Una investigación con participación de la Universidad de Oxford encontró cambios epigenéticos en muestras obtenidas antes de la aparición de tumores de mama o próstata.
Un estudio pionero, con participación de la Universidad de Oxford, ha identificado marcadores moleculares de cáncer en la sangre hasta ocho años antes del diagnóstico clínico. Esta investigación, publicada en la revista Cell Genomics, revela cambios epigenéticos en muestras sanguíneas que preceden la aparición de tumores de mama y próstata, ofreciendo una nueva perspectiva para la detección temprana de la enfermedad.
El hallazgo, liderado por científicos británicos y canadienses, no constituye un diagnóstico definitivo de cáncer, sino un indicador de riesgo. El estudio analizó muestras de sangre de 491 participantes del Ontario Health Study, concentrándose en la metilación del ADN, pequeñas marcas químicas que regulan la actividad genética sin alterar la secuencia del ADN. Comparando perfiles de quienes desarrollaron cáncer con quienes no, se identificaron patrones vinculados al desarrollo posterior de cáncer de próstata y mama.
Las señales fueron particularmente precisas para el cáncer de próstata, identificando individuos de alto riesgo entre cinco y ocho años antes del diagnóstico. Los cambios se localizaron en regiones del ADN denominadas silenciadores, que normalmente desactivan genes. Este avance es crucial, dada la ausencia de un programa de cribado poblacional generalizado para este tipo de cáncer. Los autores sugieren que, con validación futura, esta prueba podría guiar controles más rigurosos en individuos de alto riesgo.
Para el cáncer de mama, aunque también se encontraron diferencias, la capacidad de clasificación fue menor, lo que indica que, por ahora, complementaría la evaluación individual de riesgo, en lugar de reemplazarla.
Esta técnica se enmarca en las llamadas biopsias líquidas, que buscan rastros moleculares de tumores en la sangre. A diferencia de las aplicaciones actuales que se usan post-diagnóstico, este método busca anticipar la enfermedad. Philip Awadalla, autor principal del estudio, destaca que esto permite "ver los cánceres en estadio 0 o incluso antes", cuando la prevención o el tratamiento son más efectivos.
Los investigadores recalcan que una señal de alto riesgo no es equivalente a un diagnóstico de cáncer. Es necesario determinar si estos patrones provienen de tumores microscópicos ya existentes o si expresan cambios biológicos que aumentan la probabilidad de desarrollo futuro de la enfermedad. Esta distinción es clave para el uso eventual de la prueba, ya sea para adelantar la detección o para identificar a quienes requieren vigilancia personalizada. La aplicación de estos análisis debería integrarse con otros factores de riesgo y controles recomendados.
El próximo paso es un ensayo clínico prospectivo para corroborar la eficacia del método en diversas poblaciones y desarrollar tecnologías que hagan los análisis más precisos y accesibles. Awadalla vislumbra un enfoque integral de estratificación de riesgo que complemente, no sustituya, las herramientas de cribado existentes, para mejorar la vigilancia de pacientes de alto riesgo. La investigación fue financiada por el Ministerio de Universidades y Colegios de Ontario y sus resultados representan un avance prometedor en la detección temprana del cáncer.