El dúo de hermanos Joaquín y Lucía Galán brilló en el Movistar Arena con su renovado show "Noticias del amor".Aquí fusionan la música popular con el teatro, un estilo que revolucionó la balada romántica en los años 80.
Afuera cae una leve lluvia y el clima no podría ser más dramático y perfecto para lo que está a punto de suceder. Adentro, el Movistar Arena late con impaciencia. Las luces se apagan y suena el instrumental de Vivir sin ti no puedo con un melancólico aire a vieja telenovela. La inmensa pantalla que ocupa todo el escenario se enciende simulando fragmentarse en pequeños televisores antiguos que muestran imágenes de parejas besándose. El título de la noche se revela brillante: Noticias del amor. Entran Lucía y Joaquín Galán, la ovación es total y el espectáculo, una vez más, comienza.
Con casi 45 años de trayectoria sobre sus espaldas, el icónico dúo Pimpinela regresó a Buenos Aires para dar cierre a su gira con un espectáculo renovado que, no por casualidad, este 2026 se alzó con el Premio Estrella de Mar al Mejor recital y el Estrella de Mar de Oro. Se trata de una propuesta teatral que invita a reflexionar sobre cómo se transformaron los vínculos amorosos a lo largo de las últimas décadas. ¿El amor de antes era mejor o nos pusimos más exigentes? Esa fue la premisa que flotó en el aire durante toda la noche.
Respaldados por una banda que los acompaña en todo momento con guitarra, bajo, batería, teclado, percusión y cuatro coristas y bailarines, los hermanos se apropian de cada rincón del escenario.
Fieles a su estética, vistieron sus clásicos trajes oscuros; Joaquín, a sus 71 años, mantiene su inconfundible porte y elegancia con sus trajes negros y algunos brillos, mientras que Lucía mantiene colores sobrios entre el negro y en un momento, un saco blanco con sutiles brillos.

Lo que deslumbra no es solo el impecable e imponente caudal de voz de la soprano, capaz de hacer lo que quiere con sus notas, sino la entrega actoral de ambos. No cantan: interpretan, dialogan y viven cada estrofa, recuperando ese sello teatral que los volvió un dúo icónico al fusionar la música popular con el teatro, un estilo que revolucionó la balada romántica en los años "80 y mantiene su esencia.
El hilo conductor del show apela a la nostalgia y juega con el humor y la ironía. Entre bloques, las pantallas proyectan un Noticiero del amor donde los hermanos actúan como presentadores televisivos, viajando década a década.
Comienzan en los "60, y a medida que avanza el tiempo, van evolucionando sus personajes: Joaquín encarna al hombre que lentamente intenta deconstruirse a base de humor y contradicciones, mientras que Lucía refleja el creciente empoderamiento y la libertad de la mujer hasta llegar a un nuevo milenio donde la amenaza es ser reemplazados por la Inteligencia Artificial. La moraleja triunfa: la humanidad y el amor son irreemplazables.

Uno de los picos más altos de teatralidad llegó con La dueña de la noche. Joaquín ofició de narrador para contar la historia real de una vecina de cuando ellos eran chicos y vivían en el barrio de Villa Urquiza, quien ante las largas ausencias de su marido, enloqueció de celos y terminó asesinándolo.
Lucía apareció en escena vestida con un camisón blanco, brindando una performance dramática desgarradora. Mientras las pantallas simulaban relámpagos, manchas de sangre y rejas de cárcel, Joaquín, fuera de escena, hacía la perturbadora voz en off de la conciencia de la asesina. Una obra de suspenso en tres minutos.
Ese hilo de engaños y pasiones extremas continuó tejiéndose durante toda la noche. A lo largo del show, el repertorio incluyó clásicos como A esa, Por ese hombre y Hay amores que matan que movilizaron al público. Cada canción funcionó como una escena independiente y los acompañaron sus respectivos videoclips de fondo: sonaron verdaderas perlas como Traición, Esto no es amor, La telenovela, Yo que soy y Mi vida, siempre enlazadas por esos diálogos y relatos de pareja que mantienen intacta la fórmula del dúo.

Pimpinela es, ante todo, un puente hacia las emociones cotidianas. "El amor de antes era distinto. Ahora es más frío, antes se mandaban cartas", comentaban Marisa y Carmen, dos amigas que se juntaron para asistir al show y reflexionaban sobre el amor.
Como dándoles la razón, los hermanos revelaron que sus propios padres estuvieron cuatro años mandándose cartas desde España a la Argentina antes de conocerse. Esa añoranza cristalizó en el momento más emotivo de la noche: la interpretación de El amor no se puede olvidar, dedicada a las ausencias y, muy especialmente a su madre, quien justo ese 9 de octubre hubiera cumplido 103 años.
Pero también hubo lugar para la fiesta. En un momento de la noche montaron una enorme mesa sobre el escenario para cantar La familia, invitando a amigos y fans a subir, simulando el típico "encuentro familiar" de un domingo e hicieron que todo el Movistar Arena alzara sus copas imaginarias en un gran brindis colectivo.

Desde sus asientos, Marcelo Polino, Yanina Latorre, Carina Zampini y Eugenia Tobal, se sumaron a la fiesta como unos fanáticos más. Tobal, quien además protagoniza el videoclip La trampa, junto a Osvaldo Laport, subió al escenario a acompañar a los hermanos y admitió que los "admira mucho y son parte de mi familia".
El público no fue un mero espectador; también fue sanado por la música. Luana, una fan de El Palomar buscando pareja, y Maximiliano, de Belgrano, felizmente enamorado, subieron al escenario cuando Lucía preguntó: "¿Hay alguien que se anime a contar su historia de amor?...". "O desamor", sumó Joaquín. Junto a los hermanos, interpretaron Se va, se va, decretando la canción como una pócima infalible para aliviar penas y atraer buenos amores.
El Movistar vivió su instante de melancolía absoluta con temas como Cuando lo veo y Lloro. Pero hacia el final, faltaba lo que todos, desde los adolescentes que acompañaban a sus padres hasta los fans históricos, fueron a buscar.

Con la complicidad de siempre, Lucía se paró frente al público y preguntó pícara: "¿El tema lo quieren con pelea o sin pelea?". Al unísono, el estadio gritó: "¡Con pelea!". Así estalló el tramo final con Me engañaste, me mentiste y el inolvidable Olvídame y pega la vuelta. Mujeres y algún que otro hombre, un poco tímido, se levantaron de sus butacas, alzando los brazos al cielo, gritando y exorcizando viejos desamores.
Ya con Lucía deslumbrando en un vestido de lentejuelas, el show cerró con Cuánto te quiero bajo una lluvia incesante de papeles de colores. Los artistas se despidieron, pero la magia ya estaba instalada.
La gente se negaba a abandonar el recinto y demoraron algunos minutos jugando y sacándose fotos bajo el confeti que aún flotaba en el aire. Habían entrado buscando repasar las noticias del amor y encontraron en Pimpinela la certeza de que la pasión se sigue cantando a gritos. Los hermanos se preparan para su último show el 18 de octubre, el Día de la Madre, en el Movistar Arena, para cerrar su gira.
(9).png)
El periodista le dedicó un mensaje llamativo en las redes sociales a su hija, quien suma seis meses cumpliendo con prisión domiciliaria. Qué le escribió y por qué.