros, después de un tiempo, también se convirtió en parte de su sanación.

Para Analía, la muerte y la vida están íntimamente conectadas. La muerte duele, es injusta y desgarra, pero también ordena prioridades y obliga a vivir mejor. En los cuidados paliativos conviven la tristeza por la partida y la alegría de saber que una persona pudo cerrar su historia como quiso, acompañada y respetada.

Convencida de que aún hay muchos mitos y desconocimiento alrededor de los paliativos, insiste en la formación y en la difusión. En Argentina, solo una pequeña parte de quienes los necesitan acceden a estos cuidados. Para ella, acompañar con competencia y compasión no debería ser un privilegio, sino un derecho.

De esa convicción nació la Fundación AMAH. El 4 de diciembre de 2021, junto a su esposo y otra pareja amiga, creó esta asociación civil sin fines de lucro dedicada a acompañar a personas con enfermedades oncológicas avanzadas en situación de vulnerabilidad. Hoy la fundación cuenta con decenas de voluntarios y tres programas activos: acompañamiento telefónico, visitas domiciliarias y trabajo articulado en hospitales.

La historia de Analía Duo es la de una mujer que transformó el dolor en cuidado, la pérdida en presencia y la vocación en acción concreta. Acompañar, amar y sostener hasta el último respiro se volvió no solo su profesión, sino su forma de estar en el mundo.