El balón oficial del certamen se convirtió en el gran protagonista de la clasificación portuguesa tras detectar un roce imperceptible en el minuto 112. Las claves del sistema de medición que envía datos a los árbitros 50 veces por segundo.
El desenlace de la fase de grupos de la Copa del Mundo de la FIFA deparó un hito donde la precisión tecnológica sustituyó de forma inapelable a la apreciación humana. En el epílogo del electrizante duelo entre Portugal y Croacia, el colegiado noruego Espen Eskas abrió el camino de la polémica al anular el gol del empate croata en el minuto 112 de adición, una determinación respaldada de forma matemática por el chip de alta frecuencia integrado en las entrañas de la pelota oficial del torneo, denominada Trionda.
La jugada, que representaba el agónico 2-2 y la consiguiente prórroga, presentaba un desafío visual imposible para las cámaras de televisión tradicionales en la transmisión oficial. La asistencia tecnológica determinó que el delantero Igor Matanovic había llegado a peinar levemente el balón en su trayectoria, dejando al defensor Josko Gvardiol en posición adelantada, un contacto milimétrico que solo pudo comprobarse mediante el software de análisis espacial.
La arquitectura técnica de este implemento se sustenta en una unidad de medición inercial (sensor IMU) alojada en el interior de uno de los cuatro paneles estructurales del balón. Este dispositivo recopila variables cinéticas de cada impacto y las retransmite de forma inmediata a la sala del VAR, traduciendo los roces de la superficie en un gráfico de ondas lineales de apariencia similar a un latido cardíaco, que se dispara verticalmente ante la mínima perturbación del cuero.
Esta tecnología, que registra antecedentes de uso desde la Copa del Mundo de Qatar 2022, reviste una paradoja histórica para la figura del delantero Cristiano Ronaldo. En el certamen asiático, el sensor de la pelota Al Rihla determinó de forma oficial que el astro luso no había rozado un centro de Bruno Fernandes frente a Uruguay, despojándolo de una autoría que el atacante ya había festejado; en esta oportunidad, la misma precisión blindó la victoria 2-1 del combinado de Roberto Martínez.
El encuentro se configuró como un verdadero banco de pruebas para el denominado Sistema de Tecnología Semiautomatizada para la Detección del Fuera de Juego. Este andamiaje logístico opera mediante el despliegue de 16 cámaras de alta velocidad instaladas en el anillo del estadio, configuradas para registrar la posición exacta de los futbolistas 50 veces por segundo y mapear de forma digital 29 puntos de datos críticos de la anatomía de cada jugador.
La rigurosidad de este algoritmo debió intervenir en tres ocasiones críticas a lo largo del cotejo internacional, anulando previamente un tanto por fuera de juego al propio Cristiano Ronaldo cuando los lusos caían por la mínima diferencia, y desestimando posteriormente una conquista del mediocampista croata Petar Sucic. Con la certificación del triunfo en el bolsillo, Portugal selló su pasaporte a los octavos de final del Mundial, llave donde deberá medirse con España.