Actor y trotamundos, sus hijos hacen "homeschooling" para poder acompañar la vida familiar. Vuelve al teatro con un unipersonal que llevó por todo el planeta y armó una banda de rock and roll.
Cada instante en este plano le saca una sonrisa a Facundo Arana. Pero “este plano” no es un encuadre que espera señal de acción para dar lugar a la siguiente toma. Es, más bien, la secuencia de un generoso presente -y devenir- que el actor y músico argentino abraza en un loop de gratitud eterna.
“Me di cuenta que así comas arroz toda tu vida, si tu alma está sonriendo sos la persona más feliz del mundo”, suelta, con la misma sonrisa que se deja descifrar al teléfono. Mientras la ventanilla de un auto en movimiento, camino a casa, le regala postales porteñas del primer sábado soleado primaveral.
“Es mágico estar haciendo una obra que no me hubiera atrevido a soñar tanto. Pero soñar tan fuerte hace que las cosas se vayan dando solas”, se responde Facundo Arana, con más de 10 años en cartel con En el aire. Unipersonal que conoció las vidrieras del mundo y tras una vuelta fugaz a Montevideo “a pedido del público”, reestrena los jueves de octubre y noviembre en Paseo La Plaza.
“Yo la presento como la obra más linda del mundo y es presuntuoso decirlo, pero llegó al podio. Es una aplanadora maravillosa que cuenta algo universal, actual y real”, dice sobre la pieza que abrió frontera en España, Israel, Paraguay y va camino a Perú.
Pero su carnet de viajero frecuente no descansa: echar anclas no es una acción que defina al popular artista y aventurero serial. “Me vuelve loco viajar por el mundo con mi arte. Y se abrió un universo que no me canso de recorrer”, enuncia motivado.
-A esta altura, ya sumaste muchas millas...
-Es que imaginate estar viajando con tu arte y para escalar montañas. Nada nunca me detuvo. Y vas con las manos en señal de no querer molestar a nadie. Entonces todas las fronteras se abren, todas.

Facundo Arana. En este momento, el actor tiene tres programas al aire en Israel: "Muñeca brava", "Sos mi vida" y "Padre Coraje".
-¿Eso te hace sentir un poco ciudadano del mundo? ¿Un trotamundos de raza?
-Sí, y me hace bien. Porque nunca en mi vida voy a entender las fronteras. No le doy pelota. Y tenemos un país tan grande... Vas a Tucumán y tienen su tonada, vas a Salta, Jujuy, lo mismo. Más al norte te vas, más escuchas el cantito y es maravilloso. Poder cruzar el charquito entre nosotros y el Uruguay. Hasta fui con mi arte a tocar a Rusia, imaginate... También Israel.
-¿Allá sos como Natalia Oreiro en Rusia?
-Natalia misma es allá como Natalia en Rusia. Natalia se ocupó de mantener viva toda esa llama y los que compartimos algún programa con ella fuimos absorbidos por ese cometa Halley que es Natalia. En este momento estamos al aire en todos los canales de Israel con Muñeca brava, Sos mi vida y Padre Coraje. Mirá si en el año "99, con Muñeca..., me hubiera imaginado este 2023. No me hubiera imaginado ni que iba a estar vivo.
-Solés coleccionar recuerdos de cada rincón que visitás y hasta repartiste piedritas de tu travesía en el Everest.
-Ya me quedan tres de esos guijarros que me traje de la pre cumbre del Everest. Y cada vez que se lo di a alguien y le dije la historia, no sabes la dimensión que toma a esta distancia, después de semejante aventura. De Budapest me traje un sinfín de recuerdos, pero sobre todo, amigos para siempre. Esas amistades lindas, las de verdad.
Naturaleza.
"Yo me iba a escalar el Ama Dablam. Y, de golpe, se suspendió, por mi rodilla que no me permite ir a pararme a la montaña, de 7 mil metros en este caso, que es una que está al ladito del Everest.
-¿Para cuándo lo pospusiste?
-Iba a ir con Tomás Ceppi y ahora nos queda pendiente para adelante. Me lastimé el ligamento colateral derecho, en enero, haciendo Los 39 escalones y subestimé la lesión. Y aunque me puse a trabajar inmediatamente para recuperarme, estoy en un 90 por ciento, pero no alcanza. Porque cuando subo la escalera siento el pinchacito.
Me preparé un año, pero cuando no se puede, más vale darse cuenta. Porque un problema en la rodilla ahí arriba, te puede costar la vida. La montaña no te lo sabe perdonar.