Economía & Negocios

El plan de Milei para blindar la economía del ruido político: superávit, dólar estable y rebote económico

Aunque recrudecieron las tensiones en el oficialismo y los salarios siguen corriendo detrás de los precios, hay algunas señales positivas. El FMI aprobó la revisión de metas y liberará otros US$ 1000 millones, mientras el Banco Central sigue comprando dólares.

Sabado, 23 de Mayo de 2026
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El Gobierno consiguió mantener el superávit fiscal y financiero pese a la caída de la recaudación. El FMI aprobó la revisión de las cuentas públicas y liberará para la Argentina otros US$ 1000 millones. El Banco Central, por ahora, no levantará el cepo para las empresas y ya compró casi US$ 8800 millones en los primeros cinco meses del año. Javier Milei anunció además una baja de retenciones para el campo y la actividad económica mostró en marzo una recuperación de 5,5% interanual.

Todas esas medidas y resultados, aun con matices, son consecuencia de una decisión que el Gobierno mantiene desde el inicio de la gestión: sostener un control férreo del gasto público. Es un compromiso que Milei asumió con el FMI y que cumple incluso a costa de postergar pagos de deuda flotante. El objetivo es preservar dos pilares que el oficialismo considera inamovibles: el superávit fiscal y la estabilidad cambiaria.

El plan económico avanza, aunque con zonas grises como la lenta recuperación del poder adquisitivo. Y, tal vez por primera vez en la Argentina, parece moverse sin quedar condicionado por el ruido político.

Durante la semana escaló la interna oficialista. No fue un enfrentamiento con la oposición sino una pelea dentro del propio Gobierno, expuesta a cielo abierto. Una fractura que dejó al descubierto tensiones de poder.

La gestión política ya venía afectada por las derivaciones del caso de Manuel Adorni. Resulta difícil entender por qué Milei decidió soportar las críticas por no desplazar de inmediato a su jefe de Gabinete y todavía más difícil comprender la demora en la presentación de su declaración jurada. Patricia Bullrich, que semanas atrás había cuestionado públicamente esa situación, se adelantó y presentó la suya. Otro gesto para marcar diferencias dentro del oficialismo.

A eso se sumó el conflicto entre Santiago Caputo y Martín Menem. Se trata de una disputa interna más, aunque esta vez con exposición pública. Hace una semana, el asesor presidencial publicó un mensaje dirigido contra el presidente de la Cámara de Diputados. Hubo respuestas, cruces y acusaciones. Con el correr de los días, Milei intentó equilibrar la situación: sostuvo que Caputo es "su hermano del alma" y al mismo tiempo elogió la tarea de Menem al frente de Diputados.

La pelea, sin embargo, continuó. Los "celestiales" acusaron a Menem de haber engañado al Presidente. Luego, el tercero en la línea de sucesión presidencial buscó bajar la tensión al señalar que estos conflictos se resuelven "dentro del vestuario" y que el entorno de Caputo no debería subestimar a Milei.

Esta semana no se reunió la mesa política del oficialismo. Pero el martes próximo Menem y Caputo volverán a verse cara a cara.

Dos mundos paralelos

Hay distintas maneras de interpretar estas guerras digitales. El filósofo español Daniel Innerarity sostiene que los conflictos virtuales tienen un aspecto positivo: quedan confinados al plano simbólico y excluyen la violencia física. Hay capturas de pantalla, hashtags, posteos y ataques cruzados, pero no golpes ni sangre. "Es una interna de metaverso", define un senador aliado del oficialismo.

Sin embargo, existe otra lectura, igual de pertinente: ese clima genera ruido político, distrae de la gestión, paraliza la agenda de gobierno y termina opacando cualquier iniciativa. Un proyecto tratado en el Congreso, una inversión o incluso la aprobación del FMI quedan relegados por la pelea interna.

La verdadera novedad, por ahora casi inadvertida, es que ese ruido político no parece trasladarse a la economía.

El modelo económico luce inmune a las disputas internas y mantiene su propia dinámica. Las oscilaciones que puedan verse en el riesgo país o en la Bolsa tienen más relación con movimientos internacionales o, en todo caso, con el todavía lejano riesgo electoral que representa el peronismo.

También Mauricio Macri criticó esta semana al Presidente. Dijo que Milei "se siente un profeta" y cuestionó su intolerancia. Pero tampoco hubo impacto visible en el modelo económico. Lo mismo ocurrió cuando Unión por la Patria, la izquierda y el socialismo intentaron frenar en Diputados la sesión sobre Zonas Frías para introducir el debate por la interpelación de Adorni. El intento no prosperó.

Por ahora parece distante la posibilidad de que el peronismo logre un liderazgo unificado y fuerte, el único escenario que el mercado considera potencialmente capaz de alterar el rumbo económico. A diferencia de la tensión que domina la cima del poder político, en el Ministerio de Economía y en el Banco Central prevalece una lógica más prudente.

Menos motosierra, más recaudación

El ministro de Economía, Luis Caputo, empieza a advertir que el margen para profundizar el ajuste es cada vez menor. Seguir generando superávit exclusivamente mediante recortes ya no parece suficiente.

El gasto público representa hoy el 15% del PBI, varios puntos menos que el pico de 24,6% alcanzado en 2020. Con una estructura estatal más reducida, cada nuevo recorte produce un impacto menor. Además, dentro del oficialismo también entienden que la motosierra ya no tiene el mismo efecto simbólico que en 2023. Entonces predominaba la expectativa; ahora aparece un mayor cansancio social, incluso entre quienes apoyan el programa económico.

Es probable que Milei conserve fortaleza electoral, pero también que necesite construir un discurso diferente al de hace cuatro años. El desafío, ahora, es crecer y recaudar más.

Durante la semana, Milei volvió a defender el rumbo económico en exposiciones realizadas en el Malba y en una universidad privada. Ratificó que el desarrollo económico no depende del Estado sino de los empresarios, que ahora -según dijo- pueden acceder a financiamiento más barato.

También sostuvo que no forma parte de la filosofía del Gobierno intervenir para "calibrar precios". Y volvió a diferenciarse de Macri, a quien criticó por no haber realizado el ajuste fiscal desde el comienzo de su mandato.

La recuperación empezó a mostrar señales

Mientras continúa el ajuste, empiezan a aparecer algunos datos económicos alentadores, aunque todavía desiguales.

Las exportaciones alcanzaron un récord de US$ 8914 millones.

Los salarios volvieron a perder contra la inflación en marzo. Según el Indec, los ingresos del sector registrado -privado y público- crecieron 7% promedio en el primer trimestre, frente a una inflación acumulada de 9,4%. También quedaron por debajo en la comparación interanual.

Sin embargo, marzo mostró un cambio parcial: los salarios del sector público, el segmento más golpeado, crecieron 5% y comenzaron a recuperar parte de lo perdido en el último año. Aun así, el salario disponible sigue presionado. Un estudio de la UBA-Conicet indicó que entre abril y mayo el costo de la canasta de servicios públicos subió 17%, impulsando los gastos fijos de los hogares.

La desaceleración de la inflación minorista sigue siendo uno de los datos más favorables. El índice marcó 2,6% y el Gobierno estima que este mes podría cerrar cerca de 2,2%. Pero el alivio convivió con un salto en la inflación mayorista, que trepó a 5,2%, más del doble de la inflación minorista.

Caputo atribuyó esa suba al impacto internacional del petróleo y sus derivados, como combustibles, aceites y plásticos. Según explicó, descontando ese efecto, la inflación mayorista habría sido de 1,1%.

La incógnita es cuánto de ese aumento trasladará la industria a los precios minoristas. Por ahora, el traslado aparece limitado por una demanda que todavía no termina de reaccionar.

El dato más relevante de la semana fue la recuperación de la actividad económica: creció 5,5% interanual y 3,5% respecto de febrero, mes en el que había caído 2,1%. La mejora alcanzó a todos los sectores, incluida la industria, que avanzó 4,6%.

Marzo y abril dejaron además otros indicadores positivos. En febrero volvió a crecer el empleo registrado tras ocho meses de caída. En marzo aumentó la utilización de la capacidad instalada de las empresas, que llegó a 59,8%, cinco puntos por encima del mismo mes de 2025. El Índice de Producción Manufacturera subió 5% interanual y la construcción avanzó 12,6%.

La inflación minorista de abril fue de 2,9% y las proyecciones oficiales ubican la de mayo entre 2,1% y 2,5%.

La pregunta sigue siendo la misma: ¿el bolsillo llega más holgado a fin de mes? Por ahora, para muchos sectores la respuesta todavía es negativa. Pero una sucesión de datos positivos como la que empezó a insinuarse en los últimos meses puede modificar gradualmente las expectativas sociales.

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