En una licitación que sorprendió al mercado, el Gobierno colocó el 59% de los títulos con vencimiento posterior a las elecciones. Hubo alta demanda, tasas a la baja y un marcado cambio de clima financiero en apenas dos semanas.
Para el ministro de Economía, Luis Caputo, la última licitación del Tesoro tuvo sabor a revancha. No solamente se registró una demanda muy alta por parte de los inversores, sino que además el 59% de las colocaciones se realizaron en títulos que vencen después de las elecciones, un escenario que hasta hace apenas dos semanas parecía improbable debido al sobrestock de papeles de mediano y largo plazo que señalaban los bancos.
Hasta el mes pasado, la estrategia oficial se había concentrado estrictamente en instrumentos de corto plazo. Desde la secretaría de Finanzas, conducida por Federico Furiase, se justificaba este enfoque apuntando a la alta tasa de interés en el tramo largo de la curva -influenciada por el contexto internacional tras la suba de tasas de la Reserva Federal- y a una menor predisposición de los bancos a exponerse a deuda de largo plazo.
Sin embargo, los argumentos oficiales no cerraban en todo el mercado. Economistas y consultoras, como el caso de 1816, atribuían las turbulencias previas a un contagio de los bonos dolarizados y a ciertas dudas sobre la continuidad del flujo de divisas, en un contexto donde corporaciones y provincias emitieron deuda por 17.200 millones de dólares en menos de un año.
El clima financiero dio un vuelco en cuestión de quincenas. El Banco Central casi cuadruplicó su ritmo de compras diarias de divisas y el mercado de pesos evidenció una fuerte inyección de liquidez, reflejada en una oferta de inversores un 30% superior a lo que finalmente tomó el Tesoro (alrededor de 2,9 billones de pesos ofrecidos frente a los 2,7 billones colocados).
El menú presentado por el Palacio de Hacienda constaba de cuatro bonos, de los cuales solo uno apuntaba al cortísimo plazo: una Lecap con vencimiento en enero de 2027, que captó 2,7 billones de pesos (el 41% del total) a una tasa efectiva mensual de 2,04%, experimentando una leve baja frente a la licitación anterior.
El gran atractivo -y el principal motivo de festejo oficial- fue el retorno a la estrategia de "extender duration", logrando patear vencimientos más allá del calendario electoral y descomprimiendo los compromisos financieros previos a las urnas. La duration promedio de la cartera emitida trepó a 1,57 años, muy por encima de los escasos meses que venían primando en las emisiones previas.
El asesor financiero Nau Bernues destacó el éxito de la convocatoria: "Se vuelven a alargar plazos en una licitación con un muy buen resultado para el Tesoro. Para los pesos largos, el mercado parece que acepta tomar ese riesgo siempre que vengan con algún ajuste atrás". El especialista remarcó además que la cobertura cambiaria resultó más barata: el título dual TAMAR/dólar-linked con una TIREA de 4,35% mostró un abaratamiento sustancial frente a las tasas de septiembre (que rondaban el 7,4%), coronando una plaza cómoda donde se cubrieron vencimientos con margen y a menor costo.
En la misma sintonía, Belisario Alvarez de Toledo, directivo de la firma Grit, apuntó que el resultado fue el óptimo bajo el actual escenario de tasas internacionales elevadas. "Las condiciones de liquidez se deberían mantener exigentes y el tipo de cambio tranquilo, premiando a los que acumulen deuda larga en pesos fondeados con dólares, pero no tanto los que financian las posiciones con deuda en pesos", concluyó el analista.