Un deslumbrante catálogo retoma décadas de observaciones en rayos X combinadas con telescopios especiales y terrestres para desentrañar la evolución del universo.
La NASA difundió una nueva colección de 16 imágenes de galaxias construidas a partir de observaciones realizadas durante años por distintos telescopios espaciales. Los científicos denominaron a estas formaciones "gemas galácticas" por la variedad de formas, colores y estructuras que presentan.
Las composiciones reúnen información obtenida por el Observatorio de rayos X Chandra junto con registros del James Webb, el Hubble y otros instrumentos. Al combinar datos en rayos X, luz visible e infrarrojo, los investigadores pueden observar diferentes procesos que ocurren dentro de una misma galaxia.
La selección incluye los tres grandes tipos de galaxias utilizados habitualmente en astronomía: espirales, elípticas e irregulares.
Las llamadas "gemas galácticas" están formadas por enormes concentraciones de estrellas, gas y polvo. Su estudio permite reconstruir distintos momentos de la evolución del universo y analizar fenómenos de gran intensidad energética.
Uno de los aportes principales del telescopio Chandra es la detección de gas calentado a millones de grados, que emite rayos X. Estas temperaturas extremas pueden originarse por los vientos generados por estrellas masivas, las explosiones de supernovas o la actividad de agujeros negros supermasivos.
Entre las imágenes seleccionadas aparecen NGC 1672 y NGC 1385, dos galaxias espirales barradas. Estas estructuras poseen una concentración alargada de estrellas en su zona central que puede conducir gas hacia el núcleo galáctico, favorecer la actividad de un agujero negro e impulsar la formación de nuevas estrellas.
También forman parte de la galería la Galaxia de la Ballena, NGC 4631, y la Galaxia del Cigarro, Messier 82. Ambas muestran grandes corrientes de gas caliente que se extienden miles de años luz fuera de sus discos y transportan elementos químicos hacia el espacio circundante.
La recopilación permite observar además galaxias sometidas a fuertes interacciones gravitatorias. Uno de los casos es Arp 143, donde una colisión frontal produjo una estructura similar a un anillo en expansión en el que se generan nuevas estrellas.
Otros sistemas, como NGC 3265 e II Zw 096, presentan procesos de fusión entre galaxias parcialmente ocultos por grandes cantidades de polvo. Estos eventos permiten estudiar colisiones similares a las que fueron frecuentes durante las primeras etapas del universo.
Este tipo de observaciones también aporta información sobre el destino de nuestra propia galaxia, ya que la Vía Láctea y Andrómeda se encuentran sometidas a una interacción gravitatoria que modificará su estructura a escalas de tiempo astronómicas.