El saldo comercial podria acercarse a u$s30.000 millones este año. Con abundancia de billetes verdes, el Gobierno pretende asegurarse la calma financiera
La foto de la economía habilita la siguiente cuestión: ¿Cómo saldrían las elecciones si fueran hoy? ¿Qué premiaría la sociedad? ¿La estabilidad cambiaria y la baja de la inflación? ¿O castigaría el estancamiento de las actividades en las mayores dadoras de empleo e ingresos?
Falta todavía algo más de un año para saberlo, pero hoy lo relevante es que el gobierno de Javier Milei le puso todas las fichas a la estabilidad y previsibilidad cambiaria y a la desaceleración inflacionaria.
Por ahora no hay una apuesta masiva al repunte de los sectores más castigados por la transición. Al menos es así en estos momentos, más allá de los intentos reactivadores de las últimas semanas, como la salida de créditos hipotecarios fondeados con recursos de la Anses.
Por lo pronto, lo que también aparece es un flujo de divisas pocas veces vista en la Argentina. Un escenario que refuerza lo dicho.
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El libertario Agustín Coto convocará a la Comisión de Asuntos Constitucionales a continuar con la discusión que propone la Casa Rosada. Amplió el temario y sumó una iniciativa del PRO y otra de Chubut sobre primarias de voto voluntario.
La solidez del frente externo se convirtió en el verdadero motor de Luis Caputo: el saldo comercial de bienes proyectado para este 2026 apunta a por lo menos u$s25.000 millones, estimado en el último relevamiento del BCRA entre consultoras de la City, que trepa a un récord histórico de u$s28.300 millones, de acuerdo a la proyecciones de Miguel Angel Broda.
La comparación histórica es sumamente elocuente: en 2023 la balanza comercial de bienes arrojó un preocupante déficit de u$s6.925 millones, que logró revertirse en 2024 con un superávit de u$s18.928 millones, y que en 2025 se ubicó en u$s11.320 millones.
El saldo proyectado para este año podría mostrar un incremento interanual del 150%, otorgando al Banco Central un oxígeno inédito para aplacar las presiones cambiarias.
La clave hay que buscarla en el salto exportador, proyectado en u$s101.300 millones, frente a los u$s87.111 millones de 2025.
En contraste, las importaciones mostrarán una caída de 3,7%, pasando de u$s75.791 millones en 2025 a u$s73.000 millones en 2026. Esta contracción de compras evidencia el enfriamiento interno, pero resulta plenamente funcional para acumular reservas.
El "viento de cola" internacional y commodities en alza
El contexto externo está jugando decisivamente a favor de Argentina. Las tensiones geopolíticas globales generaron un fuerte repunte en las materias primas. El conflicto bélico entre EE.UU. e Irán, desatado a fines de febrero, impulsó rápidamente los valores de los commodities.
El crudo Brent cotiza en u$s99 el barril (+50,8% acumulado en el año). Los granos repuntaron con fuerza alcanzando máximos en cuatro años: la soja en Chicago escaló a u$s481 la tonelada (+25,7% acumulado), el aceite de soja a u$s1.596 (+49,4%); el trigo a u$s287 (+53,1%) y el maíz a u$s215 (+23,8%), debido a los riesgos en las exportaciones del Mar Negro y a una oferta global sumamente ajustada.
El perfil exportador confirma que el crecimiento está fuertemente concentrado en sectores primarios, mientras que el mercado interno sufre por el enfriamiento de la demanda.
Para tener una idea del mapa exportador de este año, el agro lidera con exportaciones proyectadas en u$s41.980 millones, un 15% más que en 2025.
El complejo sojero aportará u$s20.780 millones, el maíz crecerá 44% (u$s9.400 millones) y el trigo aumentará 29% (u$s4.200 millones).
Combustibles y energía saltarán 57%, pasando de u$s11.100 millones en 2025 a u$s 17.400 millones proyectados. Su superávit será de u$s14.060 millones, duplicando los u$s7.829 millones previos, gracias al crudo que aportará u$s11.930 millones vs u$s6.716 millones en 2025.
Al precio de ayer, los ingresos por las exportaciones de crudo podrían crecer 15% adicionales.
La minería saltará 48% anual hasta u$s9.000 millones, liderada por el litio que trepará 129% (a u$s2.581 millones).
Economía partida: inflación y dólar planchados, pero el consumo no repunta
La contracara de este boom exportador de commodities es la economía del consumo interno.
La reactivación real es más lenta de lo previsto por el Gobierno, que estimaba +5% del PIB para este año. En el último relevamiento del BCRA, las consultoras bajaron drásticamente la proyección a un modesto +2,1%.
Esta brecha refleja una economía dual: vuelan los sectores primarios (energía, minería, agro y carnes), mientras la industria manufacturera, el comercio y la construcción se estancan o caen en términos reales.
De acuerdo al Indec, la industria se contrajo 5% en julio con relación a junio y se contrajo 4,9% en comparación con julio del año pasado. El sector acumula una caída del 2,6% en los primeros siete meses del 2026.
La debilidad fabril también se ve en las importaciones no energéticas, que bajarán 3,9%, señal de que la demanda de insumos para la producción interna sigue demorada.
En el caso de la construcción, se informó una baja del 4,6% en la variación julio-junio desestacionalizada y una retracción del 4,5% en la variación interanual.
La estrategia política: paz cambiaria electoral y dólar de ancla
Para Caputo, la prioridad absoluta es la desinflación antes que acelerar la actividad de consumo. Con una balanza comercial tan abultada, el Banco Central tiene espalda suficiente para mantener controlado el dólar mayorista en torno a los actuales $1.512.
Esta pax cambiaria garantiza la caída inflacionaria. Un objetivo central de la administración Milei.
El plan sigue firme: los dólares de Vaca Muerta, el agro y el litio financian el ancla cambiaria para hundir la inflación, esperando que la reactivación se concrete antes de ir a las urnas. Es la apuesta de Caputo para sostener el rumbo económico y político del país.
Fuente Iprofesional