Las principales cadenas habilitan opciones de pago extendido y promociones buscando captar parte del ingreso extra de mitad de año
Las cadenas de supermercados atraviesan un escenario de consumo débil que se viene arrastrando desde hace tiempo y que, lejos de revertirse en 2026, terminó consolidando una tendencia negativa. Aunque el inicio del año había generado cierta expectativa de recuperación, los resultados posteriores fueron desalentadores.
Fuentes del sector señalan que mayo volvió a cerrar en baja y que esa dinámica se mantuvo durante la primera parte de junio, sin señales claras de mejora en el comportamiento de las ventas.
En ese contexto, los supermercadistas apuestan ahora a la segunda mitad del mes, con la mirada puesta en el impacto del aguinaldo como posible motor de consumo. La estrategia se centra en captar ese ingreso adicional de los hogares mediante fuertes promociones y ofertas que incentiven compras postergadas.
Sin embargo, en la industria reconocen que el escenario es más complejo de lo esperado. A la caída del consumo se suma un nivel de morosidad elevado en muchas familias, lo que genera una competencia directa entre destinar el dinero extra al gasto cotidiano o al pago de deudas con bancos y fintech.
Ante este panorama, las grandes cadenas preparan una batería de promociones para intentar reactivar el movimiento en las góndolas. Entre las principales medidas se destacan planes de financiación en cuotas que van de 12 a 18 pagos fijos, con tasas reducidas o en niveles cercanos a la inflación proyectada. También se analizan descuentos agresivos en electrodomésticos pequeños y promociones tipo 2x1.
Además, el sector apunta a aprovechar fechas comerciales y eventos masivos para impulsar la venta de productos durables, especialmente en rubros como tecnología y electrodomésticos.
Los datos oficiales reflejan la fragilidad del consumo. De acuerdo con la Encuesta de Supermercados del INDEC, las ventas de abril de 2026 mostraron una caída interanual del 3,7%, mientras que el ticket promedio, aunque en aumento nominal, no logra compensar la pérdida de poder adquisitivo real.
El financiamiento sigue siendo clave en las compras: más del 40% de las operaciones se realizan con tarjeta de crédito, seguido por débito y otros medios electrónicos. Al mismo tiempo, el sector también muestra señales de ajuste en el empleo, con una leve reducción del personal ocupado.
En paralelo, distintos estudios privados describen un consumo cada vez más defensivo. Los hogares priorizan el gasto esencial, planifican con mayor precisión y reducen la frecuencia de compra, en un intento por estirar el presupuesto mensual.
Ese cambio de hábitos también modificó la dinámica del mercado. Crecen los canales de cercanía y autoservicios, donde las compras son más puntuales y controladas, mientras que el formato de supermercados tradicionales depende cada vez más de las promociones para sostener el volumen.
El comercio electrónico, por su parte, continúa ganando terreno con nuevos consumidores que reemplazan parte de sus compras presenciales por plataformas digitales, consolidando un cambio estructural en la forma de consumo.